a expolitoxicómanos convictos
E. Morricone: La Misión          
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _


viernes, 22 de agosto de 2014

Ser manso y humilde de corazón

 

El falso yo, carente del sustento de la Naturaleza, siempre querrá construirse una identidad: tribus urbanas como los punks, rockeros y rockabillys, mods, heavys,... construidas por marcas, modas, ideologías, culturas, por la distinción social y gregaria, el glamour,... Unas más estéticas, otras más filosóficas, otras de resistencia, otras socio-económicas,... Vanidad de vanidades.

Una identidad es la máscara de un dolor: un vacío, una crisis, una herida emocional, un bloqueo energético,...; que deja soterradamente (como reprimido en el subconsciente) la actitud de queja y autocompasión: la mejor manera de no responsabilizarse de nosotros mismos y de seguir anclados en la inmadurez. Qué es una identidad cristiana? Todo lo que adjetiva como cristiano pierde su esencia.

Quien lleva una máscara piensa que sin ella no es nadie. Es una de esas cosas que la verdad y la mentira están tan mezcladas que parecen una verdad, algo muy propio del padre de la mentira. Se eleva una cáscara a la categoría de esencia con entidad: una idolatría, un dios muerto.

Por una parte, es verdad que sin la máscara se cree ser una piltrafa. La mentira es que eso es una visión del falso yo. Hay que desmarcarse del falso yo y de todas las identidades que quiera adoptar para poder verse como se es: el verdadero yo. La verdad, si es verdad, no duele ni ofende, sino todo lo contrario. La verdad es amor.

La salvación consta de dejarse querer y amar por Quien ya nos ama, como es la Vida, la Naturaleza, el Espíritu de Cristo. Como sabemos, la sanación del Corazón no depende de nuestras planificaciones mentales ni de nuestros esfuerzos para hacer que todo gire a nuestra conveniencia.

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; 'y hallaréis descanso para vuestras almas.'
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 28-30).
Qué grandes virtudes son la mansedumbre y la humildad!

En uso de nuestra libertad, hagamos un acto por el que nos vemos en desnudez, mansedumbre, inocencia y libres del falso yo: ser ofrenda.

Amar a la Naturaleza o a Dios poniéndose en sus manos, ofreciéndose con nuestro dolor, con las penas (daños) de nuestro Corazón que corresponden: un acto de confianza plena. Es un verdadero alivio tomar el yugo de Jesucristo que es el dolor, la cruz, porque descansando en Él nos sana, nos restaura. Haciéndose ofrenda, se descansa tanto que relaja, elimina tensiones, aserena, se calma la tormenta; nuestra consciencia se expande, deja de estar dolorida, toma distancia y puede conocer bien el dolor, interpretar correctamente su lenguaje, contemplar la pena y sus razones, presentarlas a Dios y posibilitar nuestra sanación.

Sí, Dios todo lo sabe y es "más íntimo a nosotros que nosotros mismos" (s. Agustín). Somos nosotros quienes tenemos que llegar a ver y saber, ser honestos sin doblez ni engaño, y mostrárselo en ofrenda. Es la Fe y la humildad que nos pide Cristo para realizar el milagro: la consciencia, el conocimiento propio y la segura confianza en Él.

Ser ofrenda es una auténtica demostración con obras de nuestra Fe: en dios y/o en la Naturaleza, en el Amor. Qué grande es tener en Quien confiar, y más si es el Amor!

Es un muy buen modo de empezar el tiempo dedicado en soledad a la contemplación. Y aprendido, lo podemos repetir durante el día al trabajar, al empezar un partido o al ponerse a leer o escuchar música,...
 

jueves, 21 de agosto de 2014

La nube del no saber │ cap. 70

 
Que así como comenzamos a entender lo espiritual allí donde termina el conocimiento del sentido, de la misma manera llegamos mucho más fácilmente a la altísima comprensión de Dios, posible en esta vida con ayuda de la gracia, donde termina nuestro conocimiento espiritual.


Persevera, pues, penetrando en esta nada que no está en ninguna parte, y no trates de emplear los sentidos de tu cuerpo ni sus percepciones. Repito, no están adaptados a esta obra. Tus ojos están destinados a ver las cosas materiales de tamaño, forma, color y posición. Tus oídos funcionan ante el estímulo de las ondas sonoras. Tu nariz está modelada para distinguir entre los buenos y malos olores, y tu gusto para distinguir lo dulce de lo agrio, lo salado de lo fresco, lo agradable de lo amargo. Tu sentido del tacto te indica lo que es caliente o frío, duro o blando, suave o áspero. Pero, como tú sabes, ni la cualidad ni la cantidad son propiedades que pertenezcan a Dios ni a nada espiritual. Por tanto, no trates de usar tus sentidos internos o externos para captar lo espiritual. Los que se disponen a trabajar en el espíritu pensando que pueden ver, o ́ır, gustar y sentir lo espiritual, interior o exteriormente, se engañan grandemente y violan el orden natural de las cosas. La naturaleza destinó los sentidos a adquirir el conocimiento del mundo material, no a entender las realidades íntimas del espíritu. Lo que quiero decir es que el hombre conoce las cosas del espíritu más por lo que no son que por lo que son. Cuando en la lectura o conversación topamos con cosas que nuestras facultades naturales no pueden escudriñar, podemos estar seguros de que son realidades espirituales.

Nuestras facultades espirituales, por otra parte, están igualmente limitadas en relación al conocimiento de Dios tal como es. Pues, por mucho que el hombre pueda saber sobre todas las cosas espirituales creadas, su entendimiento nunca podrá comprender la verdad espiritual increada que es Dios. Pero hay un conocimiento negativo que sí entiende a Dios. Procede afirmando de todo lo que conoce: esto no es Dios, hasta que finalmente llega a un punto en que el conocimiento se agota. Tal es la postura de san Dionisio, que dijo: "El conocimiento más divino de Dios es el que conoce por el no-conocer.

Quien lea el libro de Dionisio verá confirmado en él todo lo que he venido tratando de enseñar en este libro desde el principio hasta el final. A excepción de esta única frase no quiero citarle más a él ni a ningún otro maestro de la vida interior sobre esta materia. Hubo un tiempo en que era considerado como modestia el no decir nada de tu propia cosecha sin confirmarlo con textos de la Escritura o de otros maestros conocidos. Hoy en cambio, esta clase de cosas se considera una moda vana en los engreídos círculos intelectuales. Por mi parte, no quisiera molestarte con todo esto, ya que no lo necesitas para nada.

El que tenga oídos para oír, que me oiga, y el que se sienta movido a creerme, que acepte con sencillez lo que digo por el valor que en sí tiene, pues en realidad no cabe otra posibilidad.
 

Ascetismo

 

Dejarse querer por la Naturaleza poco tiene que ver con un poder mental alcanzado con una férrea disciplina.

Los que no tienen como verdad esto de la Ciencia del bien y del mal del Génesis, piensan en una purificación y en un perfeccionamiento negando y rechazando todo placer, siguiendo un código moral "de élite" y desdeñando la materialidad considerada como de nivel inferior al espíritu.

Los que creen es eso del Génesis pero que no separan el falso yo de la Naturaleza y del Corazón, también tienden a considerar que son necesarias muchas prácticas ascéticas y de piedad que demuestran, como condición necesaria, nuestro encuentro con Dios. Prácticas que no son más que formalidades y modelos de oración de "menor nivel". Esta planificación ascética personalizada pasa a ser una cuasinorma moral (o sin el cuasi).

En el mejor de los casos, el ascetismo en las religiones puede considerarse como una fase para acceder al estado místico. En fin, siempre estamos con las mismas, cuando la mística es más connatural al hombre (varón y mujer) que la ascética, observancia y cumplimiento de normas morales externas (aunque su fuente sean textos sagrados).

En plena crisis de espiritualidad del cristianismo, se considera la mística como una fase avanzada y elevada en la evolución espiritual de la persona, siendo más bien lo contrario: la mística es propia de personas sencillas y el ascetismo se vende mejor entre gente con aspiraciones "más elitistas" y de trinchera (con posibilidad de ascenso a cabo o capitán).

La espiritualidad contemplativa y mística es de lo más subversivo y anárquico. No rompe con nada pero da la autonomía tan temida por los cuidadores de rebaños. La Iglesia es pueblo de reyes y nada es tan anárquico como esa consideración. No hay ninguna estructura: todos iguales y soberanos, y uno de nosotros el Primogénito.


La crítica de este post no tiene porque ser tomada por una genera-lización. Ni pretende ser anti nada.

Tampoco es una minus-valoración de algo para hacer resaltar la contemplación.

La ascética cristiana, en particular la católica que más conozco, se puede engarzar en ese diálogo amoroso con la Naturaleza o el Esposo, del que hablábamos en un anterior post.

Respecto a las prácticas, vimos la necesidad de dedicar un tiempo a contemplar en soledad como recomendaba Jesucristo. A ejercitarse de manera especial en esa vida interior. También la conveniencia de leer, despacio y meditadamente cuando haga falta, textos escritos con el corazón de autores contemplativos, místicos, padres del desierto,... el Nuevo Testamento y los libros sapienciales del Antiguo Testamento.

Los católicos tenemos las celebraciones litúrgicas de los sacramentos, en especial por su frecuencia, el de la Reconciliación y el de la Eucaristía. Siendo esta última de carácter comunitario o asambleario. En otras Iglesias tendrán algo análogo en las que participa toda la comunidad.

También tenemos la Liturgia de la Horas. Se considera la oración oficial de la Iglesia y básicamente es orar con los Salmos. En el enlace se puede encontrar on line y es de lo mejor que hay en la red.

Y devociones particulares hay mil y una. Todo son fórmulas y formalidades para tener entretenida a la mente, salvo desde la sencillez de la mística. No todo el que dice "Señor, Señor"... (ver Mt 7, 21)
 

La ascética: pistas morales

 

Los más racionales y los moralistas se ponen de los nervios al considerar esto de la contemplación. Entre los pastores de las iglesias o los guías espirituales puede haber mucho paternalismo: enfermedad de la paternidad. Tratan a las ovejas de su redil como inmaduros y así los mantienen: sin casi libertad y ciegos para caminar.

Hay padres (padres y madres) con un exceso de celo para con su hijo y más si es único. Están continuamente pendientes para que no caigan, para que no se ensucien, para que no se infecten; se alteran a la mínima que muestran cansancio, o no tienen ganas de comer, se lo dan todo,... los sobreprotegen. Esos hijos crecen como plantas de invernadero y en cuanto salen se marchitan, enferman,...

En la contemplación nos olvidamos de normas y reglas morales establecidas. No nos ocupamos en eso. La moral de los contemplativos es el lenguaje del dolor y la relación amorosa con la Naturaleza, la Vida y, quien sea creyente, con el Espíritu Santo, Cristo y el Padre.

En el fondo se trata de eso. Pero el común de los pastores piensan que la contemplación es una fase muy avanzada propia de otra gente más "especial". Forma parte de la crisis de espiritualidad que padecemos en Occidente y en el Cristianismo en particular.

Para los cristianos, las pistas morales que tenemos son los famosos 10 mandamientos. No solo afinamos poco en su cumplimiento sino que nos pasamos por el forro alguno de ellos, sobre todo el sexto a la mínima ocasión. También podemos tener como pistas morales las bienaventuranzas. O el resumen de los mandamientos y el mandamiento nuevo:

«"Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?"
Él le dijo: '"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.' Este es el mayor y el primer mandamiento.
El segundo es semejante a éste: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo.' De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas."» (Mt 22, 36-40)
"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34).
Los mandamientos de Dios son las pequeñas inspiraciones diarias para la calidad de nuestra relación amorosa y para avanzar por el Camino. Los mandamientos de Dios es dejarse querer por Él. Como en toda relación amorosa, es bueno estar en las cosas pequeñas. Todo avance es por un paso o una zancada. En cualquier caso, algo pequeño. Nuestra moral: dejar en el olvido al falso yo, obviar su palabrería, responsabilizarse de lo dañado que esté el Corazón y seguir (amar) a Cristo, Camino, Verdad y Vida.

Sabemos qué lenguaje habla el falso yo y cuál el Corazón y el cuerpo: discernir. Sabemos sobre el yo observante, sobre los comienzos y recomienzos, sobre los retrocesos y los aprendizajes consecuentes,... sobre la honestidad y franqueza con uno mismo.

Quizás haya esquemas y apegos que nos resistimos a dejarlos con el falso yo. Esto es como dejar una vela encendida al diablo. Pero sin duda, sabremos por el discernimiento cuáles son sus procedencias y el bien inmenso de liberarnos.

Lo que no hay que desdeñar y hay que tener en mucho aprecio es lo que hayan dicho los autores clásicos. Hay que aficionarse a leer autores místicos y el mismo Evangelio donde el protagonista es el Maestro de maestros y el nuestro.
 

Los pasos atrás

 
"Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio" (Rm 8, 28).

Por el hecho de existir, ya somos amados por la Naturaleza (causa segunda, para que no sulfuren los tomistas). Por el hecho de vivir, ya somos amados por la Vida. Cuando nuestra conciencia empieza a sospechar y quiere iniciar el camino de vuelta, se inicia ese diálogo amoroso en el que empezamos a corresponder al Amor de la Naturaleza, de nuestro Corazón: empezamos en verdad a amarnos a nosotros mismos.
«Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?"
Respondió: '"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas' y con toda tu mente; 'y a tu prójimo como a ti mismo."'
Díjole entonces: "Bien has respondido. Haz eso y vivirás"» (Lc 10, 26-28).
No caben medias tintas, como ya vimos. No sirve de nada tener una vela encendida a Dios y otra al demonio. No podemos servir a dos señores. Todo esto es tan estéril e, incluso, más nocivo que ser cerril.
Tal como empezamos a corresponder al Amor, nos amamos a nosotros mismos y a amarnos cada vez mejor. Conoceremos al Amor y así amaremos a los demás. Es un Camino en solitario asistidos y acompañados por el mejor de los Compañeros: el Espíritu de Dios Padre e Hijo, el Espíritu Santo.

Partimos con un grado de consciencia como atrofiado. Se despierta y por el Camino va creciendo y expandiéndose. Siempre sin olvidar nuestros orígenes y condición: partimos de un estado que con el tiempo veremos bien que es bastante lamentable (espiritualmente hablando); y nuestra condición siempre será la de seres sustentados por la Naturaleza (criaturas de Dios, hijos del Padre).

Es decir, nuestra conciencia siempre será limitada, siempre en desarrollo. Recordemos que el Camino es infinito y nada es definitivo. Cristo es la meta, podrá decir alguien. Sí, pero Cristo también es el Camino. Ponerse en Camino es como participar ya de la meta y la victoria.


En esta historia interminable, siempre habrán pasos en falso y retrocesos. Nos dejaremos llevar de nuevo por el falso yo que nos volverá a engañar con sus falsas soluciones facilonas y apetitosas, con su falsa libertad.

Debido a su limitación, la consciencia no alcanza muchas veces a ver sus avances, nos hastiamos y ponemos a prueba a Dios. Todo esto es como un Éxodo interior: salimos de la esclavitud hacia la Tierra Prometida.

Es al dar los pasos atrás cuando nos hacemos conscientes de lo que habíamos avanzado y que acabamos de perder. Llegan los lamentos. Podemos sentir el ego herido... pero, como niños, prontos a levantarse y volver a empezar: volver a separarse del falso yo, volver a clamar, pedir perdón, volver a amar el Camino, el corazón, la Naturaleza, el Espíritu que nos asiste. De todo se aprende: como dice la cita inicial, para los que aman a Dios, todo lo que ocurre es para bien.

Esto es un deporte de fondo. No es tanto ir rápido como ir seguros y mantener la motivación. Como en toda relación amorosa, hay que alimentar el amor a cada ocasión. No es una carrera militar en la que el expediente tiene que estar inmaculado. Superar las caídas son como medallas al honor y a la valentía. La Gracia nos asiste y encima nos condecora. Cada vez que nos levantamos, los ángeles lo celebran.

Serrat canta una preciosa canción de amor, "Lucía":
"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido,
nada más amado que lo que perdí".
"Si alguna vez fui sabio en amores
lo aprendí de tus labios cantores;
si alguna vez amé, si alguna día después
de amar amé, fue por tu amor, Lucía".
Donde Lucía es el objeto de amor y nuestro objeto de Amor en el Camino es el Corazón con sus penas, la Naturaleza, el Espíritu de Dios y el Camino mismo.

La noche oscura y la boda con el Esposo

 

Los contemplativos (todos lo somos) hablan de "la noche oscura". Se pasa por una etapa en la que Dios se antoja lejos, lo único que se puede contemplar es la oscuridad el sentimiento de pérdida. Es la absoluta soledad en medio de la Nada.

Aquí se propone precisamente empezar por el cuerpo escuchando el dolor aprendiendo su lenguaje, hasta que se dé esa unión espiritual de nuestra consciencia y el Corazón, la Naturaleza: nosotros con Cristo.

Sabemos que los pensamientos y los caminos de Dios no son nuestros pensamientos ni nuestros caminos. Si somos unos cerriles empeñados en ir por donde consideremos, todo será estéril, aunque de todo se aprende y con el tiempo todo se aprovecha. La conciencia que parte del yo falso no sabe el camino... y para ir a donde no sabes, has de ir por donde no sabes.

En el yo falso todo es realmente ignorancia para la tarea que nos ocupa. Es más, ni siquiera somos los que nos reconstruimos. Nosotros somos los que debemos dejar de poner resistencia y obstáculos para que la Naturaleza actúe y ejerza esa facultad que tiene de regeneración. El aprender esta lección nos costará un tiempo que podemos considerar como perdido pero en verdad es muy valioso.

Se hace necesaria la desnudez espiritual y volver a ser como un niño. Son actitudes sencillas pero que desaprendemos normalmente a la edad adulta. Son los modos de ser sensibles y dóciles a las inspiraciones e intuiciones interiores.

La aventura solitaria que va trazando el camino desde el yo falso al verdadero requiere de no-saber. Es algo a lo que no estamos acostumbrados ya que conseguimos por nuestra cuenta las cosas materiales o estamos al acecho. En nuestra vida externa estamos acostumbrados a hacer nosotros las tareas, a labrarnos nuestro destino (o con la ilusión de creer hacerlo), a ir detrás de las cosas con esfuerzo, a proyectar, construir y reparar con nuestras manos,...

En la vida espiritual, como ya podemos ver y comprender, por su naturaleza, es lo contrario: la existencia nos ha sido dada. Somos responsables de su deterioro pero no sabemos ni podemos arreglar el desaguisado. Solo sabemos reparar lo que hemos construido con nuestras manos.

Si en uso de nuestra libertad hemos dañado nuestra Naturaleza, solo nuestra Naturaleza nos puede reparar contando con nuestra libertad. Se trata de volver a ser amado.

De hecho, maestros de espiritualidad dicen algo tan llamativo como que no pueden nada, que son nada o menos que nada,... o que haya que negarse a sí mismo para seguir a Cristo por el camino de la Cruz a la Resurrección.

Recorreremos libremente el camino de vuelta al Corazón, al Amor, aún entando ciegos y desorientados en el punto de partida. El comienzo es clamar, lanzar SOSs, amar a Quien nos va a ayudar, tender lazos a Quien ya nos Ama.

Sí, el comienzo es tomar distancia del yo falso y observar todo en silencio. Y a la vez todo ese diálogo amoroso. Desde el Cantar de los cantares, esa unión, ese religarse (de ahí la religión), esa restauración del yo verdadero es análoga a una unión conyugal, una boda espiritual entre el yo consciente y el Corazón, la Naturaleza, el Amor, Cristo, Dios.
 

Nuevos modelos y nuevos conceptos

La vita è bella
 
 
En esta nueva serie de posts dedicados a la espiritualidad contemplativa, se han redescubierto y ampliado conceptos muy principales: razón, amor, corazón, ser, relación,... nos reconciliamos con la naturaleza e integrado en ella.
 
Hemos desdoblado la noción de libertad, la fundamental y la de opción o elección, y visto como se elimina el relativismo, que no la relatividad, al anteponer amor a verdad dado que el verdadero conocimiento se da al amar y no amando en función de una verdad.
 
Se ha rescatado del ocurantismo al cuerpo y colocado en su lugar muy preponderante, equiparándolo al corazón. Queda redefinido y ampliado el concepto de dolor. Se han rescatado del olvido conceptos como culpa y pena. Hemos visto en qué consiste la moral autónoma frente a la heterónoma. Y se ha puesto también en su lugar al placer. Y, muy importante, hemos sacado de la ciénaga nuestra animalidad y, con ello, devolviendo toda la nobleza a los animales.
 
Nos reconciliamos con nihilistas, sean ateos, agnósticos, no creyentes en la iglesia/curas, conversos a filosofías orientales,... y aprendimos cómo saber de otros lenguajes sin ser refractarios a nada. Precisamente, de manos de los orientales, aprendemos el concepto de energía, una dimensión nueva de la Creación.
 
Se han puesto sobre la mesa dos nuevos modelos. Uno sobre la Santísima Trinidad, nada más y nada menos. Un modelo dinámico donde el Amor es la Primera Persona anteponiéndolo, en orden al Ser, al Logos. Eliminando así la hipotética arbitrariedad de Dios, análogamente a cómo hacemos para "curarnos" del relativismo, y liberándolo de nuestras fantasías.
 
El segundo modelo propuesto es la estructura dinámica interna del hombre (varón y mujer), su estado actual, el estado originario y su proceso para lograr de nuevo la plena felicidad. Seguro que se puede pulir en su redacción. Un modelo que posibilita todos estos descubrimientos, ampliaciones y redefiniciones de conceptos.
 
Se saca a la Razón de la cárcel, de su inmanencia, de sus idealismos y sus utopías, nos sumergimos en la Realidad y nos responsabilizamos de ella, el Corazón encuentra su Paz y evolucionamos en capacidad de Amar.
 
No soy yo el que vaya a dar a todo esto el nihil obstat. Pero esto no es una teoría. Querido lector, viva, contemple, inicie el Camino.
 

miércoles, 20 de agosto de 2014

La nube del no saber │ cap. 69

 
De cómo el amor del hombre queda maravillosamente transformado en la experiencia interior de esta nada y de esta falta de lugar.


Cuán maravillosamente se transforma el amor del hombre por la experiencia interior de esta nada y de esta falta de lugar. La primera vez que la contempla surgen ante él los pecados de toda su vida. No queda oculto ningún mal pensamiento, palabra u obra.

Misteriosa y oscuramente han quedado marcados a fuego dentro de ella. A cualquier parte que se vuelva le acosan hasta que, después de gran esfuerzo, doloroso remordimiento y muchas lágrimas amargas los borra profundamente.

A veces la visión es tan terrible como el resplandor fugaz del infierno y se siente tentado a desesperar de verse curado y aliviado alguna vez de su penosa carga. Muchos llegan a esta coyuntura de la vida interior, pero la terrible agonía y falta de consuelo que experimentan al enfrentarse consigo mismos les lleva a pensar de nuevo en los placeres mundanos. Buscan alivio en cosas de la carne, incapaces de soportar el vacío espiritual interior. Pero no han entendido que no estaban preparados para el gozo espiritual que les habría sobrevenido si hubieran esperado.

El que con paciencia mora en esta oscuridad será confortado y sentirá de nuevo confianza en su destino, ya que gradualmente verá curados por la gracia sus pecados pasados. El dolor continúa, pero sabe que terminará, pues ya va siendo menos intenso.

Poco a poco comienza a darse cuenta de que el sufrimiento que padece no es realmente el infierno, sino su propio purgatorio. Vendrá un tiempo en que no reconozca en esa nada pecado particular alguno sino tan sólo el pecado como un algo oscuro, y esa masa informe no es otra cosa que él mismo. Ve que en él está la raíz y las consecuencias del pecado original. Cuando en otras ocasiones comience a sentir un maravilloso fortalecimiento y unos deleites inefables de alegría y de bienestar, se preguntará si esta nada no es, después de todo, un paraíso celestial. Vendrá, por fin, un momento en que experimente tal paz y reposo en esa oscuridad que llegue a pensar que debe ser Dios mismo.

Pero aunque piense que esta nada es esto o lo otro, seguirá siendo siempre una nube del no-saber entre él y su Dios.
 

La nube del no saber │ cap. 68

 
Que no estar en ninguna parte físicamente significa estar en todas espiritualmente; que nuestro yo superficial puede ridiculizar la contemplación como una pérdida de tiempo.


A lo mejor otro te diría que has de replegar tus facultades y sentidos dentro de ti mismo para allí dar culto a Dios. Diría bien, esto es cierto, y ninguna persona sensata podría negarlo. Sin embargo, por miedo a un posible engaño y a que puedas interpretar literalmente lo que digo, yo no quiero expresar la vida interior de esta manera. Me expresaré más bien en paradojas. No trates de replegarte dentro de ti mismo, pues, para decirlo de un modo simple, no quiero que estés en ninguna parte; no, ni fuera, ni arriba, ni detrás o al lado de ti mismo.

Pero a esto dices: "¿Dónde he de estar entonces? Según dices, ¡no he de estar en ninguna parte!". Exacto. De hecho, lo has expresado bastante bien, pues efectivamente quisiera que no estuvieras en ninguna parte. ¿Por qué? Porque no estar en ninguna parte físicamente equivale a estar en todas partes espiritualmente. Procura entender esto claramente: tu actividad espiritual no está localizada en ningún lugar particular. Pero cuando tu mente se centra conscientemente en algo, tú estás en ese lugar espiritualmente, de la misma manera que tu cuerpo está localizado ahora en un lugar determinado. Tus sentidos y facultades quedarán frustrados por falta de algo donde agarrarse y te increparán por no hacer nada. Pero no te preocupes. Sigue con esta nada, movido solamente por tu amor hacia Dios. No lo dejes nunca, persevera firme y fijamente en esta nada, ansiando vivamente poseer siempre a Dios por amor, a quien nadie puede poseer por conocimiento. En cuanto a mí, prefiero perderme en esta falta de lugar, debatiéndome con esta ciega nada, antes que ser un gran señor que viaja por todas partes y disfruta del mundo como si fuera dueño de él. Olvídate de este modo de estar en todas partes y de todo el mundo. Su riqueza palidece junto a esta bendita nada y falta de lugar. No te inquietes si tus facultades no pueden captarla. En realidad, así debe ser, ya que esta nada es tan sutil que los sentidos no pueden alcanzarla. No puede explicarse, tan sólo experimentarse.

A los que acaban de encontrarla les puede parecer muy oscura e inescrutable. Pero, en realidad, están cegados por el esplendor de su luz espiritual más que por cualquier oscuridad ordinaria. ¿Quién crees que se mofa de ella como de una vacuidad? Nuestro yo superficial, naturalmente. No nuestro verdadero yo; no, nuestro verdadero e íntimo yo la aprecia como una totalidad por encima de toda medida. Pues en esta oscuridad experimentamos una comprensión intuitiva de todo lo material y espiritual sin prestar atención alguna especial a nada en particular.
 

El placer

 

Hablamos del dolor, hablemos del placer.

El dolor por el dolor es algo insano. Al dolor se le ama por ser el lenguaje del Corazón, de la Naturaleza. Se ama al dolor, se ama la Cruz, no para mantener el dolor o soportarlo más y mejor, sino porque nos indica el Camino de la sanación. Aceptarlo con resignación indica una higiene mental deficitaria y una espiritualidad enferma.

Ni hay que rechazar el dolor, ni hay que rechazar el placer. Hay que evitar lo que cause dolor que es la actividad del falso yo.

Nota: faltó decir del dolor que si sufrimos por padecer dolor agravamos el problema. Sufrir por el dolor es no aceptarlo, rechazarlo. Y para soportarlo lo tenemos que cubrir o compensar con placer.

El placer por el placer también es algo insano pero en sí mismo ni es malo ni es bueno. Se disfruta de las cosas placenteras por ellas mismas y no por el placer. Abusar de las cosas buscando su placer es querer el placer por el placer, propio de un chalado.

No se lo busca, nos lo encontramos y lo disfrutamos.

En atención a la Naturaleza, no es un lenguaje, es como un aliciente. En atención al falso yo, sí puede ser una especie de lenguaje porque confunde placer con felicidad y sí busca el placer por el placer. Cuando nos ocurra eso, hay que sospechar.

El yo verdadero ama Corazones y el yo falso ama cosas que le satisfagan cuanto antes mejor. El desear las cosas por su placer ya sabemos que es cosa del falso yo.

Si no sufrimos por padecer dolor, si aceptamos y comprendemos el dolor y seguimos sus pistas, no necesitaremos ni buscaremos placer que lo mitigue, lo enmascare o nos lo compense. Si defendemos el placer es que tenemos mucho que sanar en el Corazón.