a expolitoxicómanos convictos
E. Morricone: La Misión          
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miércoles, 27 de agosto de 2014

La respiración consciente

 

Se terminaron los capítulos de "La nube del no-saber". Un libro que se debería adaptar a esta época pero está muy bien leerlo según aquella. Ya cada cual que lo adapte.

Me he guardado en estos posts de definir alguna técnica o método para llegar al éxtasis o a la sanación total. Las recetas las pide el falso yo. Ni hay que definir el Camino, ni hay que homogeneizar a la gente en el terreno espiritual, ni hay una industria de santidad. Tampoco hay promesas ni ideales a realizar o perseguir. No sabemos nuestra misión. Quizás, al final de nuestros días, mirando hacia atrás, veamos una misión. Pero nos iremos con las manos vacías y con el corazón grande, o al menos, abandonado en los brazos de Cristo, alegres.

Sigo sin saber cómo llamar a esos momentos de soledad y serenidad dedicados exclusivamente a la oración contemplativa, pues la oración contemplativa se irá dando durante todo el día.


Cada cual tendrá más facilidad o menos para "hacer contemplación". Las personas sencillas con el intelecto más virgen y conservando buena parte de la inocencia, les será más fácil ponerse a contemplar. Las personas de ciudad, con tanta competitividad, con tantas exigencias, con esa forma de vida más alejada de lo natural (que para más inri se considera como un logro y un avance),... o personas con máscaras, caretas, corazas, mecanismos de defensa, forzadas a racionalizar para buscar soluciones,... y otras por mil circunstancias, les será más laborioso volver a la sencillez. O no o quién sabe sino Dios.

Sé que he hablado de más, pues hay cosas que uno las debe descubrir por sí mismo. Estos textos pueden parecer más o menos lógicos y coherentes o no. No son para debatir. Son para compartir. Cada cual debe descubrir cual es la Realidad y cómo se vive y la vive. Esto no es un hurra al relativismo pues la Realidad es la misma para todos, el camino es infinito y nada es definitivo. A los contemplativos no les da miedo ese supuesto riesgo.


El contemplativo no expone su ciencia aun con la seguridad de que vaya a ser aceptada. Quien contempla guarda silencio y vive. La contemplación siempre escapará a cualquier control.

Bueno, todo esto viene porque quería hablar de la respiración consciente. Hay quien necesitará empezar la oración con ese ejercicio e incluso con alguno de relajación. Pero hay webs que lo explican mejor que yo y no me voy a detener. Estos ejercicios se integran perfectamente en el dialogo amoroso con el Espíritu, Cristo, la Naturaleza,...

Se puede aprender de técnicas orientales. Son muy buenas. Por ejemplo, yoga. Buen provecho!
 

La nube del no saber │ cap. 75

 
De ciertos signos por los que el hombre puede saber si Dios le llama o no a la contemplación.


Querría dejar claro que no todo el que lea este libro (u oyera su lectura) y lo encuentre interesante, está ya llamado a la contemplación. La excitación interior que siente quizá no sea tanto la atracción de la gracia como el despertar de una curiosidad natural. Te daré algunos signos para ayudarte a examinar esta atracción y discernir su causa verdadera.

En primer lugar, examínese el hombre a sí mismo y vea si ha hecho todo lo que está en su poder para purificar su conciencia de pecado deliberado según los preceptos de la santa Iglesia y el consejo de su padre espiritual. Si está satisfecho de su labor, todo va bien. Pero, para estar más seguro, examine si le atrae más la simple oración contemplativa que cualquier otra devoción espiritual. Y entonces, si su conciencia no le deja en paz en ninguna obra, tanto exterior como interior, hasta que hace de este secreto y pequeño amor dirigido a la nube del no-saber su principal preocupación, es señal de que Dios le llama a esta actividad. Pero si faltan estos signos, te aseguro que no llama. No digo que todos los llamados a la contemplación vayan a sentir el impulso del amor de una forma continua y permanente desde el principio, pues no es este el caso. De hecho, el joven aprendiz de contemplativo puede dejar de experimentarlo completamente por diversas razones. A veces Dios puede quitarlo con el fin de que no comience a presumir de que es cosa suya, o que lo puede controlar a voluntad. Semejante presunción es orgullo. Siempre que se retira la sensación de la gracia, la causa es el orgullo. Pero no necesariamente porque uno haya cedido al orgullo, sino porque si esta gracia no se retirara de cuando en cuando, el orgullo echaría ciertamente raíces. Dios en su misericordia protege al contemplativo en este camino, aunque algunos neófitos insensatos lleguen a pensar que se ha convertido en su enemigo. No aciertan a ver cuán verdadera es su amistad. Otras veces Dios puede retirar su don cuando el joven aprendiz avanza despreocupado y comienza a considerarlo como algo natural. Si esto sucede, se verá muy probablemente abrumado por amargas congojas y remordimientos. Pero ocasionalmente nuestro Señor puede diferir su devolución, de manera que habiendo sido perdido y encontrado de nuevo pueda ser más hondamente apreciado.

Uno de los signos más claros y ciertos por los que una persona puede saber si ha sido llamada a esta actividad es la actitud que detecta en sí cuando ha vuelto a encontrar el don perdido de la gracia. Pues, si después de una larga demora e incapacidad para ejercer esta actividad, siente que su deseo hacia ella se renueva con mayor pasión y un anhelo más profundo de amor -tanto más si (como pienso a menudo) el dolor que sintió por su pérdida le parece como nada al lado de su alegría por haberlo encontrado de nuevo-, no tema equivocarse al creer que Dios le llama a la contemplación, sin tener en cuenta la clase de persona que es ahora o ha sido en el pasado. Dios no ve con sus ojos misericordiosos lo que eres ni lo que has sido, sino lo que deseas ser. San Gregorio declara que (todos los santos deseos se elevan en intensidad con la demora de su cumplimiento, y el deseo que se desvanece con la demora nunca fue santo). Pues si un hombre experimenta cada vez menos alegría cuando descubre nuevamente la súbita presencia de los grandes deseos que había abrigado anteriormente, esto es señal de que su primer deseo no era santo. Sintió posiblemente una tendencia natural hacia el bien, pero esta no ha de confundirse con el deseo santo. San Agustín explica lo que quiero decir con deseo santo, cuando afirma que (la vida entera de un buen cristiano no es nada menos que un santo deseo). Mi querido amigo, me despido de ti con la bendición de Dios y la mía. Que Dios te dé a ti y a todos los que le aman paz verdadera, sabio consejo y su propia alegría interior en la plenitud de la gracia. Amén.
 

La nube del no saber │ cap. 74

 
Que todo aquel que está llamado a la contemplación podrá reconocer algo afín a su espíritu al leer este libro y que sólo a esta persona se le debiera permitir leerlo o escucharlo; se repiten las observaciones del prólogo.


Si el tipo de oración que he descrito en este libro te parece inadecuado para ti espiritual o temperamen-talmente, siéntete perfectamente libre para dejarlo, y confiadamente y con la ayuda de un sabio consejero busca otro. En tal caso confío en que me excusarás por cuanto llevo escrito aquí. Con toda verdad he escrito solamente llevado de mi simple entender de estas cosas y sin otra intención que ayudarte. Por eso, vuélvelo a leer dos o tres veces. Cuanto más lo leas, mejor; pues tanto mejor captarás su sentido. Partes que parecen difíciles y oscuras en una primera lectura, quizá aparezcan obvias y claras en una segunda. Mi opinión es que todo aquel a quien la gracia ha llevado a la contemplación no puede leer este libro (o escuchar su lectura) sin sentir que habla de algo afín a su propio espíritu. Si tú lo sientes así y lo encuentras provechoso, da gracias a Dios de todo corazón y por su amor ruega por mi.

Espero sinceramente que harás esto. Pero te pido con insistencia, por amor de Dios, que no compartas este libro con nadie más a menos que estés convencido de que es una persona que lo ha de entender y apreciar. Lee de nuevo el capítulo en que describo el tipo de persona que debe comenzar la obra de contemplación y sabrás a qué clase de persona me refiero. Y si lo compartes con otro, insiste, por favor, en la importancia de leerlo del principio al fin. Hay partes, sin duda, que no se comprenden por si solas sino que requieren la clarificación y la explicación de otras. Si una persona lee solamente una sección y deja las que la completan, puede fácilmente caer en error. Haz, pues, lo que te pido. Y si crees que algunas partes necesitan una mayor clarificación, hazme saber las que son y lo que piensas de ellas, y yo las revisaré lo mejor que pueda, según mi simple conocimiento de estas cosas.

No quiero que se apoderen de este libro chismes mundanos, ni halagadores ni esa clase de personas que en todo encuentran reparos, tampoco alcahuetes y entrometidos o simplemente curiosos, educados o no. Nunca me propuse escribir para esta clase de personas ni quiero siquiera que oigan hablar de él. No dudo que algunas de ellas sean personas buenas, incluso quizá muy entregadas en la vida activa, pero este libro no responde a sus necesidades.
 

martes, 26 de agosto de 2014

El pecado

 

Una palabra evitada en todos estos posts de espiritualidad contemplativa es la de "pecado". Sí se ha usado el concepto aunque sin encerrarlo en un significante.

Primero veamos cuál es la definición oficial de la Iglesia Católica en su Catecismo. En el punto 1849 se dice:
El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana.
Después de todo lo escrito debe sonar algo familiar. Da más definiciones el Catecismo, pero con la primera nos vale.

También se han evitado palabras como tentación, caída y quizás alguna más. Pero todas las nociones se han usado pues son hechos que ocurren en la vida espiritual.

Se ha dedicado un post a la culpa porque no es raro que se puedan tener sentimientos de culpabilidad o todo lo contrario, ser tan egocéntricos que nos erigimos en norma moral y nunca pecamos respecto a nuestra norma.

En estas cosas del pecado hay que distinguir el estado de pecado y el pecado como acción.

Es estado de pecado es el estado de tener un corazón dañado y un falso yo que intenta meternos algún gol.

Cometer un pecado es realizar un acto malo en relación a dos cosas: reprimir y causar un daño al Corazón; y dificultar o imposibilitar la inspiración del Espíritu Santo, alejarnos de Él. Junto con la desazón de haber perdido algo espiritual, nos encontraremos como desasistidos, solos en medio de la nada y sin recursos (en un caso extremo). De todo se aprende. Siempre levantarse y recomenzar desde donde nos hayamos quedado, da igual. Volver a iniciar el diálogo amoroso. Liberarse de la culpa, alcanzar el perdón, cargar también con el nuevo dolor y adelante.

El pecado es una falta de amor y se intenta compensar con actos de amor. Vernos más dolidos por el daño infringido, arrepentirse, proponerse no volverlo a cometer y pedir el perdón de la culpa, como ya vimos.
 

El Temor de Dios

 

Hay conceptos clásicos de la espiritualidad que nos suenan raros en nuestros días. O son de difícil traducción para el ciudadano de hoy o para nihilistas.

El Temor de Dios es un don del Espíritu Santo. Se da con la experiencia de pérdida y de dar pasos atrás al dejarse seducir por el yo falso. Al dar un paso en falso, es grande la desazón al ver lo perdido por una nadería: el precio de un desliz es alto y así lo comprobamos.

Eso, lejos de desesperar, nos sirve de acicate en nuestra fidelidad al Camino y en la docilidad en las inspiraciones del Espíritu Santo. Nuestro temor será a separarnos de Dios y no por temerlo a Él. Dios Padre no se harta de nadie y siempre está presto a ser misericordioso, como la misma Naturaleza. Evitaremos peligros innecesarios.

Junto con el Temor, también creceremos en Fortaleza (otro don del Espíritu que nos embarga). Esto no consiste en que seremos superhombres ni que nuestra voluntad será férrea. La Fortaleza tiene dos caras: la calidad de nuestra relación-amor con el Camino, el Espíritu, la Naturaleza y la Unión; y la lucidez con la que reconocemos la voz del yo falso y lo ninguneamos espontáneamente. Avanzaremos con seguridad y firmeza.

Junto con estos dos dones, el Espíritu Santo da otros cinco: la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la ciencia y la piedad. Para saber más de cada uno... investigar. Todos están relacionados, es decir, el Espíritu da su gracia septiforme: da los siete a la vez en la medida que los requerimos o estemos en disposiciones de recibirlos.
 

lunes, 25 de agosto de 2014

La nube del no saber │ cap. 73

 
Que el Arca de la Alianza es figura de la contemplación; que Moisés, Besalel y Aarón y su comunicación con el Arca representan tres caminos de contemplación.


Como narran las Escrituras, hubo tres hombres muy vinculados al Arca: Moisés, Besalel y Aarón. En la montaña, Moisés aprendió de Dios cómo había de ser construida. Sirviéndose del proyecto que Moisés había recibido de Dios, Besalel la construyó en el valle. Y Aarón cuidó de ella en el templo, viéndola y tocándola cuantas veces quiso.

Estos tres hombres ilustran los tres caminos por los que la gracia nos puede llevar a la contemplación. A veces, como Moisés, debemos ascender a la montaña y luchar sólo con la ayuda de la gracia, antes de llegar a la contemplación, para después, como él, disfrutar sus frutos, si bien raras veces. (Quiero, sin embargo, en este contexto dejar claro que la revelación personal de Dios a Moisés fue un don y no la recompensa a su esfuerzo). Nuestro progreso en la contemplación puede también realizarse por nuestra propia penetración espiritual ayudada de la gracia; entonces somos Besalel, que no pudo contemplar el Arca hasta que hubo trabajado para modelarla con sus propios esfuerzos, si bien ayudado por el diseño dado a Moisés en la montaña. Hay otras veces, por fin, en que la gracia nos arrastra, sirviendo como instrumento las palabras de otros. Entonces somos como Aarón, a quien se le confió el cuidado del Arca que Besalel modeló y preparó con la habilidad de sus manos.

Mi querido joven amigo, ¿te das cuenta de lo que trato de decir? Aunque lo he expresado de una manera infantil y torpe y aunque soy un pobre e indigno maestro, te propongo el oficio de Besalel al explicar y poner en tus manos, como si dijéramos, esta arca espiritual. Pero tú puedes superar con creces mi rudo trabajo si quieres ser Aarón entregándote continuamente a la contemplación por los dos. Te pido que lo hagas por amor de Dios todopoderoso. Él nos ha llamado a los dos a esta obra, pero te pido, por el amor de Dios, que suplas con tu ardor lo que me falta a mi.
 

La nube del no saber │ cap. 72

 
Que un contemplativo no debe tomar su propia experiencia como criterio para otros contemplativos.


Es importante comprender que en la vida interior no debemos tomar nunca nuestras propias experiencias (o la falta de ellas) como norma para otro cualquiera. Quien trabajó duro para llegar a la contemplación y después raras veces goza de la perfección de esta obra, fácilmente puede llevarse a engaño al hablar, pensar o juzgar a otras personas en base a su propia experiencia. En el mismo sentido, el hombre que con frecuencia experimenta las delicias de la contemplación -al parecer, casi siempre que quiere- puede errar si mide a los otros por sí mismo. No pierdas el tiempo en estas comparaciones. Pues, quizá por un sabio designio de Dios, puede ser que si bien al principio lucharon larga y difícilmente en la oración y sólo gustaron sus frutos ocasionalmente, puedan experimentarlos después siempre que quieran y en gran abundancia. Así sucedió a Moisés. Al principio sólo se le concedió contemplar el Arca alguna que otra vez y no sin haber luchado duro en la montaña, pero después, cuando se instaló en el valle, pudo gozar de ella a placer.
 

Vida nueva

 
El libro del Tao comienza de la siguiente manera:
"El Tao que se exprese con palabras, no es el verdadero Tao". Lao Tse.
El Tao, además de ser el absoluto filosófico, la palabra propiamente significa algo así como "camino".

Tal como ocurre con el Tao, ocurre con el Amor: sólo se empieza a conocer cuando se abandona el falso yo y se empieza a recorrer el Camino de la restauración del Corazón (amarse a sí mismo, a la Naturaleza, a los demás y a todo lo demás). Es cuando uno conoce el amor y se da cuenta de que es inexpresable.

Todas las personas tenemos un fondo de buen corazón (indicio de el yo interior) y conocemos en cierta medida lo que es amar y ser amados aunque nunca nos hayamos parado a pensar en ello por lo natural que es.

Al iniciar el Camino contemplativo, experimentamos en un grado mayor el Amor, aunque no sea algo sensible o no seamos conscientes. En esas ocasiones, estaríamos en la "noche oscura" de la que ya se habló y sería bueno volverlo a leer.

Cuando el yo contemplante se desentiende del yo falso y se dirige a la unión plena con el Corazón o yo verdadero, todo parece que toma vida propia: el yo falso sigue a lo suyo y ahora intenta engañarnos y seducirnos como nunca; quizás nuestro cuerpo gane en sensibilidad y parezca que también vaya a su bola, hasta que comprendamos y crezca la consciencia acerca de ello; vamos ganando terreno al subconsciente y por nuestro consciente van pasando pensamientos y recuerdos de toda la vida en un orden que se nos antoja aleatorio.

Parece que cada vez tenemos menos control de nuestro interior (y debe ser así). Todo lo que ocurra en nuestro interior nos va indicando el Camino que no conocemos, que no está trazado, y nos va preparando para el momento de la Boda. Como dijo Sta. Teresa de Ávila:
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Por haber estado viviendo con el yo falso, tenemos una concepción estática de la Realidad más o menos arraigada. Queremos que las cosas sigan igual: es más cómodo conformarse para que las cosas no vayan a peor; e, incluso, impedimos nuestra mejora y un cambio a mejor de los demás. Y junto con esto, lo que no nos gusta del pasado y del presente lo vamos reprimiendo en el subconsciente (a riesgo de que nos traicione).

Ahora que iniciamos el Camino todo se vuelve dinámico. Por lo que hay que dejarse querer, volver a ser como niños, ganar en intuición o darle más valor. Hasta nuestra consciencia irá creciendo a su aire y nuestras acciones interiores estarán inspiradas pareciendo que salen solas.

Nos situamos bajo los efectos del Espíritu del Camino, del de la Naturaleza, del Espíritu Santo, bajo los efectos de nuestro espíritu vivo.

Con el falso yo, nuestro espíritu está como muerto o aletargado, distanciado de nosotros por el abismo que media entre el yo falso y el yo verdadero.

Nos veremos especialmente bendecidos. Pero es una ganancia que tomaremos por nada, es decir, nuestra consciencia se despreocupará de ello. Recordemos lo que decía s. Juan de la Cruz:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.


En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad.
Aún dándose la Boda, nada. Todo en virtud de la Gracia, todo gracias a la Naturaleza misma. Otorgarse alguna medalla supone separarse del Camino, dar pasos atrás: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo".

Muchas veces no seremos conscientes de nuestros avances. Cuando damos pasos atrás y perdemos parte de lo "conseguido", veremos nuestra pérdida que se nos antojará como irreparable. Siempre volver a empezar, siempre aprendiendo y reaprendiendo.

Un pequeño avance puede ser un mucho. Un gran avance puede ser un poco. Vislumbrar el final como cercano puede ser mucho y viceversa: "has de dejarte del todo en todo".

El tiempo interior es indeterminado: puede ser un mes o quince años. El que haga falta, da igual.

Siempre con la actitud de gratitud. Siempre con el diálogo amoroso con Dios, con la Naturaleza, con el Espíritu Santo que ya nos embarga, con Cristo que es el Camino y nos espera en el Corazón. Siempre siendo ofrenda para el sacri-ficio (hacer sagrado, a algo).

Para que la Naturaleza obre en nosotros, para que Dios obre en nosotros, se requiere de nuestra entera libertad y de nuestro entero querer, disponibilidad, de ser como niños, de no tener nada como sabido, de ir conociéndonos, de dejarse querer e inspirar,...

Cuando estemos en un tramo oscuro, en un periodo de prueba, es el momento de volver a encender el fuego en el rescoldo: nuestra correspondencia al Amor, clamar al Espíritu, amar el Camino, de pedir luz,... Todo es avance. Las pruebas afianzan y son avance.
 

sábado, 23 de agosto de 2014

La nube del no saber │ cap. 71

 
Que algunas personas experimentan la perfección de la contemplación en raros momentos de éxtasis, llamados (raptos), mientras que otras lo experimentan cuando están en medio de su trabajo rutinario de cada día.


Algunos creen que la contemplación es una experiencia tan difícil y tan terrible que ningún hombre puede lograrla sin una gran lucha y que sólo raras veces se goza de ella en los momentos de éxtasis llamados raptos. Contestaré a estas personas lo mejor que pueda.

La verdad es que Dios, en su sabiduría, determina el curso y el carácter de la dirección contemplativa de cada uno, según los talentos y los dones que le ha dado. Es cierto que algunas personas no llegan a la contemplación sin pasar por un largo y difícil proceso espiritual, y aun entonces sólo raras veces conocen su perfección en la delicia del éxtasis llamado rapto. Hay otros, sin embargo, tan transformados espiritualmente por la gracia, que han llegado a una intimidad tan grande con Dios en la oración, que parecen poder estar en profundo abismamiento, o volver a él cuando quieren, aun en medio de su rutina diaria, ya estén sentados, de pie, caminando o de rodillas. Se las arreglan para mantener el pleno control y uso de sus facultades físicas y espirituales en todo momento, no sin alguna dificultad quizá, pero no mucha.

En Moisés tenemos un tipo de contemplativo de la primera clase, y en Aaóon un tipo de la segunda. El Arca de la Alianza representa la gracia de la contemplación, y los hombres cuya vida estuvo más vinculada al Arca (como refiere la historia) representan a los llamados a la contemplación. Hablando con más propiedad, el Arca simboliza los dones de la contemplación, pues así como el Arca contenía todas las joyas y tesoros del templo, de la misma manera este pequeño amor dirigido hacia Dios en la nube del no-saber contiene todas las virtudes del espíritu humano, que, como sabemos, es el templo de Dios.

Antes de que le fuera dado contemplar el Arca y recibiera su diseño, Moisés tuvo que subir el largo y penoso sendero de la montaña y morar en ella rodeado por una oscura nube durante seis días. Al séptimo día, el Señor le mostró el diseño para la construcción del Arca. Moisés perseveró en esta dura tarea, y en la tardía iluminación que finalmente recibió podemos ver el modelo de los que parecen tener que sufrir mucho antes de llegar a las cimas de la contemplación y sólo raras veces pueden disfrutarla en plenitud.

Lo que Moisés ganó con tanto esfuerzo y disfrutó tan raras veces, lo consiguió Aarón al parecer con poco trabajo. Pues su oficio de sacerdote le permitía entrar en el Sancta Sanctorum y contemplar el Arca tantas veces como quería. Aarón, pues, representa a las personas que he mencionado arriba y que por su sabiduría espiritual y la asistencia de la gracia divina gozan del fruto perfecto de la contemplación tantas veces como quieren.
 

El mundo, el demonio y la carne

 

Son los tres clásicos enemigos del alma. Y seré breve.

El mundo en cuanto enemigo, no el mundo en cuanto hábitat del hombre (varón y mujer), sería el dominio y la influencia de todos los demás falsos yo en uno mismo.

El demonio es un falso yo sin cuerpo. Es un falso yo sin verdadero yo. Su conciencia no puede desembarazarse del falso yo y ser contemplativa. La actividad del demonio es maldad en estado puro. Es también el dominio y la influencia de estos otros falsos yo sobre uno mismo. Quizás una influencia más fuerte o más difícil de discernir, según.

La carne es la errónea interpretación que hace el falso yo del dolor propio. Ya hablamos en sus respectivos posts del dolor y del placer según el verdadero yo. Pero el falso yo ama el placer (no solo sexual) como solución temporal por su rechazo al dolor: busca el placer inmediato, como un analgésico de efecto inmediato. Así oculta y oprime al Corazón en vez de buscar la sanación y terminar con el dolor de raíz para que no se vuelva a dar.

Ya vimos cómo empezar a discernir la palabrería y las querencias del falso yo de la llamada del Corazón (de la Naturaleza, de Dios). Pero dada nuestra consciencia limitada, siempre en crecimiento, a veces no se puede discernir a qué enemigo de estos responde en cada momento a la palabrería del falso yo. Poco importa si discernimos bien la voz del Amor, del buen Pastor.

"Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6, 34).
 

Las relaciones y otras cuestiones olvidadas

 

Para la lógica del falso yo puede ser atractiva la ascética, incluso la meditada bajo la luz del Evangelio. Se cree que la naturaleza caída implica la corrupción del corazón y de la carne. Y por ende, debe regir la recta Razón (la Razón del falso yo mejorada en el cristianismo).

Es una herencia de la Grecia clásica y de su excelencia racional. En aquella época de los inicios de la Iglesia era lo más top en civilización y humanidades. Pero la civilización griega, en cuanto pagana, no sabe de la fractura de la Razón. No de balde, Jesucristo nos dice que nuestros pensamientos no son los de Dios: siempre solemos estar identificados con el falso yo. La conciencia, en vez de separarse y ponerse a contemplar, piensa que debe vencer sus bajos instintos.

La contemplación nos lleva a toda la Realidad. No es un deleite de su Belleza y Armonía. Es una comprensión y conocimiento que da el amor más allá de las apariencias. El conocimiento por experimentación racional y metódico de la Realidad es fruto de ir a ciegas: un conocimiento ciego que fuerza a seguir ciego.

En esa ceguera del falso yo, el amor pasa a ser un concepto que cada cual intenta definir. Y los que no con consecuentes con la fractura de la Razón (mayoría en el cristianismo) tienen que racionalizar el amor, marcarle unos modos, encorsetarlo, envasarlo y venderlo, poner puertas al campo,... haciéndolo muchas veces estéril e, incluso, contraproducente.

Al Amar al Corazón, al cuerpo, a la Naturaleza, al corresponder a su Amor, al atender sus "cantos de sirena" que es el dolor, empezamos a conocer de verdad qué es el Amor y lo indefinible que es.

Los ascetas piensan de la contemplación que solo se centra en uno mismo ya que tienen que luchar también ellos contra eso. No consideran que el ser es relacional por naturaleza, que el Corazón es relacional y las relaciones forman parte de su ser. Y luego se quejan de que la mentalidad actual es individualista e insolidaria, donde cada cual va a su bola.

Al hablar sobre el dolor del Corazón hablamos también del dolor que le produce el estado de otro Corazón o el que le infringe otro falso yo. La responsabilidad por el propio estado dañado se extiende per se hacia todos los que nos relacionamos, hacia nuestra sociedad y hacia toda la Humanidad.

Los liberales, ahora neoliberales, dicen que la sociedad no existe, lo que existen son los individuos concretos. Es un ejemplo de la naturaleza individualista y aislada del falso yo. La sociedad existe si existen los individuos porque es todo el entramado de relaciones entre ellos y las relaciones existen como existen los individuos. Las relaciones son esencia de la misma Naturaleza del ser humano y de toda la Creación.

Si del comunismo se dice que elimina la libertad del hombre, el liberalismo reduce-mutila la Naturaleza y aísla al hombre: lo que le posibilita una "mayor libertad" (falsa libertad), dejando así la solidaridad para las clases medias que son las que más en contacto están con los pobres y necesitados. Los ricos y muy ricos viven en otras esferas.

La contemplación nos llevará a luchar por la justicia social si de verdad es contemplación: desidentificación del falso yo y escucha del dolor. Nos dolerá el dolor ajeno.

Recordamos que las relaciones del verdadero yo es de Corazón a Corazón y las relaciones del falso yo es con cosas que le satisfacen aunque a veces dé una limosna.

Alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
y dijo: "De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir" (Lc 21, 1-4).
 

Otros modos de vivir en la Iglesia

 
Nota: iba a escribir sobre otro tema, pero me he ido por otros derroteros. Lo dejo por si alguien prefiere otras vidas también dentro de fe y de la Iglesia. Dios nos habla a través de todas y cada una de las personas.

La contemplación hace tener la mente abierta y ver el fondo de los corazones. No se es necesariamente un anacoreta ni estar en un monasterio (de los estereotipos, otro día). Cada cual tendrá su sitio.


Los más ascéticos y racionales tienen que proponerse muchas cosas para poder ser unos cristianos al nivel de las exigencias radicales del Evangelio. Y además necesitan enemigos para motivar esas exigencias sin decaer.

Primero reducen el alma de los que están en sus manos a su medida, pues todos tienen que empezar desde el principio, como está estipulado: el alma tiene que pasar por las tres edades y por orden. Éstas son: la vida purgativa, propia de los incipientes; la vida iluminativa, propia de los proficientes; y la vida unitiva, propia de los perfectos. Todo bien estructurado para marcar bien el camino aunque se caiga en el error de confiar poco en las personas, en la acción de Dios y olvidándose de la Naturaleza.

Luego les azuzan con que hay que luchar en el mundo porque todo está amenazado: la familia, el matrimonio, la vida, las manifestaciones públicas de la fe, a los políticos católicos se los quieren cargar, el laicismo quiere un Estado sin Dios, no dejan hablar a los obispos,... Y cuando no, empiezan con que el enemigo está dentro, que no se puede descafeinar la fe, ni bajar el listón, mantener la ortodoxia,... La cabeza la mantienen ocupada para no estar muy disipados y mantener la unidad.

Respecto a la vida espiritual todo son peligros. Hay que estar alerta en no caer en el individualismo, en la tibieza, en el quietismo, en el acostumbramiento, la rutina y el aburguesamiento, en no perder la visión sobrenatural, en mantener la rectitud de intención, en no dejarse llevar por las concupiscencias haciendo mortificaciones, en ingeniárselas para mantener la presencia de Dios, en evangelizar para que los demás hagan lo mismo, en no dejarse llevar por los sentimientos y que rija la racionalidad, tienen que encarnar los espíritus fundacionales que les corresponda, seguir indicaciones institucionales que llegan de todos los niveles, seguir en ciertas situaciones protocolos, etc. etc. Y hay que cuidarse de no entrar en zona de riesgo de aquello a lo que renuncian. Tienen muchas ocupaciones para no estar muy ociosos que es la madre de los vicios.

En su efervescencia, buscan más amar que en ser amados: derrochan vida interior y vibración apostólica pues son los cristianos avanzados y comprometidos.

Son buenas personas. Parece ser que Dios lo permite (o al menos la Iglesia). Tiene que haber gente para todo. A la fe y a la Iglesia la tienen que hacer atractiva de algún modo: venden ideales y utopías.

Otra nota: esto es una descripción de cosas que son buenas para quien las necesite.
 

viernes, 22 de agosto de 2014

Fe, Esperanza y Caridad

 

Hablar de virtudes es como hablar de los buenos aromas que emanan del ser por estar siendo y por su obrar, efluvios admirables al contemplar por amor a una persona. Si el ser deja de obrar, desaparecen las virtudes.

Las virtudes requieren de una visión más espiritual: sobrepasan la apariencia. Es un conocimiento natural del amor que el método científico no es capaz de alcanzar.

Las virtudes se ven desde fuera, las ven otros. Cada cual actúa por amor, en caso del verdadero yo, o por intereses más o menos mezquinos, en caso del falso yo. Pero no se actúa para alcanzar una virtud.

Los concertistas son virtuosos de un instrumento musical. Para ello se han ejercitado miles de horas y dedicado su vida entera a ello. Sí, pero no se han entregado por perseguir la virtuosidad, no han ejercitado la virtuosidad en sí: han actuado por amor a una vocación, a una llamada. Y nosotros los llamamos virtuosos.

El contemplativo no habla de virtudes, pues su conocimiento y comprensión de la Realidad es mayor. No actúa para la platea y el aplauso, como tampoco adulará ni juzgará a nadie: el hablar de virtudes es enjuiciar.

La Fe, la Esperanza y la Caridad, en mayúscula, se las llaman virtudes teologales pues es Dios quien las concede; no se alcanzan por méritos propios. Luego, no hay que ejercitarlas sino hay que pedirlas y recibirlas.

Decir esto es caer en el error que se señalaba antes, puesto que no se actúa por la motivación de la virtud, ni expresamente por cultivarlas por muy buena que sea la intención. Esa concepción la heredamos quizás de la Grecia Clásica y todavía se trasmite en la formación cristiana.

Ningún contemplativo hablará de virtudes ni de méritos propios: no se hacen méritos para nada. Eso es un lenguaje más al nivel de las vanidades humanas (el falso yo), como para hacer carrera militar o eclesiástica, ascensos en una estructura,... Los contemplativos son anárquicos; las estructuras son un artificio, no se deben a ella. En caso contrario, elevaríamos las estructuras a rango de ídolo.

La Fe, la Esperanza y la Caridad son tres virtudes íntimamente relacionadas, tanto si se expresan en minúscula como en mayúscula.

El amor da conocimiento, por ejemplo, de que la Naturaleza es autoregenerativa. Al ser un conocimiento del amor, tenemos a la Naturaleza por amorosa: nos ama y que le correspondemos.

Bien, pues tenemos fe en que la Naturaleza es autoregenerativa. Esa fe nos hace ponernos en manos de Ella con la esperanza de que nos regenere. Esa fe nos hace amarla y esa esperanza nos hace perseverar en su amor. Y al a vez, por amor la conocemos y retroalienta la fe y con ella la esperanza. Ponemos a la fe en primer lugar, como podríamos poner a la caridad.

"Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad" (1Co 13, 13). Después de la muerte solo permanece el Amor.

Para las realidades no-humanas en las cuales nos movemos, vivimos y existimos, como son Dios, Naturaleza, Vida,... realidades que se escapan al conocimiento fenoménológico (el alcanzado por el método científico), ese conocimiento que da el amor se refuerza, se hace más seguro, se afianza. Es la Fe teologal.

Por la Fe, estamos más seguros de que la Naturaleza es amorosa o que Dios nos ama a través de Ella que de la fórmula química del agua, H2O, o de que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Por la Fe, tenemos más seguridad en que nuestro Corazón será sanado cuando reunamos las condiciones y sea el momento, que de que el agua se solidificará cuando se descienda a temperaturas menores de 0°C según su concentración de sales.

Esperaremos sin sombra de dudas ni vacilaciones, hasta el infinito y más allá si hace falta. Amaremos sin fisuras, sin dejarnos en el falso yo algo con nostalgia, aunque nos parezca estar dando un paso hacia el abismo en ese momento, el abismo que media entre el falso yo y el verdadero.

Qué amaremos más, a nuestro yo interior o a una identidad cimentada sobre una falsa apreciación? Las máscaras y los mecanismos de defensa nos los hacemos para tener seguridad. Qué amaremos más, esa seguridad fatua o la seguridad y felicidad que da ser y sentirse amados?
 

Ser manso y humilde de corazón

 

El falso yo, carente del sustento de la Naturaleza, siempre querrá construirse una identidad: tribus urbanas como los punks, rockeros y rockabillys, mods, heavys,... construidas por marcas, modas, ideologías, culturas, por la distinción social y gregaria, el glamour,... Unas más estéticas, otras más filosóficas, otras de resistencia, otras socio-económicas,... Vanidad de vanidades.

Una identidad es la máscara de un dolor: un vacío, una crisis, una herida emocional, un bloqueo energético,...; que deja soterradamente (como reprimido en el subconsciente) la actitud de queja y autocompasión: la mejor manera de no responsabilizarse de nosotros mismos y de seguir anclados en la inmadurez. Qué es una identidad cristiana? Todo lo que adjetiva como cristiano pierde su esencia.

Quien lleva una máscara piensa que sin ella no es nadie. Es una de esas cosas que la verdad y la mentira están tan mezcladas que parecen una verdad, algo muy propio del padre de la mentira. Se eleva una cáscara a la categoría de esencia con entidad: una idolatría, un dios muerto.

Por una parte, es verdad que sin la máscara se cree ser una piltrafa. La mentira es que eso es una visión del falso yo. Hay que desmarcarse del falso yo y de todas las identidades que quiera adoptar para poder verse como se es: el verdadero yo. La verdad, si es verdad, no duele ni ofende, sino todo lo contrario. La verdad es amor.

La salvación consta de dejarse querer y amar por Quien ya nos ama, como es la Vida, la Naturaleza, el Espíritu de Cristo. Como sabemos, la sanación del Corazón no depende de nuestras planificaciones mentales ni de nuestros esfuerzos para hacer que todo gire a nuestra conveniencia.

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; 'y hallaréis descanso para vuestras almas.'
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 28-30).
Qué grandes virtudes son la mansedumbre y la humildad!

En uso de nuestra libertad, hagamos un acto por el que nos vemos en desnudez, mansedumbre, inocencia y libres del falso yo: ser ofrenda.

Amar a la Naturaleza o a Dios poniéndose en sus manos, ofreciéndose con nuestro dolor, con las penas (daños) de nuestro Corazón que corresponden: un acto de confianza plena. Es un verdadero alivio tomar el yugo de Jesucristo que es el dolor, la cruz, porque descansando en Él nos sana, nos restaura. Haciéndose ofrenda, se descansa tanto que relaja, elimina tensiones, aserena, se calma la tormenta; nuestra consciencia se expande, deja de estar dolorida, toma distancia y puede conocer bien el dolor, interpretar correctamente su lenguaje, contemplar la pena y sus razones, presentarlas a Dios y posibilitar nuestra sanación.

Sí, Dios todo lo sabe y es "más íntimo a nosotros que nosotros mismos" (s. Agustín). Somos nosotros quienes tenemos que llegar a ver y saber, ser honestos sin doblez ni engaño, y mostrárselo en ofrenda. Es la Fe y la humildad que nos pide Cristo para realizar el milagro: la consciencia, el conocimiento propio y la segura confianza en Él.

Ser ofrenda es una auténtica demostración con obras de nuestra Fe: en dios y/o en la Naturaleza, en el Amor. Qué grande es tener en Quien confiar, y más si es el Amor!

Es un muy buen modo de empezar el tiempo dedicado en soledad a la contemplación. Y aprendido, lo podemos repetir durante el día al trabajar, al empezar un partido o al ponerse a leer o escuchar música,...
 

jueves, 21 de agosto de 2014

La nube del no saber │ cap. 70

 
Que así como comenzamos a entender lo espiritual allí donde termina el conocimiento del sentido, de la misma manera llegamos mucho más fácilmente a la altísima comprensión de Dios, posible en esta vida con ayuda de la gracia, donde termina nuestro conocimiento espiritual.


Persevera, pues, penetrando en esta nada que no está en ninguna parte, y no trates de emplear los sentidos de tu cuerpo ni sus percepciones. Repito, no están adaptados a esta obra. Tus ojos están destinados a ver las cosas materiales de tamaño, forma, color y posición. Tus oídos funcionan ante el estímulo de las ondas sonoras. Tu nariz está modelada para distinguir entre los buenos y malos olores, y tu gusto para distinguir lo dulce de lo agrio, lo salado de lo fresco, lo agradable de lo amargo. Tu sentido del tacto te indica lo que es caliente o frío, duro o blando, suave o áspero. Pero, como tú sabes, ni la cualidad ni la cantidad son propiedades que pertenezcan a Dios ni a nada espiritual. Por tanto, no trates de usar tus sentidos internos o externos para captar lo espiritual. Los que se disponen a trabajar en el espíritu pensando que pueden ver, o ́ır, gustar y sentir lo espiritual, interior o exteriormente, se engañan grandemente y violan el orden natural de las cosas. La naturaleza destinó los sentidos a adquirir el conocimiento del mundo material, no a entender las realidades íntimas del espíritu. Lo que quiero decir es que el hombre conoce las cosas del espíritu más por lo que no son que por lo que son. Cuando en la lectura o conversación topamos con cosas que nuestras facultades naturales no pueden escudriñar, podemos estar seguros de que son realidades espirituales.

Nuestras facultades espirituales, por otra parte, están igualmente limitadas en relación al conocimiento de Dios tal como es. Pues, por mucho que el hombre pueda saber sobre todas las cosas espirituales creadas, su entendimiento nunca podrá comprender la verdad espiritual increada que es Dios. Pero hay un conocimiento negativo que sí entiende a Dios. Procede afirmando de todo lo que conoce: esto no es Dios, hasta que finalmente llega a un punto en que el conocimiento se agota. Tal es la postura de san Dionisio, que dijo: "El conocimiento más divino de Dios es el que conoce por el no-conocer.

Quien lea el libro de Dionisio verá confirmado en él todo lo que he venido tratando de enseñar en este libro desde el principio hasta el final. A excepción de esta única frase no quiero citarle más a él ni a ningún otro maestro de la vida interior sobre esta materia. Hubo un tiempo en que era considerado como modestia el no decir nada de tu propia cosecha sin confirmarlo con textos de la Escritura o de otros maestros conocidos. Hoy en cambio, esta clase de cosas se considera una moda vana en los engreídos círculos intelectuales. Por mi parte, no quisiera molestarte con todo esto, ya que no lo necesitas para nada.

El que tenga oídos para oír, que me oiga, y el que se sienta movido a creerme, que acepte con sencillez lo que digo por el valor que en sí tiene, pues en realidad no cabe otra posibilidad.
 

Ascetismo

 

Dejarse querer por la Naturaleza poco tiene que ver con un poder mental alcanzado con una férrea disciplina.

Los que no tienen como verdad esto de la Ciencia del bien y del mal del Génesis, piensan en una purificación y en un perfeccionamiento negando y rechazando todo placer, siguiendo un código moral "de élite" y desdeñando la materialidad considerada como de nivel inferior al espíritu.

Los que creen es eso del Génesis pero que no separan el falso yo de la Naturaleza y del Corazón, también tienden a considerar que son necesarias muchas prácticas ascéticas y de piedad que demuestran, como condición necesaria, nuestro encuentro con Dios. Prácticas que no son más que formalidades y modelos de oración de "menor nivel". Esta planificación ascética personalizada pasa a ser una cuasinorma moral (o sin el cuasi).

En el mejor de los casos, el ascetismo en las religiones puede considerarse como una fase para acceder al estado místico. En fin, siempre estamos con las mismas, cuando la mística es más connatural al hombre (varón y mujer) que la ascética, observancia y cumplimiento de normas morales externas (aunque su fuente sean textos sagrados).

En plena crisis de espiritualidad del cristianismo, se considera la mística como una fase avanzada y elevada en la evolución espiritual de la persona, siendo más bien lo contrario: la mística es propia de personas sencillas y el ascetismo se vende mejor entre gente con aspiraciones "más elitistas" y de trinchera (con posibilidad de ascenso a cabo o capitán).

La espiritualidad contemplativa y mística es de lo más subversivo y anárquico. No rompe con nada pero da la autonomía tan temida por los cuidadores de rebaños. La Iglesia es pueblo de reyes y nada es tan anárquico como esa consideración. No hay ninguna estructura: todos iguales y soberanos, y uno de nosotros el Primogénito.


La crítica de este post no tiene porque ser tomada por una genera-lización. Ni pretende ser anti nada.

Tampoco es una minus-valoración de algo para hacer resaltar la contemplación.

La ascética cristiana, en particular la católica que más conozco, se puede engarzar en ese diálogo amoroso con la Naturaleza o el Esposo, del que hablábamos en un anterior post.

Respecto a las prácticas, vimos la necesidad de dedicar un tiempo a contemplar en soledad como recomendaba Jesucristo. A ejercitarse de manera especial en esa vida interior. También la conveniencia de leer, despacio y meditadamente cuando haga falta, textos escritos con el corazón de autores contemplativos, místicos, padres del desierto,... el Nuevo Testamento y los libros sapienciales del Antiguo Testamento.

Los católicos tenemos las celebraciones litúrgicas de los sacramentos, en especial por su frecuencia, el de la Reconciliación y el de la Eucaristía. Siendo esta última de carácter comunitario o asambleario. En otras Iglesias tendrán algo análogo en las que participa toda la comunidad.

También tenemos la Liturgia de la Horas. Se considera la oración oficial de la Iglesia y básicamente es orar con los Salmos. En el enlace se puede encontrar on line y es de lo mejor que hay en la red.

Y devociones particulares hay mil y una. Todo son fórmulas y formalidades para tener entretenida a la mente, salvo desde la sencillez de la mística. No todo el que dice "Señor, Señor"... (ver Mt 7, 21)
 

La ascética: pistas morales

 

Los más racionales y los moralistas se ponen de los nervios al considerar esto de la contemplación. Entre los pastores de las iglesias o los guías espirituales puede haber mucho paternalismo: enfermedad de la paternidad. Tratan a las ovejas de su redil como inmaduros y así los mantienen: sin casi libertad y ciegos para caminar.

Hay padres (padres y madres) con un exceso de celo para con su hijo y más si es único. Están continuamente pendientes para que no caigan, para que no se ensucien, para que no se infecten; se alteran a la mínima que muestran cansancio, o no tienen ganas de comer, se lo dan todo,... los sobreprotegen. Esos hijos crecen como plantas de invernadero y en cuanto salen se marchitan, enferman,...

En la contemplación nos olvidamos de normas y reglas morales establecidas. No nos ocupamos en eso. La moral de los contemplativos es el lenguaje del dolor y la relación amorosa con la Naturaleza, la Vida y, quien sea creyente, con el Espíritu Santo, Cristo y el Padre.

En el fondo se trata de eso. Pero el común de los pastores piensan que la contemplación es una fase muy avanzada propia de otra gente más "especial". Forma parte de la crisis de espiritualidad que padecemos en Occidente y en el Cristianismo en particular.

Para los cristianos, las pistas morales que tenemos son los famosos 10 mandamientos. No solo afinamos poco en su cumplimiento sino que nos pasamos por el forro alguno de ellos, sobre todo el sexto a la mínima ocasión. También podemos tener como pistas morales las bienaventuranzas. O el resumen de los mandamientos y el mandamiento nuevo:

«"Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?"
Él le dijo: '"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.' Este es el mayor y el primer mandamiento.
El segundo es semejante a éste: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo.' De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas."» (Mt 22, 36-40)
"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34).
Los mandamientos de Dios son las pequeñas inspiraciones diarias para la calidad de nuestra relación amorosa y para avanzar por el Camino. Los mandamientos de Dios es dejarse querer por Él. Como en toda relación amorosa, es bueno estar en las cosas pequeñas. Todo avance es por un paso o una zancada. En cualquier caso, algo pequeño. Nuestra moral: dejar en el olvido al falso yo, obviar su palabrería, responsabilizarse de lo dañado que esté el Corazón y seguir (amar) a Cristo, Camino, Verdad y Vida.

Sabemos qué lenguaje habla el falso yo y cuál el Corazón y el cuerpo: discernir. Sabemos sobre el yo observante, sobre los comienzos y recomienzos, sobre los retrocesos y los aprendizajes consecuentes,... sobre la honestidad y franqueza con uno mismo.

Quizás haya esquemas y apegos que nos resistimos a dejarlos con el falso yo. Esto es como dejar una vela encendida al diablo. Pero sin duda, sabremos por el discernimiento cuáles son sus procedencias y el bien inmenso de liberarnos.

Lo que no hay que desdeñar y hay que tener en mucho aprecio es lo que hayan dicho los autores clásicos. Hay que aficionarse a leer autores místicos y el mismo Evangelio donde el protagonista es el Maestro de maestros y el nuestro.
 

Los pasos atrás

 
"Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio" (Rm 8, 28).

Por el hecho de existir, ya somos amados por la Naturaleza (causa segunda, para que no sulfuren los tomistas). Por el hecho de vivir, ya somos amados por la Vida. Cuando nuestra conciencia empieza a sospechar y quiere iniciar el camino de vuelta, se inicia ese diálogo amoroso en el que empezamos a corresponder al Amor de la Naturaleza, de nuestro Corazón: empezamos en verdad a amarnos a nosotros mismos.
«Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?"
Respondió: '"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas' y con toda tu mente; 'y a tu prójimo como a ti mismo."'
Díjole entonces: "Bien has respondido. Haz eso y vivirás"» (Lc 10, 26-28).
No caben medias tintas, como ya vimos. No sirve de nada tener una vela encendida a Dios y otra al demonio. No podemos servir a dos señores. Todo esto es tan estéril e, incluso, más nocivo que ser cerril.
Tal como empezamos a corresponder al Amor, nos amamos a nosotros mismos y a amarnos cada vez mejor. Conoceremos al Amor y así amaremos a los demás. Es un Camino en solitario asistidos y acompañados por el mejor de los Compañeros: el Espíritu de Dios Padre e Hijo, el Espíritu Santo.

Partimos con un grado de consciencia como atrofiado. Se despierta y por el Camino va creciendo y expandiéndose. Siempre sin olvidar nuestros orígenes y condición: partimos de un estado que con el tiempo veremos bien que es bastante lamentable (espiritualmente hablando); y nuestra condición siempre será la de seres sustentados por la Naturaleza (criaturas de Dios, hijos del Padre).

Es decir, nuestra conciencia siempre será limitada, siempre en desarrollo. Recordemos que el Camino es infinito y nada es definitivo. Cristo es la meta, podrá decir alguien. Sí, pero Cristo también es el Camino. Ponerse en Camino es como participar ya de la meta y la victoria.


En esta historia interminable, siempre habrán pasos en falso y retrocesos. Nos dejaremos llevar de nuevo por el falso yo que nos volverá a engañar con sus falsas soluciones facilonas y apetitosas, con su falsa libertad.

Debido a su limitación, la consciencia no alcanza muchas veces a ver sus avances, nos hastiamos y ponemos a prueba a Dios. Todo esto es como un Éxodo interior: salimos de la esclavitud hacia la Tierra Prometida.

Es al dar los pasos atrás cuando nos hacemos conscientes de lo que habíamos avanzado y que acabamos de perder. Llegan los lamentos. Podemos sentir el ego herido... pero, como niños, prontos a levantarse y volver a empezar: volver a separarse del falso yo, volver a clamar, pedir perdón, volver a amar el Camino, el corazón, la Naturaleza, el Espíritu que nos asiste. De todo se aprende: como dice la cita inicial, para los que aman a Dios, todo lo que ocurre es para bien.

Esto es un deporte de fondo. No es tanto ir rápido como ir seguros y mantener la motivación. Como en toda relación amorosa, hay que alimentar el amor a cada ocasión. No es una carrera militar en la que el expediente tiene que estar inmaculado. Superar las caídas son como medallas al honor y a la valentía. La Gracia nos asiste y encima nos condecora. Cada vez que nos levantamos, los ángeles lo celebran.

Serrat canta una preciosa canción de amor, "Lucía":
"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido,
nada más amado que lo que perdí".
"Si alguna vez fui sabio en amores
lo aprendí de tus labios cantores;
si alguna vez amé, si alguna día después
de amar amé, fue por tu amor, Lucía".
Donde Lucía es el objeto de amor y nuestro objeto de Amor en el Camino es el Corazón con sus penas, la Naturaleza, el Espíritu de Dios y el Camino mismo.

La noche oscura y la boda con el Esposo

 

Los contemplativos (todos lo somos) hablan de "la noche oscura". Se pasa por una etapa en la que Dios se antoja lejos, lo único que se puede contemplar es la oscuridad el sentimiento de pérdida. Es la absoluta soledad en medio de la Nada.

Aquí se propone precisamente empezar por el cuerpo escuchando el dolor aprendiendo su lenguaje, hasta que se dé esa unión espiritual de nuestra consciencia y el Corazón, la Naturaleza: nosotros con Cristo.

Sabemos que los pensamientos y los caminos de Dios no son nuestros pensamientos ni nuestros caminos. Si somos unos cerriles empeñados en ir por donde consideremos, todo será estéril, aunque de todo se aprende y con el tiempo todo se aprovecha. La conciencia que parte del yo falso no sabe el camino... y para ir a donde no sabes, has de ir por donde no sabes.

En el yo falso todo es realmente ignorancia para la tarea que nos ocupa. Es más, ni siquiera somos los que nos reconstruimos. Nosotros somos los que debemos dejar de poner resistencia y obstáculos para que la Naturaleza actúe y ejerza esa facultad que tiene de regeneración. El aprender esta lección nos costará un tiempo que podemos considerar como perdido pero en verdad es muy valioso.

Se hace necesaria la desnudez espiritual y volver a ser como un niño. Son actitudes sencillas pero que desaprendemos normalmente a la edad adulta. Son los modos de ser sensibles y dóciles a las inspiraciones e intuiciones interiores.

La aventura solitaria que va trazando el camino desde el yo falso al verdadero requiere de no-saber. Es algo a lo que no estamos acostumbrados ya que conseguimos por nuestra cuenta las cosas materiales o estamos al acecho. En nuestra vida externa estamos acostumbrados a hacer nosotros las tareas, a labrarnos nuestro destino (o con la ilusión de creer hacerlo), a ir detrás de las cosas con esfuerzo, a proyectar, construir y reparar con nuestras manos,...

En la vida espiritual, como ya podemos ver y comprender, por su naturaleza, es lo contrario: la existencia nos ha sido dada. Somos responsables de su deterioro pero no sabemos ni podemos arreglar el desaguisado. Solo sabemos reparar lo que hemos construido con nuestras manos.

Si en uso de nuestra libertad hemos dañado nuestra Naturaleza, solo nuestra Naturaleza nos puede reparar contando con nuestra libertad. Se trata de volver a ser amado.

De hecho, maestros de espiritualidad dicen algo tan llamativo como que no pueden nada, que son nada o menos que nada,... o que haya que negarse a sí mismo para seguir a Cristo por el camino de la Cruz a la Resurrección.

Recorreremos libremente el camino de vuelta al Corazón, al Amor, aún entando ciegos y desorientados en el punto de partida. El comienzo es clamar, lanzar SOSs, amar a Quien nos va a ayudar, tender lazos a Quien ya nos Ama.

Sí, el comienzo es tomar distancia del yo falso y observar todo en silencio. Y a la vez todo ese diálogo amoroso. Desde el Cantar de los cantares, esa unión, ese religarse (de ahí la religión), esa restauración del yo verdadero es análoga a una unión conyugal, una boda espiritual entre el yo consciente y el Corazón, la Naturaleza, el Amor, Cristo, Dios.
 

Nuevos modelos y nuevos conceptos

La vita è bella
 
 
En esta nueva serie de posts dedicados a la espiritualidad contemplativa, se han redescubierto y ampliado conceptos muy principales: razón, amor, corazón, ser, relación,... nos reconciliamos con la naturaleza e integrado en ella.
 
Hemos desdoblado la noción de libertad, la fundamental y la de opción o elección, y visto como se elimina el relativismo, que no la relatividad, al anteponer amor a verdad dado que el verdadero conocimiento se da al amar y no amando en función de una verdad.
 
Se ha rescatado del ocurantismo al cuerpo y colocado en su lugar muy preponderante, equiparándolo al corazón. Queda redefinido y ampliado el concepto de dolor. Se han rescatado del olvido conceptos como culpa y pena. Hemos visto en qué consiste la moral autónoma frente a la heterónoma. Y se ha puesto también en su lugar al placer. Y, muy importante, hemos sacado de la ciénaga nuestra animalidad y, con ello, devolviendo toda la nobleza a los animales.
 
Nos reconciliamos con nihilistas, sean ateos, agnósticos, no creyentes en la iglesia/curas, conversos a filosofías orientales,... y aprendimos cómo saber de otros lenguajes sin ser refractarios a nada. Precisamente, de manos de los orientales, aprendemos el concepto de energía, una dimensión nueva de la Creación.
 
Se han puesto sobre la mesa dos nuevos modelos. Uno sobre la Santísima Trinidad, nada más y nada menos. Un modelo dinámico donde el Amor es la Primera Persona anteponiéndolo, en orden al Ser, al Logos. Eliminando así la hipotética arbitrariedad de Dios, análogamente a cómo hacemos para "curarnos" del relativismo, y liberándolo de nuestras fantasías.
 
El segundo modelo propuesto es la estructura dinámica interna del hombre (varón y mujer), su estado actual, el estado originario y su proceso para lograr de nuevo la plena felicidad. Seguro que se puede pulir en su redacción. Un modelo que posibilita todos estos descubrimientos, ampliaciones y redefiniciones de conceptos.
 
Se saca a la Razón de la cárcel, de su inmanencia, de sus idealismos y sus utopías, nos sumergimos en la Realidad y nos responsabilizamos de ella, el Corazón encuentra su Paz y evolucionamos en capacidad de Amar.
 
No soy yo el que vaya a dar a todo esto el nihil obstat. Pero esto no es una teoría. Querido lector, viva, contemple, inicie el Camino.