a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _


Mostrando entradas con la etiqueta Espiritualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espiritualidad. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de febrero de 2015

Tiempo de conversión

silentium, arvo pärt
 
Siempre es tiempo de conversión, de sanar, de recuperar el norte, de desarrollar el verdadero yo, de eliminar el ego. Una y otra vez. Siempre es tiempo. Siempre nos apartamos sin consciencia y hay que volver, hay que recomenzar.
 
Presento ahora un esquema del proceso de conversión. Al final, notas para los no creyentes.
 
 
⎻ ㊘ ⎻ Escenario necesario.
 
Silencio interior y discernimiento:
{deseos, concupiscencias, idolillos, corrientes y tendencias exógenas-mundanas} y necesidades inmediatas y/o imperiosas.
 
... versus...
{daño, herida, desorden, carencia... en la propia naturaleza} y verdadera necesidad de Gracia.
 
⎻ ㊮ ⎻ Trabajo.
 
1.- Liberación de:
objetos de deseo / amor concupiscente / querencias exógenas-impersonales / dependencias materiales y afectivas.
 
2.- Apertura a la Gracia:
meditación, oración, corazón (ser), amor (obrar); Sacramentos.
 
3.- Ejercer continuamente (como en segundo plano):
- paciencia (sin tiempos ni plazos, esperanza),
- fortaleza (continuidad, seguir en camino),
- justicia (proceso de sanación / salvación / redención / obra de la Gracia), y
- templanza (serenidad, sensatez, equilibrio, ritmos sin tiempos).
 
⎻ 逃 ⎻ En otras lenguas.
 
Nota para los no creyentes:
- sustituyan Gracia por energía;
- Redención y Ralvación es sanación y armonía a todos los niveles.
- Sacramentos también son energía.
-la Reconciliación, liberación de culpabilidades, se refiere a desbloqueos energéticos y dinamizar su flujo.
-la Eucaristía es el "alimento" para revitalizar la energía.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El Corazón de Cristo Jesús

 
En Jesucristo contemplamos su Humanidad y su Divinidad, su Humanodivinidad y su Divinohumanidad. Considerando los textos de los Evangelios, el corazón pasa por alto la distinción de estas dos naturalezas, así como otras muchas de las consideraciones disciplinares del saber humano. Aún siendo su persona divina, su Humanidad siempre se nos presenta. Cuando su Divinidad no es manifiesta, sí lo es en su interior a Jesús. Y en ciertos, esa naturaleza divina parece que también se le oculta a Él mismo. Veamos. Aunque me parece que no todos ponemos la línea divisoria entre lo humano y lo divino a la misma "altura".


¿En el establo de Belén, se ve su Divinidad? Se la reconoce, más bien. Se sabe de ella por parte de sus padres y por nuestra parte. Los magos no adoran al Dios Encarnado, adoran al rey de los judíos. Los pastores no parecen conscientes de la trascendencia de lo ocurrido. Sienten un gran gozo, eso sí. Ven una familia maravillosamente humana, serena, transmisora de paz y alegría, feliz con el nacimiento... y un niño hermoso como ninguno.
"El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él." (Lc 2, 40)
El niño encarna a la misma Sabiduría, ok. Pero se iba llenando de sabiduría. Todo es muy humano y lo divino se le supone por el maravilloso desarrollo humano, no por destellos de luz por las comisuras de lo terreno o por las grietas de la Realidad.

A los doce años, con la educación y formación recibida en todos los ámbitos (humano, profesional, religioso, teológico, social,...), ya es consciente de quién es y seguro que también de su misión. En este episodio del viaje familiar a Jerusalén por Pascua, es muy simbólico sin mengua de su grado de historicidad. Las cifras son: 12 años de edad y 3 días perdido. Los padres pasaron por un calvario, pasión, muerte y hasta por una resurrección. Si José no estuvo vivo cuando lo condenaron y ejecutaron, ya tuvo un anticipo, su participación en ese dolor y su cooperación en la Redención. María igualmente, guardando todo en su corazón. Algo que, sin duda, rescatándolo de su memoria, le ayudó a vivir el tiempo en que su hijo estuvo maltratado y martirizado públicamente ante su presencia, muerto realmente y en espera de su vuelta.

Todo muy humano y aunque la mano de Dios estaba sobre él, su divinidad, más que verla, se la reconocemos por fe y la podemos adorar en verdad. Una divinidad que, por lo visto y por el momento, no se le oculta a él.


¿Cuándo se manifiesta la divinidad de Jesús? En su Bautismo, en la Transfiguración, prefiguradamente en las bodas de Caná y en la multiplicación de panes y peces, cuando perdona los pecados, en la confesión de Pedro y, de algún modo, en ciertas confesiones requeridas antes de realizar un milagro, en la resurrección de Lázaro aparece como forzada por las circunstancias, como pidiendo un favor al Padre, en la Última Cena y, sobretodo, en su Resurrección y Ascensión.

En mi creer, siendo lícito entre otras consideraciones, los momentos en los que su Divinidad se oculta tanto a nosotros como a Jesucristo son los relativos a su Pasión y Muerte. Es cuando vive el más completo abandono. No es un absoluto abandono ya que se encuentra con su madre y sus Corazones vierten en el otro su propio dolor, confirmándolos y fortaleciéndolos a ambos para consumar completamente la Historia. Puede incluso que María sea una ventana abierta hacia su Padre pendiente de los acontecimientos y de la suerte de su Hijo.

La energía de Herodes le debió ser bastante desagradable y la mejor posición a adoptar fue no responderle y, quizás, tampoco cruzar la mirada con él. Le vistieron de rey y le encasquetaron la llamada corona de espinas a palos, todo para reírse y mofarse de él. Lo azotaron con un látigo de cuerdas con una pieza metálica al final con la cantidad de azotes establecidos dejándole en llaga viva. Cargó con el madero al que iba a ser cosido, subió el monte, por si fuera poco, y colgó de unos clavos que le atravesaban las muñecas y los pies produciéndole, además del dolor, calambres según las posturas en que podía estar.


Sufrió en su espíritu, en su alma y en su cuerpo; abandonado por Dios, por los hombres y hecho trizas. Desde su Encarnación hasta su Muerte fue igual que nosotros. No pecó pero, en este último episodio, sí le causamos daño/pena y padeció dolor en los tres sentidos, como nosotros (que sí somos culpables).

La historicidad de estos hechos representan simbólicamente nuestro Camino y su Cuerpo el estado de nuestro corazón. En toda su vida nos muestra el Camino, Él mismo y el espíritu en que debemos afrontar nuestra vida y sus avatares. En la imaginería, su Corazón se representa como su Cuerpo: llagado, con la corona de espinas y encendido de Amor.


Contemplar su Humanidad nos hace mucho bien y es una gran enseñanza. Amar su Corazón es contagiarse de su Amor, conocernos, ganar en consciencia, abrirse y ofrecerse para recibir su Salvación y Salud, permitir que consume su Amor para con cada uno de nosotros y consumir nuestro Amor por Él, fundiéndonos en uno.

Nunca hay que olvidar al Corazón de María y a María misma en nuestro trato íntimo. SuCorazón igualmente encendido está atravesado por una espada (o siete), tal como profetizó Simeón. Ella "suple", valga la inexacta e inadecuada expresión, a Cristo cuando se nos antoja oculto o dormido, distante o indiferente. En esos momentos, ella nos lleva a su presencia de modo dulce y suave a nuestra alma, y nos consigue el retorno a nuestra unión esponsal con Él.

Los Sagrados Corazones de Jesús y María nos acercan más y de una manera especialmente más humana si cabe a la Vida en el Espíritu y al Padre. Nos facilitan el conocimiento del Misterio y encienden nuestro corazón para saber amarnos a nosotros mismos y a los demás tal como nos amamos, para afrontar todas las situaciones y vicisitudes de nuestra vida personal, social, intelectual, política,...
"He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!" (Lc 12, 49)
 

domingo, 5 de octubre de 2014

La autocompasión y la compensación

 
 
Se desata una terrible tormenta, viento y mar enfurecen, cae un chaparrón tremendo, la barca es ingobernable, fuertemente zarandeada y cayendo sobre ella las grandes olas. La barca corre grave peligro de naufragar y todos temen seriamente por sus vidas. Todo queda fuera de control. Qué es el hombre sorprendido por catástrofes naturales? Una hoja de árbol caída a merced de una suerte en contra. Y en esos momentos, Jesús permanece durmiendo en proa como si estuviera balanceándose en una hamaca o mecido en una cuna.

Nos podemos enervar y sernos imposible el contemplar, no poder ser conscientes a distancia de nuestros yoes y de la realidad circundante, y, por tanto, ser incapaces de capear el temporal con templanza y señorío. Nos vemos en medio del fragor y el caos de un choque de egos, una batalla en la que todos pierden. Pegados al falso yo, tememos y nos volvemos iracundos o hacer gala de otros mecanismos de defensa.

Oración? Ir a proa, no perder el norte, allí está Jesús durmiendo. Sacudirlo para que despierte y decirle "que perecemos, Señor!".

Nos dirá hombres de poca Fe. Pues en esos momentos de ira divina no estamos viviendo la vida del espíritu, la Vida en el Espíritu, en su Espíritu. Viviendo la Vida nueva, de la que ya tantas veces hemos hablado, no hay temor, no es necesaria la ira (como pasión vital), puesto que es la vida verdadera y no se teme por la muerte. El falso yo sí que es todo temor puesto que es totalmente inconsistente, sin entidad real: necesita recurrir a sus mecanismos de conservación. Mientras no tengamos la suficiente Fe, esa fortaleza en la unión con el Espíritu y mantener nuestra capacidad contemplativa para gestionar la situación, forzamos a Cristo a cesar el temporal y a calmar las aguas: lo provocamos, lo ponemos a prueba, como una especie de tentación de las que tuvo en el desierto.

Estas cosas pasan cuando luchamos contra el mal. Este es otro aspecto de nuestra falta de Fe y de Esperanza. Lo que conlleva necesaria e indefectiblemente a una falta de Caridad: con la ira pretenderemos estar dominando y, si es posible, machacar al mal sin distinguirlo de la persona que "lo lleve", sea uno mismo o un prójimo. El mal alimenta su fuerza con nuestra fuerza en batallarle: lo que se llama "escalada de violencia". En realidad, nuestra fuerza contra el mal es una fuerza del mal. El mal siempre vencerá, sea el contrario o el de uno mismo. En ambos casos, sin distinguir uno de otro, siempre nos sentiremos derrotados a poco que nos quede un resquicio de consciencia (siempre queda algo).


Qué ocurre en el falso yo cuando la ira no se despierta? Necesita otro mecanismo de defensa; no puede permanecer indiferente. En esa situación, el falso yo recurre a autocompadecerse: entra en el estado permanente de queja. El falso yo no está conforme con nada, no termina de aceptar nada, le resulta todo incómodo y molesto, se ve desubicado,... y todo son excusas y sinrazones. En el fondo, aunque tenga la razón (al menos en el análisis crítico), y como ya sabemos, el falso yo quiere soluciones inmediatas: ira o queja.

Ambas son muestras de inmadurez, ambas son reacciones infantiles. Dado que los niños, aún en su verdadero yo, por edad son incapaces o no saben, teniendo necesidad de sus padres, de su ayuda ejemplar. No olvidar que el verdadero yo también puede recurrir a la ira como nos ilustra Jesús con los mercaderes del Templo. Un niño derrotado y sin ayuda será una persona autocompasiva. Un niño acostumbrado a satisfacer sus caprichos con rabietas será iracundo. Un niño que consigue sus propósitos haciéndose el débil y dando lástima será una persona tóxica y manipuladora.

La autocompasión es un detenerse. Las cosas no pueden quedar para el falso yo en un sentirse derrotado, en un sentirse incapaz o superado por la situación. Necesita superar esa frustración, como volviéndose a sentir vivo, dejar esa soledad deprimente (si no llegan las depresiones). Lo inmediato es compensar de algún modo ese dolor de dos formas: buscar en otros el afecto, la aprobación tergiversando la verdad y mintiendo, mostrando su buenismo, su pretendida cara tierna, su "alegría" como si fuera poseedor de la verdad; o crear y satisfacer otras necesidades como comer, beber, jugar, eludir responsabilidades, evadirse, placer sexual, dominación de otro más débil,...

Y aún queda un recurso antes de deprimirse si nada de esto puede funcionar: la de unirse al enemigo, como dice el refrán. Pero el enemigo suele ser tan incoherente, egoísta e inmaduro...

Sólo con el despertar de la consciencia, la contemplación espiritual, la vida del Corazón, vivir en Camino hacia él, alcanzamos la madurez. Acometeremos entonces la verdadera solución o prevendremos el problema al ver más allá de nuestras narices y conoceremos verdaderamente la Realidad. Sólo así se vive la Fe, la Esperanza y el Amor.
 

miércoles, 1 de octubre de 2014

La soberbia y el orgullo

mi realidad, lori meyers
 
Dice el refrán: "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".
 
 
Al dejar la mente libre, al aquietarla, al distanciarnos de los pensamientos, de los sentimientos, de las sensaciones, del estado de ánimo, de las preocupaciones, de las ilusiones, de las alegrías, de los problemas, de los momentos de felicidad, de euforia, de la enfermedad y de la salud, del malestar y dolor corporal, la vida o poca vida de nuestro espíritu,... en definitiva, al separar la mente del yo falso para contemplar nuestra realidad de frente, con franqueza, con valentía a veces, sin vergüenzas otras veces, sin herirnos en el orgullo, siendo esto el comienzo de la humildad, en la cada vez mayor plena consciencia de nosotros mismos a todos los niveles ante la Naturaleza y ante Dios, al distanciar el yo consciente del yo falso, como decía, los pensamientos que nos resultan molestos o que pensamos deben pasar, seguramente pueden estar enmascarando dolor.
 
La misma molestia de un pensamiento ya es un dolor en sí mismo: un dolor de nuestro orgullo o por soberbia. Y por el contrario, también esos pensamientos de los que nos podemos regodear ocultan carencias que hablan con dolor: vanidad, dominio o incluso abuso que pueden indicar problemas en la infancia no resueltos, propiedades y consumos, estatus, momentos alegres y de diversión que pueden indicar mucha soledad no buscada, ansia de placer que pueden indicar las insatisfacciones no asumidas y, por tanto, no sanadas correctamente,...
 
Son pensamientos que no debemos reprimir sino ir detrás de lo aparente a ver con qué nos encontramos.
 
 
La soberbia es convertirse en norma moral. Así estamos cegados para reconocer lo bueno de lo malo. Por la soberbia somo capaces de, por ejemplo, abusar emocional y físicamente de nuestra pareja sin remordimientos de conciencia. Se está cegado para ver el sufrimiento del otro si lo causa uno mismo. Para el soberbio, todos los demás actúan mal y debe forzar a los demás a actuar según él. Él tiene que ser el amo y señor de todo y de todos. La persona soberbia despojada de su soberbia es un don nadie, un niño enfermo e indefenso.
 
El orgullo es algo muy sensible. Se siente herido o extasiado por todas las actuaciones de los demás con uno mismo y por todos pensamientos y recuerdos según le sean negativos o positivos pasando por el tamiz de la soberbia. La persona orgullosa enmascara su egoísmo frustrado. Siendo el egoísmo el solo pensar en uno mismo y actuar solo por uno mismo sin tener en cuenta a los demás. Solo amarse a sí mismo (siendo falso este tipo de amor).
 
La conjunción soberbia-orgullo configuran la moral del falso yo. Es lo más pegajoso del falso yo. Siempre estaremos discerniendo la soberbia y el orgullo para llegar a la verdadera causa del dolor para poder sanar.
 
La Vida del Espíritu es la verdadera norma moral: ama y haz lo que quieras. La libertad del Amor. Asuntos ya tratados.
 

martes, 16 de septiembre de 2014

Amar al enemigo

 

Este punto es como una piedra de toque. En su día, a mucha gente le resultó repugnante y se fue cuando Jesús dijo que había que comer su Cuerpo y beber su Sangre. Supongo que los Apóstoles se encogieron de hombros y le dieron un voto de confianza. Pedro le dijo que solo Él tiene palabras de vida eterna y esperaría a ver en qué queda todo eso.

No sé cómo la gente reaccionaría cuando Jesús dijo eso de que hay que amar a los enemigos. Pero hoy en día es algo de que nos deberíamos confesar muy a menudo, si no hemos tirado la toalla o hayamos mandado la Fe a tomar viento.

"Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen.
Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente." (Lc 6, 27-31)

Ahora, leyendo esta cita, me llama más la atención eso de no reclamar a nadie que tome de lo mío. Lo de amar al enemigo, al fin y al cabo, no tengo enemigos solemnemente declarados, no tengo ninguna pendencia declarada con nadie.

El contemplativo sabe que luchar contra el mal es mal. Así que como mínimo, ante un enemigo, se queda encogido de hombros como diciendo "no sé cómo abordar esto pero no me nace enzarzarme con ese; le dejaré hacer a ver".

El falso yo se desea y se relaciona con cosas; y si hay que pasar por encima de alguien se pasa. El Corazón o verdadero yo se relaciona con Corazones. Esto lo sabemos, así que quien haya abandonado al falso yo y viva la vida del Espíritu será capaz de ver el corazón de su posible enemigo.


El contemplativo está desasido de todo y en ese sentido está despreocupado de todo. Por una parte, qué le puede hacer un enemigo? Y por otra, verá al Corazón de su enemigo sufriendo y oscurecido por su falso yo. No podrá más que, al menos, sentir lástima y compasión por su supuesto enemigo. El contemplativo, tal como se conoce y se ama, conoce y ama a los demás. Es el falso yo el que necesita poseer cosas y puede verse amenazado por todo, por quien le haga sombra, por quien le impida ser el centro y el rey del mambo.

Quien haya meditado sobre el mal, sobre el bien y sobre la no batalla del bien contra el mal está a un paso de amar al enemigo. Quien tiene la serenidad y la templanza de la vida nueva, la del Espíritu, podrá ponderar con claridad, lucidez y naturalidad estas cosas ante cualquier situación.

Pero a todo esto, quién puede ser enemigo nuestro? Nadie puede atentar contra nuestra unión con Cristo en el Espíritu. Quien tiene esa experiencia lo sabe y no porque lo diga Pablo a los romanos. Nadie puede atentar contra el ser salvo Dios y éste no lo va a hacer, ni puede. Dios solo puede amar y solo nos va a restaurar y dar Vida cuando nos dispongamos.
"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: 'Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero.'
Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó.
Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro." (Rm 8, 35-39)

Enemigo es nuestro falso yo y el falso yo de los demás. Cuanto más estemos entrenados en abandonar al propio falso yo y tomar el camino del Corazón, tanto mejor nos resultará abandonar al falso yo de los demás y relacionarnos con sus Corazones, amarles como nos amamos, bien sean amigos o enemigos.

El falso yo, además de hacer daño al propio Corazón, puede hacer daño a los demás Corazones. Y puede haber una persona que nos esté dañando. Hay personas que estando con ellas contagian paz porque son pacíficas. Hay personas que contagian nerviosismo, tensión, el sufrimiento de su Corazón, la rigidez de su falso yo, la dureza de su Corazón.

Hay personas tóxicas que para ser el "eje cósmico" para que todo gire entorno a ellos tiene que someter a los demás y más si tienen una posición de autoridad, volviendo dictadorzuelos y tiranos. No por odio directo sino a través de la actividad de su falso yo y lo inconscientes que son.

También hay personas que odian. El odio puede ser un paso más allá de la envidia. Puede ser porque se sienten amenazados, ven peligrar su carrera, su ascenso, sus mecanismos de defensa y no quieren verse tal como son,... Odian por miedo y su odio puede dañar también nuestro Corazón-Relación.


En la medida de nuestra Fortaleza de espíritu, Don del Espíritu, no síquica ni física, podemos ver zozobrar nuestra barca. Y veremos a Cristo dormir en ella. Nunca pasa nada con Cristo. Y si lo despertamos, nos dirá comprensivamente "hombre de poca Fe".
"De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.
Acercándose ellos le despertaron diciendo: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!"
Díceles: "¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?" Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza." (Mt 8, 24-26)
Este pasaje siempre me hace sonreír. Las olas cayendo sobre la barca y Jesús durmiendo. Eso es tener sueño, la conciencia tranquila y no ser temeroso sino señor.

En cualquier caso, sea cual sea nuestro enemigo (y al igual que con los amigos), seguiremos siendo contemplativos (no se deja de serlo), seguiremos siendo Cristo, seguiremos escuchando el dolor, seguiremos amándonos y seguiremos dejándonos amar siendo ofrenda, seguiremos amando a los Corazones de los demás sean quienes sean,...

Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.
(Dn 3, 39-41)
Palabras que ya sabemos cómo nos iluminan.
 

domingo, 14 de septiembre de 2014

Ser Cristo (2/2): para seguir siendo Cristo

 

Conocer el Amor solo es posible desde la vivencia. Con el post anterior, es la tercera vez que aparece lo de ser ofrenda y aún no es suficiente para expresarlo. Solo se pretende que sea motivador. En cierta manera conocemos el Amor porque somos Amor, pero siempre un paso más allá es algo que "ni ojo vio ni oído oyó". El Camino no está definido ni marcado. El Espíritu de Cristo nos irá proveyendo de Sabiduría.

Ser Cristo es vivir la Vida del Espíritu. Más allá de ir con sandalias, dejarse el pelo largo o dar latigazos a los vendedores de merchandising en Lourdes. Escuchemos otra vez a Pablo:
Hermanos: Yo, Pablo, para la ley estoy muerto, porque la ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios. Pero si la justificación fuera efecto de la ley, la muerte de Cristo sería inútil" (Ga 2, 19ss).
Pablo tampoco es platónico. Tampoco puede ser seguidor o imitador de Cristo. Eso, lo resaltado, es ser Cristo. La justificación es dada por la Misericordia de Dios (con sus Manos que es la Naturaleza) dejándose querer, siendo ofrenda.

Un himno litúrgico dice:
Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!»
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

Todo lo expuesto en la primera parte para empezar la vida contemplativa es todo un ritual, un rito cristiano (independiente de la denominación a la que uno se incorpore). Es lo que da nombre a este blog. También es un rito humano incluyendo a nihilistas, judíos, budistas,... Pero como conozco mejor el lenguaje cristiano, me parece que voy mejor con la Fe cristiana. Seguro que es trasladable a otros lenguajes. Los lenguajes de la espiritualidad budista o taoísta son bien entendibles por un cristiano a poco que conozca bien su espiritualidad (no la doctrina, no un texto de Pablo o de Mateo).

Este ritual es la celebración Pascual. La Pascua es la escenificación histórica y simbólica de nuestra vida interior: el paso de la esclavitud a la libertad y el camino a la tierra prometida. En la noche de Pascua, los judíos cenan, se ciñen la cintura y se preparan para partir a lo que les espera: la vida con Dios.


Cristo celebró dos noches antes su última Pascua con sus discípulos (en su vida terrena). La celebró en la noche del jueves anterior porque esa era la noche en que partía. En esa noche empezaba su particular Éxodo, la función sagrada del cumplimiento de la Promesa y el sello de la nueva Alianza de Dios con los hombres: juicio, tortura, condena, llegada al cadalso, ejecución... y Resurrección. Como oveja muda y mansa ante los trasquiladores (Is 53, 7). No lo prendieron, se entregó libremente.

Cristo recibió la condena de nuestro falso yo para que abandonemos a tal yo. Sufrió en sus carnes el daño de nuestros Corazones, el que heredamos, el que nos infringimos y el que nos causamos unos a otros, para que tengamos consciencia. Murió pagando el precio de nuestro rescate, dando su Cuerpo y su Sangre, para nuestra alimentación espiritual. Resucitó como rúbrica de su Palabra, para que tengamos Fe y saber que es válida.

La Cruz es el árbol de la Vida que está en medio de nuestro Paraíso interior. Comer su fruto (como nos dijo en la Última Cena), recibirlo y entablar relación en nuestro interior, da Vida y alimenta la Vida.
"Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío."
De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros"." (Lc 22, 19-20)

Como el sacrificio que celebró Abraham con su hijo, Cristo fue el Ara, la Ofrenda (el Cordero de Dios) y Sacerdote oficiando el ritual del sacri-ficio. Sacro-hacer, hacer sagrada la ofrenda: muriendo a este mundo, a nuestros falsos yo, y naciendo al Espíritu, a la Vida, la resurrección de nuestro espíritu. Nos hacemos hermanos de Cristo, hijos del Padre y esposados con el Espíritu de Cristo.

Somos Cristo. Solo que en Jesucristo, la unión entre el Espíritu de Cristo como Dios y el espíritu de Jesús como Hombre es hipostática. En nuestro caso, esa unión hay que promoverla, mantenerla, alimentarla, recuperarla, fortalecerla, consolidarla. Para eso celebramos el bautismo (la salida de Egipto), la reconciliación cada vez que tengamos que liberarnos de culpa y la nueva cena pascual o banquete celestial, para alimentarnos de su Cuerpo, su Sangre y su Palabra.

La culpa no es más que un distanciamiento nuestro del Espíritu de Cristo, como dar unos pasos atrás. Nuestro espíritu está como inútil e incapaz: muerto o tullido. Hay que invocar a la Vida, volver a ser ofrenda. Al ser perdonados, volvemos a recibir el Espíritu.

En el Espíritu, es magnífico leer las Sagradas Escrituras y textos de espiritualidad, especialmente mística. Por ejemplo, del himno de los redimidos que toma versículos del Apocalipsis:
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Se distingue el sacerdocio real del ministerial. Todos somos sacerdotes, nos hacemos ofrenda para recibir el Espíritu y empezar el Camino. Los ordenados sacerdotes, los ministros, son los que presiden, ofician o son testigos en las celebraciones eclesiales, en el culto, ante la comunidad.

Con el sencillo acto de orar "Jesús, hijo de Dios, ten piedad de mí" estamos celebrando el misterio de la Vida.

Cristo, sacerdote, profeta y rey, nos hace sacerdotes, profetas y reyes. Somos un pueblo de reyes, donde se da la máxima igualdad, la mejor fraternidad y la mayor libertad. Una anarquía co⸮⸮nuda.
 

Ser Cristo (1/2): para empezar a ser Cristo

 

Los cristianos somos seguidores de Cristo? O somos imitadores suyo? Mi respuesta sería que nada de las dos cosas. Quien quiera ser seguidor que lo siga y quien quiera ser imitador que lo imite. Pero hay gente que ni puede ser seguidor y ni imitador y no es por falta de intentos. Afortunadamente hay gente que no es platónica.

Ser contemplativo no es algo accidental y estar recordándonoslo de vez en cuando. Ser contemplativo es algo constitutivo del contemplativo, valga la redundancia. Clama sin cesar. No es cosa de conectar y desconectar. No es cosa de ser platónico o aristotélico, hegeliano o derridasiano. Tampoco es algo que sea cansino.

Todo lo contrario: ser contemplativo es un descanso. Un contemplativo siempre verá a los demás más azarosos, ansiosos, enervados, alterados, belicosos,... más que él mismo.
"Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; 'y hallaréis descanso para vuestras almas.'
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera." (Mt 11, 28-30)
Tomar el yugo de Jesús es un descanso porque es suave. Y además su carga es ligera.

La vida en el falso, y más quien pretende ser cristiano, hace de la vida una carga pesada y puede que muy dura. La carga nos puede superar, por eso he destacado "sobrecargados" de las palabras de Jesús. Como dice el chiste: bebo para ahogar las penas, pero las penas saben nadar.

Y si la inconsciencia pesara... Y la verdad es que pesa. Sin consciencia somos como esa mosca que busca la luz pero se topa con el cristal de la ventana, refunfuña y refunfuña. A la larga, la inconsciencia es algo estéril y agotador (doblemente agotador).

Recurrir a Cristo porque pensamos en nuestro ideal bello y sublime, porque nos autoconsolamos, desconectamos un rato, y "contemplamos" qué bonito sería si viniera el Reino de Dios y qué armoniosa es la Sagrada Familia y cuánto se servían entre ellos teniendo a Dios en los brazos acunándolo,... es, cuanto menos, repelente. Cristo revela el hombre al hombre. Al ir a Cristo se expande la consciencia y, además, tener su cercanía (no una imaginación), ser consolado, ser su discípulo (ser enseñado) y, en su momento, ser sanado.

Para ser contemplativos hay un inicio: empezar a ser consciente de la actividad del falso yo, desapegándonos de él y observarlo/contemplarlo; y escuchar el dolor que es la voz del corazón dañado y de la ausencia del espíritu de Vida. El dolor no es solo algo físico. También es algo somático, síquico, espiritual y relacional (y con las relaciones, el dolor de los demás). Al decir Corazón se trasciende estos cuatro niveles llegando a la unidad del ser individual con sus relaciones con los demás y con la Realidad. La actividad del Corazón es nuestra esencia. Somos Amor a como análogamente Dios es Amor, o viceversa. Es nuestra Naturaleza.

Hay que recordar que las relaciones no es algo conceptual. Es constituyente de nuestra alma, de nuestro principio vital. Es una extensión del nuestro Corazón, es tan Corazón como el centro del Corazón y son bidireccionales. Y las relaciones pueden estar dañadas o pendientes de desarrollo. Puede fallar por nuestra parte o por parte del otro. Por la relación también oímos el dolor del otro.

El contemplativo ni está encerrado en sí mismo, ni se tiene que proponer ir al mundo y predicar el Evangelio, valga la expresión. El contemplativo puede llegar a oír todos los dolores, está abierto a toda la Creación que gime con dolores de parto hasta que se manifiesten los hijos de Dios.
Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios.
La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo. (Rm 8, 19-23)
Que grande fue Pablo!

Y por el contemplativo, al igual que su Corazón y su espíritu sana, también se sana el de los demás.

De estas dos actividades del inicio se diría que es necesario hacerlas en soledad cesando momentáneamente la actividad diaria.

Después hay que ponerse en camino por esa travesía del desierto. Para ello la actividad fundamental es ponerse a disposición, ofrecerse, facilitar la actuación de la Naturaleza y de Dios en nosotros. Ponerse en sus manos, su Providencia, su Voluntad. Se tiene que partir de esa decisión y acto voluntario libre.

Qué supone ponerse en sus manos y ser ofrenda? Es un acto de confianza, de Fe (aunque no sea de Fe que la Naturaleza tenga capacidad de regenerarse, porque la observación científica lo certifica). Es un acto de confianza y así se lo debemos decir: "confío en Ti". Qué es la oración si no? Es un acto de Amor y así se lo debemos decir. Si no amáramos a la Naturaleza y a Dios no estaríamos dispuestos a recorrer el Camino. Si no se corresponde a su Amor, no nos dejamos querer. Es un acto de Esperanza y así se lo decimos. Es una ilusión de deseos y así se lo decimos. Es una alegría el que sea esto el principio del fin; es una alegría estar en el "Verdadero Camino de la Vida".

Sobretodo, ofrecerse es dejarse querer: ser amado precisamente por la Naturaleza y por Dios. Somos amados porque somos sus criaturas, sus hijos y vamos a ser rescatados, salvados, sanados y restaurados. Y con nosotros los demás, también en la medida de su sencillez. Y así lo debemos saber, sentir y pedir.


Por ser amados debemos pedir más Fe, más garantías, más Esperanza, más capacidad de Amar y saber mejor Amar. Reclamar o apelar a su Misericordia para nuestra justificación, para que se nos haga Justicia. Esto, en lenguaje bíblico, es como que se restaure el Corazón de sus daños, la santificación. Llegar a ser justos es como alcanzar nuestro objetivo, llegar a ser el mismo Cristo, aunque al ponerse en Camino ya es como "haber llegado a la meta", ya es estar con él, en Él y por Él. Ya es estar siendo como Él fue en este mundo y como es.

Dios nos amó primero: sabemos que podemos confiar y devolver Amor por Amor. Al ser amados y en la medida de nuestra respuesta, recibimos su Vida, su Espíritu. El Espíritu Santo nos va a vivificar y animar los pasos, nos va a consolar y a defender. Estar vivo es condición sine qua non para que todo salga adelante. Así pues, tener nuestro espíritu vivo es condición para caminar y para experimentar vivencialmente el transcurso del Camino. Lo que nos va a dar sabiduría, cada vez más fortaleza (más seguridad ante las tretas del falso yo y de los otros falsos yo) y el resto de sus dones. Que como dones también hay que desear y pedir.

"Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios."
Dícele Nicodemo: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?"
Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu." (Jn 3, 3-6)
Nuestra relación con Dios es paterno-filial. Ante Él somos niños como decía Jesucristo, desnudos, naciendo y nacidos de Espíritu. Y heredando ya la Herencia: su Vida, su Espíritu. Habiéndola rechazado o dilapidado (en la vida del falso yo), ahora nos vuelve a tomar como hijos de pleno derecho. Y lo hará siempre que haga falta. Su fidelidad dura por siempre.

Ser querido por Dios y ser niño, honesto, noble y sin doblez, ante Dios es ser manso y humilde de corazón.

Dejándose querer, ser ofrenda: ahí empieza la aventura. Ser ofrenda es como un bautismo.
 

viernes, 12 de septiembre de 2014

Sta. María, los ángeles y los santos

 

Ya debemos comprender eso de que Dios es más íntimo a nosotros que nosotros mismos (s. Agustín). Al abandonarse en sus manos haciéndonos ofrenda, al vivir esa Vida y al ir experimentando esa regeneración, contemplaremos esa verdad. Dios es nuestro centro interior. De ese centro brota la Gracia, el agua viva, el manantial que busca la cierva (Sal 42, 2). Dios mismo es Don para nosotros y quien nos da el Espíritu, la Vida y la Guía.

Todos los recursos que necesitemos, los tenemos dentro: ese es el Buen Pastor.
"Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: "El Reino de Dios viene sin dejarse sentir.
Y no dirán: "Vedlo aquí o allá", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros."
Dijo a sus discípulos: "Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Y os dirán: "Vedlo aquí, vedlo allá." No vayáis, ni corráis detrás". (Lc 17, 20-23)
Podemos estar en medio de una noche cerrada, sin dirección, perdidos, en una terrible tormenta,... y nuestro falso se erigirá como alguien resolutivo buscando una solución inmediata aquí y allá: un cambio de lugar como huida, un refugio en el placer (alcohol y drogas, fiesta y evasión, sexo, comida,...), ir compulsivamente de compras, etc. o estallar violentamente. Podemos buscar solución en la primera secta que se cruce con nosotros, hacernos seguidor de un líder o de alguien que se nos antoja modelo a imitar (aunque digan que ese modelo se llama Cristo). Seríamos ovejas sin pastor perdidas e indefensas: carne de cañón. Todo eso que propone el falso yo como solución rápida y eficaz son los ídolos y dioses muertos.

Sólo Dios basta (sta. Teresa de Jesús).

El post anterior terminó hablando de oración ya que Dios Padre (creador), Cristo (Modelo), el Espíritu (vivificador y defensor), la Vida, el Camino, la Naturaleza, el Corazón, todas esas realidades interiores se nos hacen Presencia y con cada una de ellas entablamos relación.

La Fe nos hace conocer que la Realidad es personal. Es decir, que detrás de las realidades más sensibles como son la Naturaleza, la Vida, el ecosistema, el planeta, el Cosmos, el Corazón,... hay personas, en este caso, divinas.

Junto con Dios, también nos acompañan otras personas. Ya no son íntimas y constitutivas de nuestro ser, aunque con ellas nos relacionemos desde nuestra intimidad.

Una persona muy especial es sta. María, Madre de Dios (para quien tenga la Fe de que Jesús es Dios y Hombre). Sta. María es la llena de Gracia (desde siempre lo fue) y se turbó al oír que se lo decían. Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo. Nadie mejor que ella. La llamamos bienaventurada todas las generaciones.

María nos enseña a ser hijos de Dios, a ser infantes y desnudos espiritualmente, nos enseña a ser hermanos de su Hijo y nos enseña a "desposarnos" con el Espíritu. María personifica el rostro femenino de Dios: Dios es Padre y Madre.

Nadie como sta. María para facilitarnos la Presencia de Dios, de Cristo, de la Vida,... En momentos de retroceso, de caída, de pérdida, de confusión, de tormenta, de cualquier dificultad interior, nadie como María nos acompaña con su cercana y dulce presencia para que volvamos a encontrar el Camino, con Espíritu y Vida.

La asistencia y el amor de nuestra Madre es cuasiesencial.

De los ángeles destacar los Arcángeles y los ángeles de la guarda. Junto con los demás, cada ángel tiene su virtud, su energía y su misión.

De los santos no voy a destacar ninguno, salvo a s. José. Hizo de padre del Mesías. Jesús era el hijo del carpintero.
Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: "¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?"
Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: "Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio."
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe". (Mt 13, 54-58)
Jesús creció con total normalidad en su pueblo. José lo crió y educó como hombre de la época. Le enseñó una profesión. Cuando dudó, hizo votos de fidelidad. Cuando corría peligro su hijo, emigró con su familia a Egipto a empezar de cero. Y cuando se pudo, volvieron a Nazaret. Fue cabeza de familia y digno padre del mismísimo Ungido de Dios. Nadie como él y su esposa contemplarían y amarían a Jesús. Es un compañero y un ejemplo muy a tener en cuenta en el Camino. Es Patrono de la Iglesia y de cada familia.

Podrían destacarse también a los Apóstoles y a s. Pablo. Santos hay para (casi) todos los gustos. Como de los vivos y de los muertos, de todos podemos aprender. No son utopías ni ideales. Los santos son gente que han recorrido su Camino interior, según los designios inescrutables del Padre. No han sido idílicos en su niñez, ni en su madurez, ni en su muerte. Han ido siendo fieles al Amor, sin detenerse en su Camino sin término (qué son la caídas, los cansancios, las tribulaciones, las dudas, los abandonos,...!).

Santos pueden ser también antepasados y familiares difuntos queridos, de los que sentimos su presencia y sus buenos efectos. Quizás más cercanos, activos y eficientes que los más importantes de entre los canonizados por la Iglesia.

Eso sí, siempre sin perder nuestro centro, nuestra fuente de agua viva; sin perder las Presencias esenciales.


Terminado el post, añado unas palabras de s. Bernardo abad sobre sta. María que nos pueden ayudar e ilustrar. A María se la simboliza como estrella, bien del mar (la Polar), de la mañana o lucero del alba (planeta Venus) o estrella de oriente (cierta conjunción astral). Así como la aurora.
Tú, que piensas estar en el flujo de este mundo entre tormentas y tempestades en lugar de caminar sobre tierra firme, no apartes los ojos del brillo de esta estrella si no quieres naufragar en las tormentas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te precipitas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres zarandeado por las olas de la soberbia o de la ambición o del robo o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira o la avaricia o los halagos de la carne acuden a la navecilla de tu mente, mira a María. Si turbado por la enormidad de tus pecados, confundido por la suciedad de tu conciencia, aterrado por el horror del juicio, comienzas a ser tragado por el abismo de la tristeza, por el precipicio de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te coges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: Y el nombre de la Virgen era María.
 

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Don del Espíritu y la Oración

 

Antes de emprender el Camino al verdadero yo, nos vemos como una unidad, amalgama del falso yo y del Corazón sometido. Al distanciarnos del falso yo, vamos discerniendo cada vez mejor al yo falso del Corazón. El yo consciente toma vida y se encamina hacia su verdadero fin, feliz y sanándose atendiendo al dolor y a través de ese terreno desértico que es nuestro subconsciente.

El Corazón (con las relaciones) se libera y empieza a sanar, la consciencia se expande, empezamos a saber eso del amor y nacemos al espíritu. El Corazón deja de estar condicionado y oprimido por esquemas, razonadas sinrazones, ideologías y vanidades que necesita el falso yo para tapar su miseria, su vergüenza, su vacuidad y su fatuidad. Y si la culpa nos paraliza, tendremos que alcanzar el perdón con lo cual hay que perdonar a los demás.

Para esto hay que ser como infante, claro, honesto, sincero y sin doblez (desnudo) para con uno mismo y para con Dios y la Naturaleza (sus manos); seguir la senda del dolor porque es la voz de aquello a sanar; y ser ofrenda que es como ponerse en sus manos, saberse querido, dejarse querer y dejarse sanar.

Abandonando al yo falso y liberándose de culpas, volvemos a la Vida. Empezar y seguir el Camino es signo de Vida. Conociendo la Vida y distinguiendo al falso yo, somos conscientes de la muerte y de lo que supondría dar algún paso atrás. Habiendo experimentado la muerte, el vivir es un Don. Todo se convierte en un Don: la Vida, el Camino, el dolor como lenguaje de la Naturaleza y del Corazón, poder amar, cada pequeña sanación,... el amanecer, la noche, los animales, la montaña, el mar,... la familia, cada amigo y compañero,... la inteligencia, las destrezas, la profesión, los hobbies,...


Esa Vida es por nacer al espíritu, la da el Espíritu vivificador. Al ser uno mismo ofrenda a Dios y a la Naturaleza, siendo nuestro acto de amor total e incondicional a Dios, al ser consciente de ser querido, nos invade el Espíritu vivificador. Si Cristo es nuestro fin (el corazón, el verdadero yo), al tener ya su Espíritu se convierte ya en prenda de Salvación, de unión plena y constante con el verdadero yo con la Naturaleza restaurada. Antes de la unión, la Boda, Cristo ya se nos hace Vida, Camino y Verdad en virtud de su Espíritu.

La oración es diálogo. Puestos en Camino, con el Don de la Vida, se da el diálogo con el Espíritu, con el Camino mismo, con nuestra Naturaleza que tiene esa capacidad de regenerarse, con la Vida, con Cristo, con Dios Padre. Todo se hace Presencia en nuestro interior.

Escuchar y comprender el dolor es escuchar a Dios, al Corazón (donde habita). Y amar, invocar, alabar, dar gracias, pedir misericordia (que es como animar el paso por el Camino), admirar, para renovar nuestro compromiso y nuestra responsabilidad,... Todo es ocasión del diálogo, de oración, en ese acontecimiento de la Presencia del Espíritu, del Padre y del Hijo, del Corazón herido,...

Todo esto que vivimos en esos momentos de soledad contemplativa, lo iremos trasladando al resto de nuestra vida. Nuestra vida se llenará de Vida.

Podemos hacer esta pequeña oración a lo largo de la jornada: "Jesucristo, ten piedad de mí". Es como actualizar en nuestra consciencia el saberse amado y estar dispuesto a ser sanado. Es una lumbre para mejorar nuestro carácter y la relación con los demás, contemplarlos amorosamente como nos contemplamos a nosotros y quererlos como nos queremos.

Experimentar la Misericordia de Dios es llenarse de Vida. Si somos misericordiosos iremos dando vida a los demás. Pero esto sería otro tema.
 

martes, 2 de septiembre de 2014

Sólo una cosa es necesaria

Walk of live
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres.
Acercándose, pues, dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude."
Le respondió el Señor: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada." (Lc 10, 38-42)
 
 
Lo típico de cuando predican sobre este pasaje es hablar de la vida activa y de la vida contemplativa. Incluso las contraponen y, si no, no se sabe muy bien cómo conciliarlas. Quizás porque son dos personajes, se tiende a entender que cada uno simboliza una cosa. Y además, si solo una cosa es necesaria, será que la otra no es necesaria.
 
Sin embargo, ambas hermanas (y Jesús) son símbolo de una misma cosa, de nuestro interior. No porque tengamos dos personalidades, ni divididos en dos partes al respecto. Sino porque las dos actividades las realizamos al vivir.
 
Los que viven la vida del falso yo, obran en función de una verdad (sea un texto del Nuevo Testamento, sea por intereses personales o institucionales o sea por motivos más pedestres). Sí, hay gente que se mueve por verdades consideradas buenas y dicen que lo hacen por amor a Dios e, incluso, se lo ofrecen como trabajo bien hecho.
 
Los que viven en camino al verdadero yo o la vida del verdadero yo, obran en función del Amor, de la Palabra de Dios y de la Naturaleza. Escuchan al dolor, escuchan al Corazón y escuchan a Dios.
 
María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Escucharle es la única cosa necesaria.
 
Otra diferencia entre los dos yoes. Uno ama cosas, el otro ama corazones. Uno rechaza el dolor y lo esconde, el otro habla de dolor y lo pone de manifiesto porque quiere sanar. Uno obra iluminado por la verdad, por una idea, y la vida del otro está informada por el Amor.
 
En Dios Verdad y Amor se identifican, pero es el Amor el que informa la Verdad en orden al Ser. Si la Verdad informara al Amor, no podríamos salir del relativismo, la bestia parda de los grandes eclesiásticos.
 
Hay realidades interiores que son difíciles de explicar y de definir (por no decir imposibles). Si las expresáramos, quien nos escuchara lo tomaría por verdad y se autolimitaría: quedaría encorsetado y condicionado.
 
Todo esto venía por lo siguiente.
He leído "Deus cáritas est" de Benedicto XVI. Para hablar del amor hace un estudio del lenguaje, algo que no me parece muy elevado, y acaba centrándose demasiado en la Iglesia en cuanto institución en este mundo.
 
Ahora, estoy leyendo "Cáritas in veritate". Sólo por el título ya dice lo contrario de lo que estaba diciendo antes. Pero al leerlo dice que sí pero no, que no pero sí, que sí pero no me atrevo.
 
Tenía costumbre de leer sus Audiencias de los miércoles y se veía cuando las escribía él y cuando se las escribían otros. En estas Encíclicas no encuentro el sabor que recuerdo de él. En estos documentos parece querer introducir algo novedoso pero con miedo a que lo tomen, falsamente, por rupturista o con miedo a que no sea aceptado por los doctores vaticanos y papistas around the world.
 
Decir clara y abiertamente que la verdad es en la caridad, es hacer honor a la Realidad. Lo propiamente rupturista es decir que la caridad es en la verdad. Aunque llevamos con esa ruptura muchos, demasiados siglos y cierta gente lo toma por tradicional.
 

miércoles, 27 de agosto de 2014

La respiración consciente

 

Se terminaron los capítulos de "La nube del no-saber". Un libro que se debería adaptar a esta época pero está muy bien leerlo según aquella. Ya cada cual que lo adapte.

Me he guardado en estos posts de definir alguna técnica o método para llegar al éxtasis o a la sanación total. Las recetas las pide el falso yo. Ni hay que definir el Camino, ni hay que homogeneizar a la gente en el terreno espiritual, ni hay una industria de santidad. Tampoco hay promesas ni ideales a realizar o perseguir. No sabemos nuestra misión. Quizás, al final de nuestros días, mirando hacia atrás, veamos una misión. Pero nos iremos con las manos vacías y con el corazón grande, o al menos, abandonado en los brazos de Cristo, alegres.

Sigo sin saber cómo llamar a esos momentos de soledad y serenidad dedicados exclusivamente a la oración contemplativa, pues la oración contemplativa se irá dando durante todo el día.


Cada cual tendrá más facilidad o menos para "hacer contemplación". Las personas sencillas con el intelecto más virgen y conservando buena parte de la inocencia, les será más fácil ponerse a contemplar. Las personas de ciudad, con tanta competitividad, con tantas exigencias, con esa forma de vida más alejada de lo natural (que para más inri se considera como un logro y un avance),... o personas con máscaras, caretas, corazas, mecanismos de defensa, forzadas a racionalizar para buscar soluciones,... y otras por mil circunstancias, les será más laborioso volver a la sencillez. O no o quién sabe sino Dios.

Sé que he hablado de más, pues hay cosas que uno las debe descubrir por sí mismo. Estos textos pueden parecer más o menos lógicos y coherentes o no. No son para debatir. Son para compartir. Cada cual debe descubrir cual es la Realidad y cómo se vive y la vive. Esto no es un hurra al relativismo pues la Realidad es la misma para todos, el camino es infinito y nada es definitivo. A los contemplativos no les da miedo ese supuesto riesgo.


El contemplativo no expone su ciencia aun con la seguridad de que vaya a ser aceptada. Quien contempla guarda silencio y vive. La contemplación siempre escapará a cualquier control.

Bueno, todo esto viene porque quería hablar de la respiración consciente. Hay quien necesitará empezar la oración con ese ejercicio e incluso con alguno de relajación. Pero hay webs que lo explican mejor que yo y no me voy a detener. Estos ejercicios se integran perfectamente en el dialogo amoroso con el Espíritu, Cristo, la Naturaleza,...

Se puede aprender de técnicas orientales. Son muy buenas. Por ejemplo, yoga. Buen provecho!
 

martes, 26 de agosto de 2014

El pecado

 

Una palabra evitada en todos estos posts de espiritualidad contemplativa es la de "pecado". Sí se ha usado el concepto aunque sin encerrarlo en un significante.

Primero veamos cuál es la definición oficial de la Iglesia Católica en su Catecismo. En el punto 1849 se dice:
El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana.
Después de todo lo escrito debe sonar algo familiar. Da más definiciones el Catecismo, pero con la primera nos vale.

También se han evitado palabras como tentación, caída y quizás alguna más. Pero todas las nociones se han usado pues son hechos que ocurren en la vida espiritual.

Se ha dedicado un post a la culpa porque no es raro que se puedan tener sentimientos de culpabilidad o todo lo contrario, ser tan egocéntricos que nos erigimos en norma moral y nunca pecamos respecto a nuestra norma.

En estas cosas del pecado hay que distinguir el estado de pecado y el pecado como acción.

Es estado de pecado es el estado de tener un corazón dañado y un falso yo que intenta meternos algún gol.

Cometer un pecado es realizar un acto malo en relación a dos cosas: reprimir y causar un daño al Corazón; y dificultar o imposibilitar la inspiración del Espíritu Santo, alejarnos de Él. Junto con la desazón de haber perdido algo espiritual, nos encontraremos como desasistidos, solos en medio de la nada y sin recursos (en un caso extremo). De todo se aprende. Siempre levantarse y recomenzar desde donde nos hayamos quedado, da igual. Volver a iniciar el diálogo amoroso. Liberarse de la culpa, alcanzar el perdón, cargar también con el nuevo dolor y adelante.

El pecado es una falta de amor y se intenta compensar con actos de amor. Vernos más dolidos por el daño infringido, arrepentirse, proponerse no volverlo a cometer y pedir el perdón de la culpa, como ya vimos.
 

El Temor de Dios

 

Hay conceptos clásicos de la espiritualidad que nos suenan raros en nuestros días. O son de difícil traducción para el ciudadano de hoy o para nihilistas.

El Temor de Dios es un don del Espíritu Santo. Se da con la experiencia de pérdida y de dar pasos atrás al dejarse seducir por el yo falso. Al dar un paso en falso, es grande la desazón al ver lo perdido por una nadería: el precio de un desliz es alto y así lo comprobamos.

Eso, lejos de desesperar, nos sirve de acicate en nuestra fidelidad al Camino y en la docilidad en las inspiraciones del Espíritu Santo. Nuestro temor será a separarnos de Dios y no por temerlo a Él. Dios Padre no se harta de nadie y siempre está presto a ser misericordioso, como la misma Naturaleza. Evitaremos peligros innecesarios.

Junto con el Temor, también creceremos en Fortaleza (otro don del Espíritu que nos embarga). Esto no consiste en que seremos superhombres ni que nuestra voluntad será férrea. La Fortaleza tiene dos caras: la calidad de nuestra relación-amor con el Camino, el Espíritu, la Naturaleza y la Unión; y la lucidez con la que reconocemos la voz del yo falso y lo ninguneamos espontáneamente. Avanzaremos con seguridad y firmeza.

Junto con estos dos dones, el Espíritu Santo da otros cinco: la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la ciencia y la piedad. Para saber más de cada uno... investigar. Todos están relacionados, es decir, el Espíritu da su gracia septiforme: da los siete a la vez en la medida que los requerimos o estemos en disposiciones de recibirlos.
 

lunes, 25 de agosto de 2014

Vida nueva

 
El libro del Tao comienza de la siguiente manera:
"El Tao que se exprese con palabras, no es el verdadero Tao". Lao Tse.
El Tao, además de ser el absoluto filosófico, la palabra propiamente significa algo así como "camino".

Tal como ocurre con el Tao, ocurre con el Amor: sólo se empieza a conocer cuando se abandona el falso yo y se empieza a recorrer el Camino de la restauración del Corazón (amarse a sí mismo, a la Naturaleza, a los demás y a todo lo demás). Es cuando uno conoce el amor y se da cuenta de que es inexpresable.

Todas las personas tenemos un fondo de buen corazón (indicio de el yo interior) y conocemos en cierta medida lo que es amar y ser amados aunque nunca nos hayamos parado a pensar en ello por lo natural que es.

Al iniciar el Camino contemplativo, experimentamos en un grado mayor el Amor, aunque no sea algo sensible o no seamos conscientes. En esas ocasiones, estaríamos en la "noche oscura" de la que ya se habló y sería bueno volverlo a leer.

Cuando el yo contemplante se desentiende del yo falso y se dirige a la unión plena con el Corazón o yo verdadero, todo parece que toma vida propia: el yo falso sigue a lo suyo y ahora intenta engañarnos y seducirnos como nunca; quizás nuestro cuerpo gane en sensibilidad y parezca que también vaya a su bola, hasta que comprendamos y crezca la consciencia acerca de ello; vamos ganando terreno al subconsciente y por nuestro consciente van pasando pensamientos y recuerdos de toda la vida en un orden que se nos antoja aleatorio.

Parece que cada vez tenemos menos control de nuestro interior (y debe ser así). Todo lo que ocurra en nuestro interior nos va indicando el Camino que no conocemos, que no está trazado, y nos va preparando para el momento de la Boda. Como dijo Sta. Teresa de Ávila:
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Por haber estado viviendo con el yo falso, tenemos una concepción estática de la Realidad más o menos arraigada. Queremos que las cosas sigan igual: es más cómodo conformarse para que las cosas no vayan a peor; e, incluso, impedimos nuestra mejora y un cambio a mejor de los demás. Y junto con esto, lo que no nos gusta del pasado y del presente lo vamos reprimiendo en el subconsciente (a riesgo de que nos traicione).

Ahora que iniciamos el Camino todo se vuelve dinámico. Por lo que hay que dejarse querer, volver a ser como niños, ganar en intuición o darle más valor. Hasta nuestra consciencia irá creciendo a su aire y nuestras acciones interiores estarán inspiradas pareciendo que salen solas.

Nos situamos bajo los efectos del Espíritu del Camino, del de la Naturaleza, del Espíritu Santo, bajo los efectos de nuestro espíritu vivo.

Con el falso yo, nuestro espíritu está como muerto o aletargado, distanciado de nosotros por el abismo que media entre el yo falso y el yo verdadero.

Nos veremos especialmente bendecidos. Pero es una ganancia que tomaremos por nada, es decir, nuestra consciencia se despreocupará de ello. Recordemos lo que decía s. Juan de la Cruz:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.


En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad.
Aún dándose la Boda, nada. Todo en virtud de la Gracia, todo gracias a la Naturaleza misma. Otorgarse alguna medalla supone separarse del Camino, dar pasos atrás: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo".

Muchas veces no seremos conscientes de nuestros avances. Cuando damos pasos atrás y perdemos parte de lo "conseguido", veremos nuestra pérdida que se nos antojará como irreparable. Siempre volver a empezar, siempre aprendiendo y reaprendiendo.

Un pequeño avance puede ser un mucho. Un gran avance puede ser un poco. Vislumbrar el final como cercano puede ser mucho y viceversa: "has de dejarte del todo en todo".

El tiempo interior es indeterminado: puede ser un mes o quince años. El que haga falta, da igual.

Siempre con la actitud de gratitud. Siempre con el diálogo amoroso con Dios, con la Naturaleza, con el Espíritu Santo que ya nos embarga, con Cristo que es el Camino y nos espera en el Corazón. Siempre siendo ofrenda para el sacri-ficio (hacer sagrado, a algo).

Para que la Naturaleza obre en nosotros, para que Dios obre en nosotros, se requiere de nuestra entera libertad y de nuestro entero querer, disponibilidad, de ser como niños, de no tener nada como sabido, de ir conociéndonos, de dejarse querer e inspirar,...

Cuando estemos en un tramo oscuro, en un periodo de prueba, es el momento de volver a encender el fuego en el rescoldo: nuestra correspondencia al Amor, clamar al Espíritu, amar el Camino, de pedir luz,... Todo es avance. Las pruebas afianzan y son avance.
 

sábado, 23 de agosto de 2014

El mundo, el demonio y la carne

 

Son los tres clásicos enemigos del alma. Y seré breve.

El mundo en cuanto enemigo, no el mundo en cuanto hábitat del hombre (varón y mujer), sería el dominio y la influencia de todos los demás falsos yo en uno mismo.

El demonio es un falso yo sin cuerpo. Es un falso yo sin verdadero yo. Su conciencia no puede desembarazarse del falso yo y ser contemplativa. La actividad del demonio es maldad en estado puro. Es también el dominio y la influencia de estos otros falsos yo sobre uno mismo. Quizás una influencia más fuerte o más difícil de discernir, según.

La carne es la errónea interpretación que hace el falso yo del dolor propio. Ya hablamos en sus respectivos posts del dolor y del placer según el verdadero yo. Pero el falso yo ama el placer (no solo sexual) como solución temporal por su rechazo al dolor: busca el placer inmediato, como un analgésico de efecto inmediato. Así oculta y oprime al Corazón en vez de buscar la sanación y terminar con el dolor de raíz para que no se vuelva a dar.

Ya vimos cómo empezar a discernir la palabrería y las querencias del falso yo de la llamada del Corazón (de la Naturaleza, de Dios). Pero dada nuestra consciencia limitada, siempre en crecimiento, a veces no se puede discernir a qué enemigo de estos responde en cada momento a la palabrería del falso yo. Poco importa si discernimos bien la voz del Amor, del buen Pastor.

"Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6, 34).
 

Las relaciones y otras cuestiones olvidadas

 

Para la lógica del falso yo puede ser atractiva la ascética, incluso la meditada bajo la luz del Evangelio. Se cree que la naturaleza caída implica la corrupción del corazón y de la carne. Y por ende, debe regir la recta Razón (la Razón del falso yo mejorada en el cristianismo).

Es una herencia de la Grecia clásica y de su excelencia racional. En aquella época de los inicios de la Iglesia era lo más top en civilización y humanidades. Pero la civilización griega, en cuanto pagana, no sabe de la fractura de la Razón. No de balde, Jesucristo nos dice que nuestros pensamientos no son los de Dios: siempre solemos estar identificados con el falso yo. La conciencia, en vez de separarse y ponerse a contemplar, piensa que debe vencer sus bajos instintos.

La contemplación nos lleva a toda la Realidad. No es un deleite de su Belleza y Armonía. Es una comprensión y conocimiento que da el amor más allá de las apariencias. El conocimiento por experimentación racional y metódico de la Realidad es fruto de ir a ciegas: un conocimiento ciego que fuerza a seguir ciego.

En esa ceguera del falso yo, el amor pasa a ser un concepto que cada cual intenta definir. Y los que no con consecuentes con la fractura de la Razón (mayoría en el cristianismo) tienen que racionalizar el amor, marcarle unos modos, encorsetarlo, envasarlo y venderlo, poner puertas al campo,... haciéndolo muchas veces estéril e, incluso, contraproducente.

Al Amar al Corazón, al cuerpo, a la Naturaleza, al corresponder a su Amor, al atender sus "cantos de sirena" que es el dolor, empezamos a conocer de verdad qué es el Amor y lo indefinible que es.

Los ascetas piensan de la contemplación que solo se centra en uno mismo ya que tienen que luchar también ellos contra eso. No consideran que el ser es relacional por naturaleza, que el Corazón es relacional y las relaciones forman parte de su ser. Y luego se quejan de que la mentalidad actual es individualista e insolidaria, donde cada cual va a su bola.

Al hablar sobre el dolor del Corazón hablamos también del dolor que le produce el estado de otro Corazón o el que le infringe otro falso yo. La responsabilidad por el propio estado dañado se extiende per se hacia todos los que nos relacionamos, hacia nuestra sociedad y hacia toda la Humanidad.

Los liberales, ahora neoliberales, dicen que la sociedad no existe, lo que existen son los individuos concretos. Es un ejemplo de la naturaleza individualista y aislada del falso yo. La sociedad existe si existen los individuos porque es todo el entramado de relaciones entre ellos y las relaciones existen como existen los individuos. Las relaciones son esencia de la misma Naturaleza del ser humano y de toda la Creación.

Si del comunismo se dice que elimina la libertad del hombre, el liberalismo reduce-mutila la Naturaleza y aísla al hombre: lo que le posibilita una "mayor libertad" (falsa libertad), dejando así la solidaridad para las clases medias que son las que más en contacto están con los pobres y necesitados. Los ricos y muy ricos viven en otras esferas.

La contemplación nos llevará a luchar por la justicia social si de verdad es contemplación: desidentificación del falso yo y escucha del dolor. Nos dolerá el dolor ajeno.

Recordamos que las relaciones del verdadero yo es de Corazón a Corazón y las relaciones del falso yo es con cosas que le satisfacen aunque a veces dé una limosna.

Alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
y dijo: "De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir" (Lc 21, 1-4).