a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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lunes, 25 de agosto de 2014

Vida nueva

 
El libro del Tao comienza de la siguiente manera:
"El Tao que se exprese con palabras, no es el verdadero Tao". Lao Tse.
El Tao, además de ser el absoluto filosófico, la palabra propiamente significa algo así como "camino".

Tal como ocurre con el Tao, ocurre con el Amor: sólo se empieza a conocer cuando se abandona el falso yo y se empieza a recorrer el Camino de la restauración del Corazón (amarse a sí mismo, a la Naturaleza, a los demás y a todo lo demás). Es cuando uno conoce el amor y se da cuenta de que es inexpresable.

Todas las personas tenemos un fondo de buen corazón (indicio de el yo interior) y conocemos en cierta medida lo que es amar y ser amados aunque nunca nos hayamos parado a pensar en ello por lo natural que es.

Al iniciar el Camino contemplativo, experimentamos en un grado mayor el Amor, aunque no sea algo sensible o no seamos conscientes. En esas ocasiones, estaríamos en la "noche oscura" de la que ya se habló y sería bueno volverlo a leer.

Cuando el yo contemplante se desentiende del yo falso y se dirige a la unión plena con el Corazón o yo verdadero, todo parece que toma vida propia: el yo falso sigue a lo suyo y ahora intenta engañarnos y seducirnos como nunca; quizás nuestro cuerpo gane en sensibilidad y parezca que también vaya a su bola, hasta que comprendamos y crezca la consciencia acerca de ello; vamos ganando terreno al subconsciente y por nuestro consciente van pasando pensamientos y recuerdos de toda la vida en un orden que se nos antoja aleatorio.

Parece que cada vez tenemos menos control de nuestro interior (y debe ser así). Todo lo que ocurra en nuestro interior nos va indicando el Camino que no conocemos, que no está trazado, y nos va preparando para el momento de la Boda. Como dijo Sta. Teresa de Ávila:
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Por haber estado viviendo con el yo falso, tenemos una concepción estática de la Realidad más o menos arraigada. Queremos que las cosas sigan igual: es más cómodo conformarse para que las cosas no vayan a peor; e, incluso, impedimos nuestra mejora y un cambio a mejor de los demás. Y junto con esto, lo que no nos gusta del pasado y del presente lo vamos reprimiendo en el subconsciente (a riesgo de que nos traicione).

Ahora que iniciamos el Camino todo se vuelve dinámico. Por lo que hay que dejarse querer, volver a ser como niños, ganar en intuición o darle más valor. Hasta nuestra consciencia irá creciendo a su aire y nuestras acciones interiores estarán inspiradas pareciendo que salen solas.

Nos situamos bajo los efectos del Espíritu del Camino, del de la Naturaleza, del Espíritu Santo, bajo los efectos de nuestro espíritu vivo.

Con el falso yo, nuestro espíritu está como muerto o aletargado, distanciado de nosotros por el abismo que media entre el yo falso y el yo verdadero.

Nos veremos especialmente bendecidos. Pero es una ganancia que tomaremos por nada, es decir, nuestra consciencia se despreocupará de ello. Recordemos lo que decía s. Juan de la Cruz:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.


En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad.
Aún dándose la Boda, nada. Todo en virtud de la Gracia, todo gracias a la Naturaleza misma. Otorgarse alguna medalla supone separarse del Camino, dar pasos atrás: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo".

Muchas veces no seremos conscientes de nuestros avances. Cuando damos pasos atrás y perdemos parte de lo "conseguido", veremos nuestra pérdida que se nos antojará como irreparable. Siempre volver a empezar, siempre aprendiendo y reaprendiendo.

Un pequeño avance puede ser un mucho. Un gran avance puede ser un poco. Vislumbrar el final como cercano puede ser mucho y viceversa: "has de dejarte del todo en todo".

El tiempo interior es indeterminado: puede ser un mes o quince años. El que haga falta, da igual.

Siempre con la actitud de gratitud. Siempre con el diálogo amoroso con Dios, con la Naturaleza, con el Espíritu Santo que ya nos embarga, con Cristo que es el Camino y nos espera en el Corazón. Siempre siendo ofrenda para el sacri-ficio (hacer sagrado, a algo).

Para que la Naturaleza obre en nosotros, para que Dios obre en nosotros, se requiere de nuestra entera libertad y de nuestro entero querer, disponibilidad, de ser como niños, de no tener nada como sabido, de ir conociéndonos, de dejarse querer e inspirar,...

Cuando estemos en un tramo oscuro, en un periodo de prueba, es el momento de volver a encender el fuego en el rescoldo: nuestra correspondencia al Amor, clamar al Espíritu, amar el Camino, de pedir luz,... Todo es avance. Las pruebas afianzan y son avance.
 

viernes, 22 de agosto de 2014

Fe, Esperanza y Caridad

 

Hablar de virtudes es como hablar de los buenos aromas que emanan del ser por estar siendo y por su obrar, efluvios admirables al contemplar por amor a una persona. Si el ser deja de obrar, desaparecen las virtudes.

Las virtudes requieren de una visión más espiritual: sobrepasan la apariencia. Es un conocimiento natural del amor que el método científico no es capaz de alcanzar.

Las virtudes se ven desde fuera, las ven otros. Cada cual actúa por amor, en caso del verdadero yo, o por intereses más o menos mezquinos, en caso del falso yo. Pero no se actúa para alcanzar una virtud.

Los concertistas son virtuosos de un instrumento musical. Para ello se han ejercitado miles de horas y dedicado su vida entera a ello. Sí, pero no se han entregado por perseguir la virtuosidad, no han ejercitado la virtuosidad en sí: han actuado por amor a una vocación, a una llamada. Y nosotros los llamamos virtuosos.

El contemplativo no habla de virtudes, pues su conocimiento y comprensión de la Realidad es mayor. No actúa para la platea y el aplauso, como tampoco adulará ni juzgará a nadie: el hablar de virtudes es enjuiciar.

La Fe, la Esperanza y la Caridad, en mayúscula, se las llaman virtudes teologales pues es Dios quien las concede; no se alcanzan por méritos propios. Luego, no hay que ejercitarlas sino hay que pedirlas y recibirlas.

Decir esto es caer en el error que se señalaba antes, puesto que no se actúa por la motivación de la virtud, ni expresamente por cultivarlas por muy buena que sea la intención. Esa concepción la heredamos quizás de la Grecia Clásica y todavía se trasmite en la formación cristiana.

Ningún contemplativo hablará de virtudes ni de méritos propios: no se hacen méritos para nada. Eso es un lenguaje más al nivel de las vanidades humanas (el falso yo), como para hacer carrera militar o eclesiástica, ascensos en una estructura,... Los contemplativos son anárquicos; las estructuras son un artificio, no se deben a ella. En caso contrario, elevaríamos las estructuras a rango de ídolo.

La Fe, la Esperanza y la Caridad son tres virtudes íntimamente relacionadas, tanto si se expresan en minúscula como en mayúscula.

El amor da conocimiento, por ejemplo, de que la Naturaleza es autoregenerativa. Al ser un conocimiento del amor, tenemos a la Naturaleza por amorosa: nos ama y que le correspondemos.

Bien, pues tenemos fe en que la Naturaleza es autoregenerativa. Esa fe nos hace ponernos en manos de Ella con la esperanza de que nos regenere. Esa fe nos hace amarla y esa esperanza nos hace perseverar en su amor. Y al a vez, por amor la conocemos y retroalienta la fe y con ella la esperanza. Ponemos a la fe en primer lugar, como podríamos poner a la caridad.

"Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad" (1Co 13, 13). Después de la muerte solo permanece el Amor.

Para las realidades no-humanas en las cuales nos movemos, vivimos y existimos, como son Dios, Naturaleza, Vida,... realidades que se escapan al conocimiento fenoménológico (el alcanzado por el método científico), ese conocimiento que da el amor se refuerza, se hace más seguro, se afianza. Es la Fe teologal.

Por la Fe, estamos más seguros de que la Naturaleza es amorosa o que Dios nos ama a través de Ella que de la fórmula química del agua, H2O, o de que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Por la Fe, tenemos más seguridad en que nuestro Corazón será sanado cuando reunamos las condiciones y sea el momento, que de que el agua se solidificará cuando se descienda a temperaturas menores de 0°C según su concentración de sales.

Esperaremos sin sombra de dudas ni vacilaciones, hasta el infinito y más allá si hace falta. Amaremos sin fisuras, sin dejarnos en el falso yo algo con nostalgia, aunque nos parezca estar dando un paso hacia el abismo en ese momento, el abismo que media entre el falso yo y el verdadero.

Qué amaremos más, a nuestro yo interior o a una identidad cimentada sobre una falsa apreciación? Las máscaras y los mecanismos de defensa nos los hacemos para tener seguridad. Qué amaremos más, esa seguridad fatua o la seguridad y felicidad que da ser y sentirse amados?
 

jueves, 21 de agosto de 2014

Ascetismo

 

Dejarse querer por la Naturaleza poco tiene que ver con un poder mental alcanzado con una férrea disciplina.

Los que no tienen como verdad esto de la Ciencia del bien y del mal del Génesis, piensan en una purificación y en un perfeccionamiento negando y rechazando todo placer, siguiendo un código moral "de élite" y desdeñando la materialidad considerada como de nivel inferior al espíritu.

Los que creen es eso del Génesis pero que no separan el falso yo de la Naturaleza y del Corazón, también tienden a considerar que son necesarias muchas prácticas ascéticas y de piedad que demuestran, como condición necesaria, nuestro encuentro con Dios. Prácticas que no son más que formalidades y modelos de oración de "menor nivel". Esta planificación ascética personalizada pasa a ser una cuasinorma moral (o sin el cuasi).

En el mejor de los casos, el ascetismo en las religiones puede considerarse como una fase para acceder al estado místico. En fin, siempre estamos con las mismas, cuando la mística es más connatural al hombre (varón y mujer) que la ascética, observancia y cumplimiento de normas morales externas (aunque su fuente sean textos sagrados).

En plena crisis de espiritualidad del cristianismo, se considera la mística como una fase avanzada y elevada en la evolución espiritual de la persona, siendo más bien lo contrario: la mística es propia de personas sencillas y el ascetismo se vende mejor entre gente con aspiraciones "más elitistas" y de trinchera (con posibilidad de ascenso a cabo o capitán).

La espiritualidad contemplativa y mística es de lo más subversivo y anárquico. No rompe con nada pero da la autonomía tan temida por los cuidadores de rebaños. La Iglesia es pueblo de reyes y nada es tan anárquico como esa consideración. No hay ninguna estructura: todos iguales y soberanos, y uno de nosotros el Primogénito.


La crítica de este post no tiene porque ser tomada por una genera-lización. Ni pretende ser anti nada.

Tampoco es una minus-valoración de algo para hacer resaltar la contemplación.

La ascética cristiana, en particular la católica que más conozco, se puede engarzar en ese diálogo amoroso con la Naturaleza o el Esposo, del que hablábamos en un anterior post.

Respecto a las prácticas, vimos la necesidad de dedicar un tiempo a contemplar en soledad como recomendaba Jesucristo. A ejercitarse de manera especial en esa vida interior. También la conveniencia de leer, despacio y meditadamente cuando haga falta, textos escritos con el corazón de autores contemplativos, místicos, padres del desierto,... el Nuevo Testamento y los libros sapienciales del Antiguo Testamento.

Los católicos tenemos las celebraciones litúrgicas de los sacramentos, en especial por su frecuencia, el de la Reconciliación y el de la Eucaristía. Siendo esta última de carácter comunitario o asambleario. En otras Iglesias tendrán algo análogo en las que participa toda la comunidad.

También tenemos la Liturgia de la Horas. Se considera la oración oficial de la Iglesia y básicamente es orar con los Salmos. En el enlace se puede encontrar on line y es de lo mejor que hay en la red.

Y devociones particulares hay mil y una. Todo son fórmulas y formalidades para tener entretenida a la mente, salvo desde la sencillez de la mística. No todo el que dice "Señor, Señor"... (ver Mt 7, 21)
 

domingo, 17 de agosto de 2014

Paternidad de Dios y de la Naturaleza

 
"¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia es inescrutable" (Is 40, 28).

"Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahveh -" (Is 55, 8).

"¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!" (Ro 11, 33).


Se nos puede venir la idea de que esto de la contemplación parece algo muy fácil: uno contempla, reconoce un dolor, llega la Naturaleza y lo sana.

Luego vienen los abandonos y deserciones del Camino: impaciencias y rabietas de niño, que hay que ser infantes pero no inmaduros; eso de probar a contemplar a ver qué pasa como si fuera una nueva comida; alguien muy inteligente piensa que le va a salir a pedir de boca; otro persigue el poder de la mente, como un culturista sus músculos, y espera que la Naturaleza llegue a ser su esclava;...

El Camino no es tan "directo" como pensamos y esperamos. Hay que saber que ponemos obstáculos a la Gracia, entorpecemos a la Naturaleza: nuestros pensamientos no son los de Dios (Mc 8, 33). Por tanto hay que abandonarse es su Divina Providencia (los nihilistas que traduzcan; los creyentes que les chirría la expresión que la reexpresen). La mística consisten precisamente en eso, sin negar la ascética. La buena ascesis es una aliada, sobretodo al principio.

Con renglones que nos parecen torcidos, Dios está escribiendo recto. De primeras, no nos da lo que le pedimos, nos da lo que nos conviene, nos da otra cosa muchísimo mejor.

"Para ir a donde no sabes, hay que ir por donde no sabes", decía S. Juan de la Cruz que tenía cierta experiencia en estas lides y cuyo método es la "desnudez espiritual": bienaventurados los pobres de espíritu... os acordáis?

Para llegar al Todo...
Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

Modo para no impedir al Todo:
Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir del todo al todo
has de negarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.
Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.
 

viernes, 15 de agosto de 2014

El lenguaje del creyente

 
Como se dedicó un post al nihilismo, este se dedica a los creyentes.


Vamos paralelamente a la descripción de nuestro ser y su estado, tratando de traducir el lenguaje del creyente al del nihilista y viceversa.

La Fe cristiana hace que nos dirijamos directamente a Cristo, a Dios y al Espíritu Santo. Los que tenemos Fe no estamos acostumbrados a tratar con la Naturaleza ni con la Energía ni con estamentos o entidades impersonales intermedios entre nosotros y Dios.
Nadeamos a la Naturaleza como si esta no tuviera dinámica propia y Dios, cuando interviene, lo hace saltándosela a la torera. Ni Dios juega al ajedrez con nosotros, ni está lejano como viéndonos a distancia en lo alto del monte Olimpo.

La Naturaleza son sus Manos. Y la Naturaleza siempre está pronta a auxiliarnos. Luego Dios está cercano y pronto a socorrernos.

El yo verdadero, el Corazón, es el templo del Espíritu de Dios en nosotros. El el yo verdadero o interior es Amor a imagen y semejanza de Dios Amor.

El nihilista no necesita llegar al término de Dios. Se queda con Naturaleza, yo interior, Corazón, Amor, porque sí reconoce más fácilmente esos términos pues no se los salta.

Esa es la diferencia entre tener Fe y no tenerla. Los que tenemos Fe tratamos con personas (divinas, en este caso, y otras espirituales) y los nihilistas tratan con realidades impersonales como es Vida, Naturaleza, Realidad, Cosmos,...

En cualquier caso, la Naturaleza es la misma para todos, el Amor es lo mismo para todos, el Cosmos es el mismo para todos,... la Creación es la misma para todos aunque los ateos la consideren increada o viceversa.

Luego está el lenguaje bíblico. Los nihilists deben saber interpretarlo como reconociendo símbolos y llegar a saber qué indican, como si leyesen el libro de los Vedas o el del Tao.

Qué significan los querubines a la puerta del Jardín, qué simboliza la serpiente, qué implica que el hombre diese los nombres a los animales, por qué el relato del Génesis no es científico,...

En fin, no es tan difícil tener un poco don de lenguas y entender el lenguaje de unos y de otros.
 

miércoles, 6 de agosto de 2014

La Naturaleza y su vida


La naturaleza tiene capacidad de regenerarse, está viva: las heridas del cuerpo cicatrizan y sanan, con el descanso el cuerpo toma fuerzas, el sueño es reparador,... En el alma y el espíritu pasa lo mismo.

Hay vida antes de la muerte.

Conectar con el yo interior (para nihilistas), con el propio corazón donde co-habita Dios-Cristo y se nos manifiesta a nosotros mismos lo que somos (lenguaje creyente), como dice la Gaudium et Spes (documento del Concilio Vaticano II). Es al caminar con convencimiento y fe a conectar con el corazón cuando se abren las posibilidades de regeneración y liberación: acontece la esperanza y nos ponemos en movimiento.

Cuáles son las diferencias de estos lenguajes? Los creyentes sabemos por Fe que la naturaleza es creada y Dios está con ella. La naturaleza son las manos de Dios. Los nihilistas ni lo saben ni lo dejan de saber.

Los nihilistas parece que están en una cuasi-inocencia primigenia, porque al no considerarlo, al menos, no obtaculizan ese proceso de regeneración. Sí, habla de un nihilista idealizado. Al final lo explico.

Cristo dio gracias al Padre por dar a entender estas cosas a los pequeños y los sencillos y ocultarlas a los sabios y entendidos. Las personas racionales y con ideologías son las que bloquean a la naturaleza.

Si los creyentes bloquean a la naturaleza es porque, en el fondo, su racionalidad lo impide. Y unos estarán más predispuestos que otros a convertirse.

Y si hablo tan cándidamente de los nihilistas, es porque hablo también de personas sencillas.

Al hablar cándidamente de los nihilistas no estoy hablando de ateos racionalistas y furibundos, ni de nihilistas activistas fuertemente ideologizados. Éstos son los más y verdaderamente bloqueados.

Para viajar a su yo interior no están dispuestos a liberar su mente, no quieren renunciar a sus esquemas simples porque piensan que estos esquemas los sustentan a ellos y les permiten sobrevivir o tener un camino abierto en este mundo.

Están adorando a un dios muerto, a un dios petrificado, a un esquema reduccionista de la realidad. Necesitan una realidad "reduccionada" para poder vivir con menos complejidades: son mentes simples. Están adorando a un ídolo.

La vida está en la Naturaleza, en la propia naturaleza, en nuestra naturaleza humana que también es naturaleza.

jueves, 1 de octubre de 2009

La Resurrección y el Sacerdote

ask my why







Desde que estamos en el año dedicado, en la Iglesia Católica, al sacerdocio estoy deseando hacer algo aquí. Por eso ahora escribo esto tan lacónico que más bien parece un abrupto.
Líneas de pensamiento hay dos. La pagana y la cristiana. Y marear la perdiz y mezclar lenguajes no capaces de estas consideraciones como el de la Física es un tanto sospechoso, cuanto menos.
La Resurrección muestra a todo el mundo que Jesús es el Redentor, el Sumo y Eterno Sacerdote que con su Sacrificio nos redime.
La verdad del pecado original y la Resurrección se iluminan mutuamente y forman el eje de toda la Economía de la Salvación.
Siendo el pecado una falta contra la razón, este eje de nuestra Fe es el que reestablece la razón tal como consigue la Redención. Así nuestra vida es esencialmente distinta, valga la expresión, con la pagana.
En el texto, en palabras, el asunto es meridianamente claro. Así es como se trasmite la Fe y nos la trasmitieron. La tarea es de cada cual.
Sólo en Cristo está la Salvación.
He dicho. :)
Desde aquí felicito dos iniciativas.
La primera, de nuestro amigo Ángel en Siete en familia de rezar diariamente por un sacerdote.
La segunda, de nuestro amigo Cristian que trata el tema del pecado original en Sensus fidelium. Tema apasionante.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cuándo aparece el ensalzamiento de la Fe?


Si ensalzamos la Fe, ésta no puede venir en rescate de la Razón.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Apuntes sobre la Fe


Cuánto se ha escrito sobre la Fe! En los primeros años de cristiandad no había nada escrito al respecto y se tenía Fe, sin embargo con el paso de los milenios hemos convertido la Fe a una palabra polisemántica, como Ser.
Amor no sabemos qué es todavía. A la Razón la hemos reducido. A la Libertad la hemos mutilado, en aras de ella misma. El Ser por no ser aprehensivo lo hemos dejado un tanto en desuso.
Fe es comunión con Cristo, decía Benedicto XVI hace poco. Y claro, las cosas que exceden a la Razón, tal como ha quedado de reducida, la vamos contorneando con negaciones: comunión no es esto, no es lo otro, no es esto otro,...
Podemos explicar científicamente los fenómenos atmosféricos y predecirlos, pero hemos perdido el significado que tenían para el hombre antiguo, y con esto se deteriora nuestra conexión con la Naturaleza, la Tierra y el Cosmos. Y no estoy hablando de newagerías, ni voy a derivar por ahí.

Podemos explicar científicamente cosas, pero hay nociones que no sabemos explicar, después de paladear las certezas y claridades de la Ciencia.
Cómo explicamos comunión? Cómo explicamos la vida en comunión? Cómo nos aseguramos de que la comunión es real, cierta, verdadera?
Pues los sentimientos no es signo de comunión, el placer no es signo de comunión, la verdad no es signo de comunión,...
Y con esas negaciones, desde la agnosis, desde la mentalidad actual, no hacemos más que confundir la negación del ser con la negación de lo que no es. Puesto que el no-ser de algo indica todo lo demás e incluso, generalmente en estos casos, algo que lo incluye.
La Fe fundamentada, es una racionalización de la Fe. El edificio de la Fe, un mero artificio kantiano. La coherencia de la Fe, un mero análisis lógico.
La religión se convierte entonces en algo encorsetado, la Iglesia en algo con fronteras y circunscripciones.
Se da la fragmentación de la Razón entre cabeza y corazón, entre ser racional o sentimental. Y con ella el derrumbre de la Fe que pierde sus cimientos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Publicidad de una Fundación declaradamente atea


«Probablemente no hay dios, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida».

Es de lamentar que a Dios se le considere fuente de preocupación.
En qué hemos estado y seguimos fallando?

jueves, 27 de noviembre de 2008

En diálogo con un ateo │ 03

De momento, en cuanto a la Fe, Benedicto XVI ha dado hoy precisamente una definición. Dice así:
Esta fe es comunión con Cristo, que el Señor nos entrega y que por eso se convierte en vida, en conformidad con Él.
Está hablando de la fe de la que habla S. Pablo por la cual viene la justificación.
Pues bien, la Razón también es vida.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

En diálogo con un ateo │ 01


No sabría definir qué es eso de la Razón o eso de la Fe.
Ya sé que en estos debates es muy típico pedir definiciones unos a otros que nunca acaban de satisfacer, así como hilar tan tan fino (esto se manifiesta también en un eterno "no me has comprendido") que tampoco acaba de servir.
La Razón no sé si se identifica con la sique, la soma, la fisis, el alma o el espíritu (que no sé cual es la distinción de estas dos últimas, pero parece que en algunos textos la hay).
Por lo que veo, para ti la Razón se englobaría dentro de la sique, como decías a Carlos. Y que Carlos consideraría que ambas se identifican.
Sabemos que es mejor no considerar tales cosas por separado sino que tan solo son distinciones abstractas de una unidad. La sique, la soma y la fisis no son tres piezas o tres partes orgánicas como cabeza, tórax y abdomen. Ni si quiera piezas, dimensiones o niveles de profundidad de la realidad. No es correcta, a mi entrender, la correlación de sique-soma-fisis con cerebro-sistemanervioso-cuerpo. Ni tampoco considerar la razón como las reglas del pensamiento consciente.
Como nociones que surgen de la abstracción, al igual que no las considería piezas de la naturaleza humana, tampoco me parecería correcto hacer un montage algebraico de conjuntos, subconjuntos, intersecciones y leyes (tanto de composición interna como externa), generando así un espacio algebraico n-dimensional para situar a cada cual en su lugar. Ya que las esencia, per se, no son cosas.

Si hay una esencia que podemos considerarla como un algo es la del ser humano, su sub-stancia. Y la esencia del ser humano es una y no una suma o un conjunto de varias.
Siempre hemos oído que el hombre es de naturaleza racional. Por tanto, ya que el hombre, en su todo, es racional, la Razón no la identificaría ni si quiera con la sique, sino en todo caso con el mismo ser hombre con todas las distinciones abstractas de sí mismo.
Los animales, por no ir a modos de vida más simples, son de naturaleza relacional. Y el hombre sería racionalmente relacional. Luego, y resistiéndome a definir la razón, diría que la razón es más que la sique, la soma y la fisis juntas, valga la expresión, sin ser nada de esas cosas, en virtud de lo que decía de las piezas, las dimensiones o los conjuntos.
De ahí que, propiamente, la naturaleza del hombre sea amorosa (en el sentido más aproximado a lo que vengo diciendo).

El considerar la razón como integrante de la sique, me da la impresión que se identifica con las meras reglas lógicas. Y a ese nivel tan reducido nos enseñan a manejarnos, tanto la Ciencia como en los Seminarios. Pues es lo que verdaderamente tenemos la impresión de controlar, y siempre se nos escapa pues no es algo separado de lo demás.

Después de esto, se definiría la Razón pues de momento no tenemos más que una intuición (digo "no tenemos más que una intuición" considerando solo lo dicho en este post).

Si lo que quieres decir es que ambas surgen de la naturaleza humana, no tendría mucho que discutir, pero supongo que no es únicamente eso.

Si usamos el verbo surgir, pues sí. Básicamente digo eso y no tendríamos mucho que discutir.
Quizás no sea únicamente eso, pero pienso que tampoco hay mucho más.

martes, 18 de noviembre de 2008

Libertad y Fe



He de deciros que me ha chocado mucho el título de la discusión: "No hay libertad sin Fe".
Si me permitís la confidencia, la primera reacción ha sido decir: "pero qué disparate es ese?". Pero claro, pensándolo bien, todo tiene múltiples lecturas y podría estar tanto en el bando de los que están a favor de la tesis como en el bando de los contrarios.
Yo veo dos dimensiones inseparables en toda fe/Fe: la fe-fiarse o la fe-certeza y la fe-conocimiento. Puesto que si no nos fiamos, no hay conocimiento válido por este medio. Y por otro lado, si no hay conocimiento, de qué tenemos que estar seguros o de quién nos tenemos que fiar.
Si lo que da la libertad es la verdad, el conocimiento de la verdad nos permite ser libres.
Pero aquella discusión habla de la Fe en mayúsculas y, más concretamente de la Fe católica. Me parece un planteamiento un tanto extremo y quien lo plantea extremista. Así que comprendiéndolo, no puedo estar de acuerdo. Ya lo dijo Cristo o alguien del NT: "quien ama conoce a Dios".

Un buen planteamiento sería algo más complejo. Un discurso sobre las fuentes del conocimiento y el proceso de conocer, analizando en qué medida la fe interviene.
Hablando de esa Fe que Dios nos da gratuitamente por medio del bautismo y que vamos desarrollando a medida que nosotros nos desarrollamos también por gracia de Él.

La conclusión me parece patente y no necesita desarrollo argumental, en mi opinión: sin esos conocimientos sobrenaturales, la libertad es posible. Pues están los conocimientos naturales. Y si me permitís el atrevimiento, diría que hay tanta libertad con Fe que sin FE.
Pero eso es algo que por el atrevimiento que supone ante ciertas personas me vería forzado a desarrollar y a matizar.

Otras reflexiones que Google me facilita:
de crítica primaria
de iglesia en marcha
de las teologias en wordpress
de autores católicos