a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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sábado, 13 de septiembre de 2014

Inversiones de la Realidad y la función profética

Women's studies
 
Vimos como el pecado original supuso una fractura de la Razón, surgiendo la razón del falso yo. Con la fractura del yo, surgió el falso yo y con él su razón. Con la fractura de la Ley, surgió otra ley. Y que el mal solo es atentar contra la Creación incluida la propia en cuanto que somos también seres creados.
 
El falso yo, con su razón y lógica, cuajó y se instaló en nosotros al comer el fruto de la ciencia del bien y del mal, al atentar contra la Creación ante el atractivo de una supuesta sabiduría divina. Seguramente atentando contra la propia Naturaleza, mutilando el Corazón, nuestra relación con la Realidad, para comer de ese árbol.
 
A partir de ahí, el falso yo se alimenta pretendiendo alcanzar una entidad y una felicidad que nunca puede tener, a costa de esclavizar a la Realidad para su provecho. A partir de ahí, soberbia que paradógicamente lo esclaviza a sus falsas soluciones y lo hace dependiente de: idolatrías, los bienes materiales, el placer, el dinero, la educación cortesana y versallesca, el lujo, la exquisitez, el cuerpo, la estética por la estética, la gnosis en vez de la verdadera contemplación, esquilmar los recursos naturales, la muerte de los demás (eugenesia, exterminio, limpieza étnica o ideológica, eutanasia, aborto, degradación, discriminación, abuso, mercadeo y trata), el poder sobre los demás con la ciencia, el saber y la información,... Dependiente de todo lo que oculte y enmascare su dolor por su realidad inconsistente.
 
No hay lucha del bien contra el mal. De hecho, luchar contra el mal es mal. En cuanto nos separamos y dejamos de hacerle caso, se esfuma. Aunque reclame atención, puesto que nuestro Corazón está dañado: ante cada paso de nuestra sanación, nos ofrecerá sus falsas soluciones que son nuestras esclavitudes. Si no seguimos el Camino, nos autocompadecemos y, si queremos una salida, se nos presenta como única alternativa el invertir la Realidad sin tener presente las consecuencias.
 
 
Invertir la Realidad es, por ejemplo,
  • que el sábado sea señor del hombre en vez de que el hombre sea señor del sábado,
  • que la lógica del capital someta al hombre en vez de que el hombre ponga al capital a su servicio; es decir, cuando el propio falso se sirve del capital, en verdad está siendo servil a un tirano,
  • que la verdad que se le presenta al falso yo condicione al amor en vez de que el amor (tal como nos amamos, sin doble rasero, ni doble verdad) sea el generador de toda verdad,
  • poner en valor al mal porque parece que provoca la actuación del bien en vez de poner en valor el bien ya que tiene vida propia no condicionada al mal (poner en valor a Caín y a Judas Iscariote, presentándolos como seres genuinos y con personalidad propia; o inventarse un personaje, Lilith, como paradigma de independencia),
  • situar a Dios fuera de uno mismo en vez de reconocerlo dentro; y así,
  • todo lo que sea enajenante como el fenómeno ovni, los fenómenos paranormales, la superchería, la magia y la supertición, jugar al despiste sentando al anticristo en la Sede de Pedro, el sensacionalismo con eso de los Iluminati,
  • conformar una inteligencia cósmica foránea que supuestamente se hizo presente en las culturas más antiguas para no tomar como verdad que la naturaleza humana es común a todos los hombres de todas las épocas y lugares.
Por no decir el discurso y la simbología satánica que por ser lo más patente es lo menos "peligrioso".
 
Inversión de la Realidad es también la lógica de los supraconceptos y la ideología institucional. Por ejemplo, las instituciones son impecables y, por tanto, irresponsables (incluida la Casa Real española), cuando las personas las utilizan para sus prácticas fraudulentas, ilegales, corruptas e inmorales. Paradigma de la ideología institucional es el discurso de María Dolores Cospedal con el PP.
 
Y, no solo Cospedal, por lo visto, todos con todas las instituciones del Estado español. Para Cospedal, la contabilidad B del PP (la de Bárcenas) no es del PP. Lógico, verdad? Y Mariano dice que nadie "prodrá podrá probar" nada. Y que los ingresos ilícitos son extorsiones de manzanas podridas. Cuando todo se hace bajo el amparo institucional, por y para la misma institución.
 
 
Otro ejemplo sería, hacer política pensando en instituciones como bancos, mercados financieros, grandes corporaciones, y por el interés de los partidos políticos en vez de poner la política al servicio de los ciudadanos. Y en otro terreno, la gregariedad adolescente en tribus urbanas institucionalizadas en busca de una identidad personal. Las instituciones eclesiales no se libran de la ideología institucional ni la Religión de su ideologización invisible. Es más, los partidos políticos las hacen su modelo.
 
Por los supraconceptos se puede llegar a matar. Como son, además del Capital, el Proletariado, la Razón, la Religión, el ideal y la utopía (como sueña ahora el nacionalismo independentista), el poder y su estabilidad, el mismo ego, una marca, una raza como la aria,... Es toda conteptualización que se coloque por encima del hombre y a la que el hombre se deba.
 
Sorprendentemente, en España al menos, muchas de estas inversiones de la Realidad se politizan y se catalogan como de derechas (pp-psoe), como neoliberal, y denunciarlas supone ser encasillado en la izquierda más radical y antisistema. Puede parecer muy anárquico pero todo esto no está negando la existencia de instituciones.
 
Hace un tiempo, consideraba a la Ciencia como el anticristo puesto que sometía a las personas en virtud de su saber limitado, sobre todo viendo los frenopáticos antiguos y la experimentación supuestamente científica en los campos de concentración nazis.
 
También pensé que la Economía era el anticristo puesto que se basa en una mentira: el mercado perfecto nunca se da y la necesidad de consumo no es constitutiva sino fruto de una estructuración social no solidaria.
 
Luego pensé que el anticristo era la Política siempre imperfecta puesto que no regula los mercados y gobierna en pro de las corporaciones y de las instituciones que remarcan la insolidaridad social. Aunque se diga que crean riqueza, dan puestos de trabajo y, algunas de ellas, sean "caritativas".
 
En todas las inversiones de la Realidad se puede ver la huella del padre de la mentira.
 
El contemplativo lo ve con facilidad aunque, como ya se dijo, nada de lo contemplado es un conocimiento definitivo. Pero eso es ir desarrollando la función profética: tanto la contemplación de las inversiones de la Realidad como la sabiduría del Camino del Amor que también es la Razón del Corazón. Razón que es la originaria, genuina, auténtica y verdadera.
 
 

viernes, 15 de agosto de 2014

La antropología del Génesis

 
Seguramente sea muy atrevido por llamar al contenido de este post "antropología", pero bueno, por lo menos se habla del Hombre, varón y mujer. Es una interpretación de ese periodo al trasluz de lo escrito de nuestra naturaleza dañada.


En tal estado originario la Razón no estaba fracturada. El hombre era amor 100%. Conectaba de corazón a corazón, de ser a ser. Todavía no había hecho su aparición el yo falso. El yo observador/consciente no hacía falta, no era necesaria su función: todo era bien, no había que estar en vela. No tenía que venir el ladrón, del cual ahora no sabemos el día ni la hora en que vendrá. Tampoco esperar al esposo y estar, como las vírgenes prudentes, con el candil encendido.

El hombre (varón y mujer) dio nombre a todos los animales del campo y a las aves. La relaciones con todos los seres era perfecta. La relación de Corazón a Corazón hace que los dos Corazones sean uno. Se da el Conocimiento de el otro (sean animales, personas,...). Dar nombre es nombrar su verdadera esencia; no es algo arbitrario o nominalista.

En medio del Jardín habían dos "árboles" muy particulares: el árbol de la Vida y el de la Ciencia del Bien y del Mal.
Tenían ambos vida eterna y Dios les da el árbol de la Vida. Parece que Dios les dio algo para comérselo a Él.
Pero no podían saber la Ciencia del Bien y del Mal... por libre elección. El varón y la mujer ejercían su libertad fundamental de no conocer tal ciencia por su decisión. No tenían ningún problema con ello y seguir en unidad interna, unidos a Dios y unidos a toda la Creación: amando que es lo que da felicidad, amando libremente.

Hasta que tuvo que llegar la prueba. Aparece el ejercicio de la libertad de opción que, al ser opciones que no están al mismo nivel, es una trampa a sortear. Una disyuntiva moral que en principio no deberían tener mayor problemas.
La prueba llega de manos de un ángel caído/dañado (una persona angelical) y se dirige a la mujer (es de suponer que la sicología diferencial ya se daba, siendo la mujer más empática). Apunta al supuesto falso yo como si ella ya estuviese en ese estado dañado/caído. El diablo, sin dignidad ni Corazón, no puede ponerse al nivel de la mujer.
Ella debería haberse percatado de que todo era hermoso y bello excepto ese ángel, como siendo un poco raro sin encajar en la Realidad. Parece que no reconoció su corazón negro ni su esencia. La relación con un demonio no es bidireccional: no ama solo quiere ser amado. La mujer en su estado de perfección con capacidad de conocimiento directo, lo ve y no hecha a correr (es de suponer por esa unidireccionalidad).
Le siguió la corriente y... ahí rebajó su dignidad. El ángel ya tenía el campo abonado.


La relación de ella con el "árbol" estaba dañada: lo miró con distanciamiento, dejó de conocer la esencia y reparó en las apetencias inmediatas, como hace el falso yo.

El ángel no le dijo ninguna mentira. Fue la mujer quien se confundió (pensó en la sabiduría) y... conoció la Ciencia del Bien y del Mal. Aunque parece que todavía no es muy consciente.

El varón también conoció esa Ciencia y fue cuando ellos, dado el mismo estado caído en ambos, fueron conscientes. Ya no conocían las esencias, sino sus apetencias. Efectivamente, el yo observador/consciente aparece en su interior y conoce el Bien por un lado y el Mal por otro: su fractura interior y lo que quedaba del Corazón.

De facto ya estaban fuera del Paraíso.

Nos queda un último detalle. Como sabemos, por decisión propia o por dejarse seducir, el yo falso hizo su aparición y no puede unirse al yo verdadero. Primero porque en su deriva está perdida, sin norte. Segundo porque al ser falso ese yo, solo tiene que esfumarse cuando se dé Vida al Corazón, al yo interior-verdadero.

En tal estado, no deberían comer del "árbol" de la Vida, no pueden comer a Dios. Él coloca a "querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida" (Gn 3, 24).
 

jueves, 15 de octubre de 2009

La cruz del pecado original


Como sabemos la Redención y el Redentor no tiene sentido sin la pérdida de nuestro estatus paradisíaco. En este año dedicado al sacerdocio, profundizando en el Misterio nos topamos con ese misterio de la iniquidad, misterio por nuestra incomprensión y, por ende, por nuesta no aceptación plena, que supone el pecado original y la trasmisión a todos los que formamos parte del género humano.

El sacerdocio pone de manifiesto la Justicia divina. Que no se contrapone a la Misericordia, pues la justicia clama por la satisfacción de la pena, por el restablecimiento del Orden, empezando precisamente por quien le recae la culpa.

Así cualquiera puede afirmar que tiene al menos un pecado, pero que no lo ha cometido.
Esa es una Cruz. La primera de todas.
Sabiendo distinguir el pecado como acto humano y el pecado como estado, es decir, el pecar con estar en pecado, nuestra rebelión a ese estado es la raíz de todo verdadero mal.
Ahora con el Bautismo se quita el querubín de en medio, como es de Justicia. Aunque siga permaneciendo la pena y el fomis peccati.

Lo cierto es que limitaciones como la cognitiva sigue siendo una realidad. No amar esa Cruz es lo que acaba manifestándose como egoísmo; rechazarla, soberbia.
La soberbia: ese reafirmarse en el proceso egoísta, porque sino... se muere. Esa muerte curiosa de la que hablaba la serpiente que no es de la que habla Jesucristo.

Sabemos que la Cruz, en cuanto Madero del cual colgó Cristo, el mismo Cristo pues también Él es el Altar, es el Árbol de la Vida y la Eucaristía su fruto.
Sin embargo, curiosamente, qué parecido hay, análogas cuanto menos, entre nuestra situación en la Cruz, no la redentora sino ese estado de pecado en el que somos engendrados (cual estar picado por una serpiente antes de ser sanado por mirar a la representada en escultura metálica levantada a la vista de todos), con la situación de Adán y Eva frente al Árbol de la ciancia del Bien y del Mal.

Si no se ama la Cruz y tampoco se la rechaza, como decía hablando del egoísmo y del orgullo, en qué situación nos quedamos? Queda claro que más vale se fríos que tibios. El clamor que sube de nuestra alma y de nuestro corazón al Cielo no es más que un quejido. Un estado de queja que es la verdadera parálisis del alma.
Amar la Cruz, no solo es un deseo y un mandato de Jesucristo, es el único modo desde la madurez y para alcanzar la madurez. Jesús no lo diría de valde.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Pensamiento Ortodoxo │ 02 by J. Meyendorff

Otro texto de teología ortodoxa que el comentarista Anónimo deja en el post titulado "Pensamiento Ortodoxo │ 01 by W. Zaniewicky". En esta ocasión, es Jean Meyendorff quien comenta el error de traducción que Agustín comete:

“El texto bíblico que desempeñó un papel decisivo en la polémica entre agustín y los pelagianos es el de Rom 5, 12 donde Pablo, refiriéndose a Adán, escribe: “Igual que por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó sin más a todos los hombres dado que [porque] todos pecaron [eph' hô pantes hêrmaton]…” En este pasaje, el verdadero problema es de traducción. Las cuatro últimas palabras del texto griego se tradujeron al latín como in quo omnes peccaverunt (= “en el cual” [o sea, en Adán] todos pecaron, y esa traducción se utilizó en Occidente para justificar la doctrina de la culpabilidad heredada de Adán y compartida por sus descendientes. Pero el original griego, que es lógicamente el texto que leían los bizantinos, no admite ese significado. La forma eph’ hô -contracción de la preposición epí con el pronombre relativo ho- se puede traducir como “porque” (o “a causa de”), un significado admitido por la mayoría de los estudiosos modernos pertenecientes a las más diversas confesiones. Esa traducción confiere al texto de Pablo el significado de que la muerte, que fue para Adán el “salario del pecado” (Rom 6,23), es también el castigo que se aplica a los que pecan, coo Adán lo hizo. Eso atribuye al pecado de Adán un significado cósmico, pero no implica que sus descendientes sean “culpables” como él lo fue, a no ser que pequen de la misma manera que él pecó(…). La muerte es la retribución normal del pecado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Pensamiento Ortodoxo │ 01 by W. Zaniewicky

En el post del 8 de diciembre pasado titulado Solemnidad de la Inmaculada Concepción, Anónimo (cristiano ortodoxo de tradición eslava) me deja unas palabras de W. Zaniewicky que explican bien su visión del tema:

Para san Agustín, el hombre antes de la caída es una criatura "concupiscente y mortal", pero a la que Dios ha hecho don de la gracia, que es un "don sobreañadido" (donum superadditum). Este don no forma parte de la naturaleza humana en tanto que tal, y depende del acto mismo del Creador. Le permitiría escapar del pecado y de la muerte.
El pecado de Adán le retiró ese don de la gracia, y se convirtió en lo que era por naturaleza, es decir, en "concupiscente y mortal". Más aún, la culpabilidad se extendería a toda su descendencia, y todos compartirían su falta, ya que habrían pecado en él.
El hombre habría pues cometido un pecado original alzándose contra el orden establecido por Dios, un acto, una falta: "peccatum actuale". Este pecado se habría hecho hereditario y se convertiría en un estado: "peccatum habituale", el de la esclavitud del hombre con respecto a la concupiscencia y la muerte.
Para Agustín, Cristo elimina la falta original gracias al bautismo. Lega así a Occidente problemas angustiosos: condenación de los no bautizados, universalidad de la falta de Adán en seres que todavía no han sido creados, limitación o no de la gracia "recuperada" tras el bautismo; es el tema de la predestinación, que hallará su desarrollo último con el jansenismo del siglo XVII.
Una concepción semejante es totalmente extraña al Oriente: la doctrina tradicional se funda en la imagen bíblica de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. La indestructibilidad de la imagen divina es tal que el pecado del hombre puede empañar e incluso alterar esta imagen, pero en ningún caso suprimirla. Es lo que permite al hombre cooperar libremente por su salvación "aportada por Cristo, reconocer sus faltas, convertirse y recibirle" (sinergismo).
Jamás ha conocido Oriente la doctrina agustiniana del estado de una naturaleza humana creada "mortal y concupiscente", de una "gracia sobreañadida", ni tampoco el término de "pecado original". La herencia de Adán no es la transmisión hereditaria de una falta, sino simplemente la de la mortalidad. El texto de Romanos 5, 12: "quo omnes peccaverunt", traducido por Agustín "que todos han pecado" (en Adán) adquiere un sentido diferente. Para Oriente el sentido es éste: cometiendo su pecado, Adán ha pecado en la muerte, o dicho de otro modo, ha merecido la mortalidad y la decadencia; al igual, nosotros, sus descendientes, por nuestros pecados, continuamos pecando en la muerte. Podría traducirse: "la muerte, a causa de la cual todos han pecado, ha pasado a todos los hombres". La naturaleza humana no ha heredado así una culpabilidad, sino una servidumbre de la muerte, ya que sólo los pecados personales suscitan esta culpabilidad.
No hay entonces para los descendientes de Adán pecado ancestral, de falta transmitida ("peccatum actuale"), sino un estado de decadencia ("peccatum habituale"). La mortalidad es una esclavitud de la cual Cristo viene a liberarnos permitiéndonos la inmortalidad.
O, si se quiere, todos han pecado en la muerte, y no en Adán. El bautismo no es un sacramento que limpie una falta original, común a todos los hombres, sino una iniciación que confiere un nuevo nacimiento en el Nuevo Adán que es el Cristo, y que, por ello, integra al bautizado por un acto trascendente en una nueva humanidad que participa de la inmortalidad.
En este sentido, la Iglesia Ortodoxa no puede admitir el dogma católico de la Inmaculada concepción promulgado en 1854 por el papa Pío IX, y que retoma las tesis de san Agustín y las formulaciones de Duns Scoto: si María no ha nacido en el estado humano, que implica una decadencia (se trata aquí de la concepción de María, que habría nacido sin el "pecado original"), no se entiende cómo puede transmitir a su Hijo una humanidad que, precisamente, necesita la salvación.
Igualmente, la Ortodoxia tampoco puede admitir el dogma de la Asunción corporal de la Virgen (Pío XII, 1950), pues habla de Dormición, de paso por la muerte física.
Para el Oriente cristiano, sólo Cristo es el Redentor. Su madre, la Théotokos, no es co-redentora, como quisiera Occidente, sino que es, junto con los santos, mediadora. En el tronco común del cristianismo, el mensaje estaba claro: el Verbo toma carne de una mujer (Dios es sarcóforo), y el hombre recibe el Espíritu (es hombre es pneumatóforo).
Dios se hace hombre para que seamos deificados. No pone obstáculo a la muerte, porque no hay obstáculo para la Resurrección. La divino-humanidad, término ausente de los diccionarios, significa la destrucción del muro de separación entre el Creador y su creación. Hacer de su madre un "avatar" divino le quita todo el sentido al mensaje.