a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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domingo, 5 de octubre de 2014

La autocompasión y la compensación

 
 
Se desata una terrible tormenta, viento y mar enfurecen, cae un chaparrón tremendo, la barca es ingobernable, fuertemente zarandeada y cayendo sobre ella las grandes olas. La barca corre grave peligro de naufragar y todos temen seriamente por sus vidas. Todo queda fuera de control. Qué es el hombre sorprendido por catástrofes naturales? Una hoja de árbol caída a merced de una suerte en contra. Y en esos momentos, Jesús permanece durmiendo en proa como si estuviera balanceándose en una hamaca o mecido en una cuna.

Nos podemos enervar y sernos imposible el contemplar, no poder ser conscientes a distancia de nuestros yoes y de la realidad circundante, y, por tanto, ser incapaces de capear el temporal con templanza y señorío. Nos vemos en medio del fragor y el caos de un choque de egos, una batalla en la que todos pierden. Pegados al falso yo, tememos y nos volvemos iracundos o hacer gala de otros mecanismos de defensa.

Oración? Ir a proa, no perder el norte, allí está Jesús durmiendo. Sacudirlo para que despierte y decirle "que perecemos, Señor!".

Nos dirá hombres de poca Fe. Pues en esos momentos de ira divina no estamos viviendo la vida del espíritu, la Vida en el Espíritu, en su Espíritu. Viviendo la Vida nueva, de la que ya tantas veces hemos hablado, no hay temor, no es necesaria la ira (como pasión vital), puesto que es la vida verdadera y no se teme por la muerte. El falso yo sí que es todo temor puesto que es totalmente inconsistente, sin entidad real: necesita recurrir a sus mecanismos de conservación. Mientras no tengamos la suficiente Fe, esa fortaleza en la unión con el Espíritu y mantener nuestra capacidad contemplativa para gestionar la situación, forzamos a Cristo a cesar el temporal y a calmar las aguas: lo provocamos, lo ponemos a prueba, como una especie de tentación de las que tuvo en el desierto.

Estas cosas pasan cuando luchamos contra el mal. Este es otro aspecto de nuestra falta de Fe y de Esperanza. Lo que conlleva necesaria e indefectiblemente a una falta de Caridad: con la ira pretenderemos estar dominando y, si es posible, machacar al mal sin distinguirlo de la persona que "lo lleve", sea uno mismo o un prójimo. El mal alimenta su fuerza con nuestra fuerza en batallarle: lo que se llama "escalada de violencia". En realidad, nuestra fuerza contra el mal es una fuerza del mal. El mal siempre vencerá, sea el contrario o el de uno mismo. En ambos casos, sin distinguir uno de otro, siempre nos sentiremos derrotados a poco que nos quede un resquicio de consciencia (siempre queda algo).


Qué ocurre en el falso yo cuando la ira no se despierta? Necesita otro mecanismo de defensa; no puede permanecer indiferente. En esa situación, el falso yo recurre a autocompadecerse: entra en el estado permanente de queja. El falso yo no está conforme con nada, no termina de aceptar nada, le resulta todo incómodo y molesto, se ve desubicado,... y todo son excusas y sinrazones. En el fondo, aunque tenga la razón (al menos en el análisis crítico), y como ya sabemos, el falso yo quiere soluciones inmediatas: ira o queja.

Ambas son muestras de inmadurez, ambas son reacciones infantiles. Dado que los niños, aún en su verdadero yo, por edad son incapaces o no saben, teniendo necesidad de sus padres, de su ayuda ejemplar. No olvidar que el verdadero yo también puede recurrir a la ira como nos ilustra Jesús con los mercaderes del Templo. Un niño derrotado y sin ayuda será una persona autocompasiva. Un niño acostumbrado a satisfacer sus caprichos con rabietas será iracundo. Un niño que consigue sus propósitos haciéndose el débil y dando lástima será una persona tóxica y manipuladora.

La autocompasión es un detenerse. Las cosas no pueden quedar para el falso yo en un sentirse derrotado, en un sentirse incapaz o superado por la situación. Necesita superar esa frustración, como volviéndose a sentir vivo, dejar esa soledad deprimente (si no llegan las depresiones). Lo inmediato es compensar de algún modo ese dolor de dos formas: buscar en otros el afecto, la aprobación tergiversando la verdad y mintiendo, mostrando su buenismo, su pretendida cara tierna, su "alegría" como si fuera poseedor de la verdad; o crear y satisfacer otras necesidades como comer, beber, jugar, eludir responsabilidades, evadirse, placer sexual, dominación de otro más débil,...

Y aún queda un recurso antes de deprimirse si nada de esto puede funcionar: la de unirse al enemigo, como dice el refrán. Pero el enemigo suele ser tan incoherente, egoísta e inmaduro...

Sólo con el despertar de la consciencia, la contemplación espiritual, la vida del Corazón, vivir en Camino hacia él, alcanzamos la madurez. Acometeremos entonces la verdadera solución o prevendremos el problema al ver más allá de nuestras narices y conoceremos verdaderamente la Realidad. Sólo así se vive la Fe, la Esperanza y el Amor.
 

martes, 16 de septiembre de 2014

Amar al enemigo

 

Este punto es como una piedra de toque. En su día, a mucha gente le resultó repugnante y se fue cuando Jesús dijo que había que comer su Cuerpo y beber su Sangre. Supongo que los Apóstoles se encogieron de hombros y le dieron un voto de confianza. Pedro le dijo que solo Él tiene palabras de vida eterna y esperaría a ver en qué queda todo eso.

No sé cómo la gente reaccionaría cuando Jesús dijo eso de que hay que amar a los enemigos. Pero hoy en día es algo de que nos deberíamos confesar muy a menudo, si no hemos tirado la toalla o hayamos mandado la Fe a tomar viento.

"Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen.
Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente." (Lc 6, 27-31)

Ahora, leyendo esta cita, me llama más la atención eso de no reclamar a nadie que tome de lo mío. Lo de amar al enemigo, al fin y al cabo, no tengo enemigos solemnemente declarados, no tengo ninguna pendencia declarada con nadie.

El contemplativo sabe que luchar contra el mal es mal. Así que como mínimo, ante un enemigo, se queda encogido de hombros como diciendo "no sé cómo abordar esto pero no me nace enzarzarme con ese; le dejaré hacer a ver".

El falso yo se desea y se relaciona con cosas; y si hay que pasar por encima de alguien se pasa. El Corazón o verdadero yo se relaciona con Corazones. Esto lo sabemos, así que quien haya abandonado al falso yo y viva la vida del Espíritu será capaz de ver el corazón de su posible enemigo.


El contemplativo está desasido de todo y en ese sentido está despreocupado de todo. Por una parte, qué le puede hacer un enemigo? Y por otra, verá al Corazón de su enemigo sufriendo y oscurecido por su falso yo. No podrá más que, al menos, sentir lástima y compasión por su supuesto enemigo. El contemplativo, tal como se conoce y se ama, conoce y ama a los demás. Es el falso yo el que necesita poseer cosas y puede verse amenazado por todo, por quien le haga sombra, por quien le impida ser el centro y el rey del mambo.

Quien haya meditado sobre el mal, sobre el bien y sobre la no batalla del bien contra el mal está a un paso de amar al enemigo. Quien tiene la serenidad y la templanza de la vida nueva, la del Espíritu, podrá ponderar con claridad, lucidez y naturalidad estas cosas ante cualquier situación.

Pero a todo esto, quién puede ser enemigo nuestro? Nadie puede atentar contra nuestra unión con Cristo en el Espíritu. Quien tiene esa experiencia lo sabe y no porque lo diga Pablo a los romanos. Nadie puede atentar contra el ser salvo Dios y éste no lo va a hacer, ni puede. Dios solo puede amar y solo nos va a restaurar y dar Vida cuando nos dispongamos.
"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: 'Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero.'
Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó.
Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro." (Rm 8, 35-39)

Enemigo es nuestro falso yo y el falso yo de los demás. Cuanto más estemos entrenados en abandonar al propio falso yo y tomar el camino del Corazón, tanto mejor nos resultará abandonar al falso yo de los demás y relacionarnos con sus Corazones, amarles como nos amamos, bien sean amigos o enemigos.

El falso yo, además de hacer daño al propio Corazón, puede hacer daño a los demás Corazones. Y puede haber una persona que nos esté dañando. Hay personas que estando con ellas contagian paz porque son pacíficas. Hay personas que contagian nerviosismo, tensión, el sufrimiento de su Corazón, la rigidez de su falso yo, la dureza de su Corazón.

Hay personas tóxicas que para ser el "eje cósmico" para que todo gire entorno a ellos tiene que someter a los demás y más si tienen una posición de autoridad, volviendo dictadorzuelos y tiranos. No por odio directo sino a través de la actividad de su falso yo y lo inconscientes que son.

También hay personas que odian. El odio puede ser un paso más allá de la envidia. Puede ser porque se sienten amenazados, ven peligrar su carrera, su ascenso, sus mecanismos de defensa y no quieren verse tal como son,... Odian por miedo y su odio puede dañar también nuestro Corazón-Relación.


En la medida de nuestra Fortaleza de espíritu, Don del Espíritu, no síquica ni física, podemos ver zozobrar nuestra barca. Y veremos a Cristo dormir en ella. Nunca pasa nada con Cristo. Y si lo despertamos, nos dirá comprensivamente "hombre de poca Fe".
"De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.
Acercándose ellos le despertaron diciendo: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!"
Díceles: "¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?" Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza." (Mt 8, 24-26)
Este pasaje siempre me hace sonreír. Las olas cayendo sobre la barca y Jesús durmiendo. Eso es tener sueño, la conciencia tranquila y no ser temeroso sino señor.

En cualquier caso, sea cual sea nuestro enemigo (y al igual que con los amigos), seguiremos siendo contemplativos (no se deja de serlo), seguiremos siendo Cristo, seguiremos escuchando el dolor, seguiremos amándonos y seguiremos dejándonos amar siendo ofrenda, seguiremos amando a los Corazones de los demás sean quienes sean,...

Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.
(Dn 3, 39-41)
Palabras que ya sabemos cómo nos iluminan.
 

martes, 2 de septiembre de 2014

Sólo una cosa es necesaria

Walk of live
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres.
Acercándose, pues, dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude."
Le respondió el Señor: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada." (Lc 10, 38-42)
 
 
Lo típico de cuando predican sobre este pasaje es hablar de la vida activa y de la vida contemplativa. Incluso las contraponen y, si no, no se sabe muy bien cómo conciliarlas. Quizás porque son dos personajes, se tiende a entender que cada uno simboliza una cosa. Y además, si solo una cosa es necesaria, será que la otra no es necesaria.
 
Sin embargo, ambas hermanas (y Jesús) son símbolo de una misma cosa, de nuestro interior. No porque tengamos dos personalidades, ni divididos en dos partes al respecto. Sino porque las dos actividades las realizamos al vivir.
 
Los que viven la vida del falso yo, obran en función de una verdad (sea un texto del Nuevo Testamento, sea por intereses personales o institucionales o sea por motivos más pedestres). Sí, hay gente que se mueve por verdades consideradas buenas y dicen que lo hacen por amor a Dios e, incluso, se lo ofrecen como trabajo bien hecho.
 
Los que viven en camino al verdadero yo o la vida del verdadero yo, obran en función del Amor, de la Palabra de Dios y de la Naturaleza. Escuchan al dolor, escuchan al Corazón y escuchan a Dios.
 
María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Escucharle es la única cosa necesaria.
 
Otra diferencia entre los dos yoes. Uno ama cosas, el otro ama corazones. Uno rechaza el dolor y lo esconde, el otro habla de dolor y lo pone de manifiesto porque quiere sanar. Uno obra iluminado por la verdad, por una idea, y la vida del otro está informada por el Amor.
 
En Dios Verdad y Amor se identifican, pero es el Amor el que informa la Verdad en orden al Ser. Si la Verdad informara al Amor, no podríamos salir del relativismo, la bestia parda de los grandes eclesiásticos.
 
Hay realidades interiores que son difíciles de explicar y de definir (por no decir imposibles). Si las expresáramos, quien nos escuchara lo tomaría por verdad y se autolimitaría: quedaría encorsetado y condicionado.
 
Todo esto venía por lo siguiente.
He leído "Deus cáritas est" de Benedicto XVI. Para hablar del amor hace un estudio del lenguaje, algo que no me parece muy elevado, y acaba centrándose demasiado en la Iglesia en cuanto institución en este mundo.
 
Ahora, estoy leyendo "Cáritas in veritate". Sólo por el título ya dice lo contrario de lo que estaba diciendo antes. Pero al leerlo dice que sí pero no, que no pero sí, que sí pero no me atrevo.
 
Tenía costumbre de leer sus Audiencias de los miércoles y se veía cuando las escribía él y cuando se las escribían otros. En estas Encíclicas no encuentro el sabor que recuerdo de él. En estos documentos parece querer introducir algo novedoso pero con miedo a que lo tomen, falsamente, por rupturista o con miedo a que no sea aceptado por los doctores vaticanos y papistas around the world.
 
Decir clara y abiertamente que la verdad es en la caridad, es hacer honor a la Realidad. Lo propiamente rupturista es decir que la caridad es en la verdad. Aunque llevamos con esa ruptura muchos, demasiados siglos y cierta gente lo toma por tradicional.
 

sábado, 23 de agosto de 2014

Las relaciones y otras cuestiones olvidadas

 

Para la lógica del falso yo puede ser atractiva la ascética, incluso la meditada bajo la luz del Evangelio. Se cree que la naturaleza caída implica la corrupción del corazón y de la carne. Y por ende, debe regir la recta Razón (la Razón del falso yo mejorada en el cristianismo).

Es una herencia de la Grecia clásica y de su excelencia racional. En aquella época de los inicios de la Iglesia era lo más top en civilización y humanidades. Pero la civilización griega, en cuanto pagana, no sabe de la fractura de la Razón. No de balde, Jesucristo nos dice que nuestros pensamientos no son los de Dios: siempre solemos estar identificados con el falso yo. La conciencia, en vez de separarse y ponerse a contemplar, piensa que debe vencer sus bajos instintos.

La contemplación nos lleva a toda la Realidad. No es un deleite de su Belleza y Armonía. Es una comprensión y conocimiento que da el amor más allá de las apariencias. El conocimiento por experimentación racional y metódico de la Realidad es fruto de ir a ciegas: un conocimiento ciego que fuerza a seguir ciego.

En esa ceguera del falso yo, el amor pasa a ser un concepto que cada cual intenta definir. Y los que no con consecuentes con la fractura de la Razón (mayoría en el cristianismo) tienen que racionalizar el amor, marcarle unos modos, encorsetarlo, envasarlo y venderlo, poner puertas al campo,... haciéndolo muchas veces estéril e, incluso, contraproducente.

Al Amar al Corazón, al cuerpo, a la Naturaleza, al corresponder a su Amor, al atender sus "cantos de sirena" que es el dolor, empezamos a conocer de verdad qué es el Amor y lo indefinible que es.

Los ascetas piensan de la contemplación que solo se centra en uno mismo ya que tienen que luchar también ellos contra eso. No consideran que el ser es relacional por naturaleza, que el Corazón es relacional y las relaciones forman parte de su ser. Y luego se quejan de que la mentalidad actual es individualista e insolidaria, donde cada cual va a su bola.

Al hablar sobre el dolor del Corazón hablamos también del dolor que le produce el estado de otro Corazón o el que le infringe otro falso yo. La responsabilidad por el propio estado dañado se extiende per se hacia todos los que nos relacionamos, hacia nuestra sociedad y hacia toda la Humanidad.

Los liberales, ahora neoliberales, dicen que la sociedad no existe, lo que existen son los individuos concretos. Es un ejemplo de la naturaleza individualista y aislada del falso yo. La sociedad existe si existen los individuos porque es todo el entramado de relaciones entre ellos y las relaciones existen como existen los individuos. Las relaciones son esencia de la misma Naturaleza del ser humano y de toda la Creación.

Si del comunismo se dice que elimina la libertad del hombre, el liberalismo reduce-mutila la Naturaleza y aísla al hombre: lo que le posibilita una "mayor libertad" (falsa libertad), dejando así la solidaridad para las clases medias que son las que más en contacto están con los pobres y necesitados. Los ricos y muy ricos viven en otras esferas.

La contemplación nos llevará a luchar por la justicia social si de verdad es contemplación: desidentificación del falso yo y escucha del dolor. Nos dolerá el dolor ajeno.

Recordamos que las relaciones del verdadero yo es de Corazón a Corazón y las relaciones del falso yo es con cosas que le satisfacen aunque a veces dé una limosna.

Alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
y dijo: "De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir" (Lc 21, 1-4).
 

viernes, 22 de agosto de 2014

Fe, Esperanza y Caridad

 

Hablar de virtudes es como hablar de los buenos aromas que emanan del ser por estar siendo y por su obrar, efluvios admirables al contemplar por amor a una persona. Si el ser deja de obrar, desaparecen las virtudes.

Las virtudes requieren de una visión más espiritual: sobrepasan la apariencia. Es un conocimiento natural del amor que el método científico no es capaz de alcanzar.

Las virtudes se ven desde fuera, las ven otros. Cada cual actúa por amor, en caso del verdadero yo, o por intereses más o menos mezquinos, en caso del falso yo. Pero no se actúa para alcanzar una virtud.

Los concertistas son virtuosos de un instrumento musical. Para ello se han ejercitado miles de horas y dedicado su vida entera a ello. Sí, pero no se han entregado por perseguir la virtuosidad, no han ejercitado la virtuosidad en sí: han actuado por amor a una vocación, a una llamada. Y nosotros los llamamos virtuosos.

El contemplativo no habla de virtudes, pues su conocimiento y comprensión de la Realidad es mayor. No actúa para la platea y el aplauso, como tampoco adulará ni juzgará a nadie: el hablar de virtudes es enjuiciar.

La Fe, la Esperanza y la Caridad, en mayúscula, se las llaman virtudes teologales pues es Dios quien las concede; no se alcanzan por méritos propios. Luego, no hay que ejercitarlas sino hay que pedirlas y recibirlas.

Decir esto es caer en el error que se señalaba antes, puesto que no se actúa por la motivación de la virtud, ni expresamente por cultivarlas por muy buena que sea la intención. Esa concepción la heredamos quizás de la Grecia Clásica y todavía se trasmite en la formación cristiana.

Ningún contemplativo hablará de virtudes ni de méritos propios: no se hacen méritos para nada. Eso es un lenguaje más al nivel de las vanidades humanas (el falso yo), como para hacer carrera militar o eclesiástica, ascensos en una estructura,... Los contemplativos son anárquicos; las estructuras son un artificio, no se deben a ella. En caso contrario, elevaríamos las estructuras a rango de ídolo.

La Fe, la Esperanza y la Caridad son tres virtudes íntimamente relacionadas, tanto si se expresan en minúscula como en mayúscula.

El amor da conocimiento, por ejemplo, de que la Naturaleza es autoregenerativa. Al ser un conocimiento del amor, tenemos a la Naturaleza por amorosa: nos ama y que le correspondemos.

Bien, pues tenemos fe en que la Naturaleza es autoregenerativa. Esa fe nos hace ponernos en manos de Ella con la esperanza de que nos regenere. Esa fe nos hace amarla y esa esperanza nos hace perseverar en su amor. Y al a vez, por amor la conocemos y retroalienta la fe y con ella la esperanza. Ponemos a la fe en primer lugar, como podríamos poner a la caridad.

"Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad" (1Co 13, 13). Después de la muerte solo permanece el Amor.

Para las realidades no-humanas en las cuales nos movemos, vivimos y existimos, como son Dios, Naturaleza, Vida,... realidades que se escapan al conocimiento fenoménológico (el alcanzado por el método científico), ese conocimiento que da el amor se refuerza, se hace más seguro, se afianza. Es la Fe teologal.

Por la Fe, estamos más seguros de que la Naturaleza es amorosa o que Dios nos ama a través de Ella que de la fórmula química del agua, H2O, o de que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Por la Fe, tenemos más seguridad en que nuestro Corazón será sanado cuando reunamos las condiciones y sea el momento, que de que el agua se solidificará cuando se descienda a temperaturas menores de 0°C según su concentración de sales.

Esperaremos sin sombra de dudas ni vacilaciones, hasta el infinito y más allá si hace falta. Amaremos sin fisuras, sin dejarnos en el falso yo algo con nostalgia, aunque nos parezca estar dando un paso hacia el abismo en ese momento, el abismo que media entre el falso yo y el verdadero.

Qué amaremos más, a nuestro yo interior o a una identidad cimentada sobre una falsa apreciación? Las máscaras y los mecanismos de defensa nos los hacemos para tener seguridad. Qué amaremos más, esa seguridad fatua o la seguridad y felicidad que da ser y sentirse amados?
 

jueves, 21 de agosto de 2014

Los pasos atrás

 
"Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio" (Rm 8, 28).

Por el hecho de existir, ya somos amados por la Naturaleza (causa segunda, para que no sulfuren los tomistas). Por el hecho de vivir, ya somos amados por la Vida. Cuando nuestra conciencia empieza a sospechar y quiere iniciar el camino de vuelta, se inicia ese diálogo amoroso en el que empezamos a corresponder al Amor de la Naturaleza, de nuestro Corazón: empezamos en verdad a amarnos a nosotros mismos.
«Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?"
Respondió: '"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas' y con toda tu mente; 'y a tu prójimo como a ti mismo."'
Díjole entonces: "Bien has respondido. Haz eso y vivirás"» (Lc 10, 26-28).
No caben medias tintas, como ya vimos. No sirve de nada tener una vela encendida a Dios y otra al demonio. No podemos servir a dos señores. Todo esto es tan estéril e, incluso, más nocivo que ser cerril.
Tal como empezamos a corresponder al Amor, nos amamos a nosotros mismos y a amarnos cada vez mejor. Conoceremos al Amor y así amaremos a los demás. Es un Camino en solitario asistidos y acompañados por el mejor de los Compañeros: el Espíritu de Dios Padre e Hijo, el Espíritu Santo.

Partimos con un grado de consciencia como atrofiado. Se despierta y por el Camino va creciendo y expandiéndose. Siempre sin olvidar nuestros orígenes y condición: partimos de un estado que con el tiempo veremos bien que es bastante lamentable (espiritualmente hablando); y nuestra condición siempre será la de seres sustentados por la Naturaleza (criaturas de Dios, hijos del Padre).

Es decir, nuestra conciencia siempre será limitada, siempre en desarrollo. Recordemos que el Camino es infinito y nada es definitivo. Cristo es la meta, podrá decir alguien. Sí, pero Cristo también es el Camino. Ponerse en Camino es como participar ya de la meta y la victoria.


En esta historia interminable, siempre habrán pasos en falso y retrocesos. Nos dejaremos llevar de nuevo por el falso yo que nos volverá a engañar con sus falsas soluciones facilonas y apetitosas, con su falsa libertad.

Debido a su limitación, la consciencia no alcanza muchas veces a ver sus avances, nos hastiamos y ponemos a prueba a Dios. Todo esto es como un Éxodo interior: salimos de la esclavitud hacia la Tierra Prometida.

Es al dar los pasos atrás cuando nos hacemos conscientes de lo que habíamos avanzado y que acabamos de perder. Llegan los lamentos. Podemos sentir el ego herido... pero, como niños, prontos a levantarse y volver a empezar: volver a separarse del falso yo, volver a clamar, pedir perdón, volver a amar el Camino, el corazón, la Naturaleza, el Espíritu que nos asiste. De todo se aprende: como dice la cita inicial, para los que aman a Dios, todo lo que ocurre es para bien.

Esto es un deporte de fondo. No es tanto ir rápido como ir seguros y mantener la motivación. Como en toda relación amorosa, hay que alimentar el amor a cada ocasión. No es una carrera militar en la que el expediente tiene que estar inmaculado. Superar las caídas son como medallas al honor y a la valentía. La Gracia nos asiste y encima nos condecora. Cada vez que nos levantamos, los ángeles lo celebran.

Serrat canta una preciosa canción de amor, "Lucía":
"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido,
nada más amado que lo que perdí".
"Si alguna vez fui sabio en amores
lo aprendí de tus labios cantores;
si alguna vez amé, si alguna día después
de amar amé, fue por tu amor, Lucía".
Donde Lucía es el objeto de amor y nuestro objeto de Amor en el Camino es el Corazón con sus penas, la Naturaleza, el Espíritu de Dios y el Camino mismo.

martes, 19 de agosto de 2014

La moral

 

Espero que todos hayamos tenido la experiencia de ser todo corazón, de estar como en estado de gracia, especialmente inspirados, acertadamente intuitivos, en un ambiente de felicidad y confianza,... Son pistas del vivir la Vida, de que nuestra consciencia está identificada con el Corazón y vive según él, de que Amamos, de tener el rostro iluminado por Dios como estando ungidos.

Normalmente, nos veremos con defectos y vicios porque no sabemos discernir lo que es la Naturaleza del falso yo.

Por poner un ejemplo, en familia somos todo corazón, con los amigos somos algo más resabiados, en el trabajo nos llevamos bien con unos y con otros a parir, cuando hablamos con el jefe nos sale el cabo chusquero que llevamos dentro y empezamos a enjuiciar a los compañeros,... Sin entrar en más detalles, nuestra consciencia va de aquí para allá.

La moralidad es una dimensión de las aciones humanas dada su libertad y su consciencia pudiendo ser valoradas como buenas o malas, asumiendo el agente la responsabilidad. Un juicio pretendidamente objetivo como si hubiera un poder judicial humano. Y en parte es así. La ciencia moral está pensada como si fuera a aplicarse como una ley del estado, con una mentalidad jurídica.

Es más "fácil" para las iglesias gobernar y pastorear así a la gente. Es más fácil para un miembro reconocer y confesar sus maldades según el código común de su comunidad. Pero las valoraciones objetivas son muy limitantes, cuando no incorrectas, inadecuadas y enajenantes, desde el punto de vista subjetivo que es el real.

La actividad del contemplativo ya la hemos descrita, es decir, la dinámica interna del hombre. El contemplativo mira la raíz de su actividad diaria.

Si obramos según el yo falso nos percataremos que perdemos cercanía con el Corazón. Cuando el yo consciente se identifica con el Corazón nos vemos especialmente con la mente abierta, serenos, pacíficos y transmisores de esa paz, alegres por el hecho de vivir (aunque nos falten los brazos).

Nuestra moral es conocer esas idas y venidas del yo consciente, conocer toda la actividad interna y del cuerpo expresada por el dolor.
Nuestra moral es, como ya se dijo: negar al falso yo, tomarse en serio lo dañado del Corazón y seguir el Camino para su sanación y la felicidad real.


Cuando corazón está lejos y no lo escuchamos, no nos inspira. Nos percatamos de que seguimos la vida del yo falso y a pesar de eso seguimos con esa inercia. Repasar eso de la culpa y la pena.

Es el momento de parar máquinas urgentemente y ansiar la Vida, negar al falso yo sin fisuras, de pedir la Vida como niños, como quien no sabe (de hecho no sabemos), actos de Amor sin sombras de dudas, de ofrecernos del todo sin añoranzas a algún aspecto de la falsa vida, de pedir inspiración como un hijo que no lo merece,... Es lo que se llama Piedad. Las medias tintas convierten todo esto en estéril. Ya lo veréis.

Nosotros mismos valoramos la cercanía y la salud del Corazón. Lo que nos acerca al Corazón y lo hace sanar y crecer, es del Camino. Lo que nos aleja del Corazón, es andar perdidos y volverse en su contra.

El discernimiento es esencial.

En resumen: pasamos de valorar nuestra actividad externa según unos criterios dados a valorar nuestra actividad interna según nuestra vida, según la Vida.

Los pastores se ponen nerviosos con esto. Pero recordad: silencio, escucha del dolor, eliminar obstáculos (siempre vienen del falso yo) y dejar actuar a la Naturaleza. Docilidad a nuestra Naturaleza. Diálogo y escucha con Ella, con el Dios de nuestro Corazón.

La única Palabra de Dios es Amor. Las palabras del falso yo... un batiburrillo.
 

viernes, 15 de agosto de 2014

El yo observador y consciente

 

Siguiendo en la línea de los posts recientes, sabemos que tenemos dos yos. Como decía Pablo de Tarso, tenemos dos leyes y hacemos el mal que no queremos y no hacemos el bien que queremos.

Otro aspecto a considerar del ser racional-relacional es su carácter reflexivo, autoconsciente, con consciencia de sí mismo, es decir, puede observarse, analizarse y examinarse. Nos aparece un tercer yo.
Ahora tenemos el yo falso, el yo verdadero/interior y el yo observante/consciente.
He de decir que estas nociones no tienen una correlación con las de la Sicología. Si es posible una estructuración conceptual de todo esto, se parten de bases distintas, con una estructuración distinta y con una metodología distinta.

El yo consciente puede adherirse o identificarse con el yo falso o con el verdadero. El yo falso tiene el atractivo de tender a bienes más inmediatos y de rápida satisfacción (aunque se agoten y tengan un efecto perecedero como una crema antiarrugas o una prenda de moda, y hasta nocivo, como las drogas, sustancias para la rápida musculación, mala alimentación a base de caprichos,...). Además de ese atractivo, el yo falso habla más fuerte, con más contundencia, con más simpleza. Lo que hace que parezca más entendible.
Es más fácil que el yo observante se identifique con el yo falso dejando de observar; o tienda a otorgar al yo falso ciertos deseos. Sobretodo si no conoce al yo interior.

No os resultará extraño que mucha gente no sepa que tiene un yo verdadero. Todo esos falsos y reducidos conceptos de amor lo impide. Podemos decir a alguien en una conversación privada y de fondo: "tú no eres así, estás siendo así". Generalmente encontraremos una reacción de extrañeza u otra más fuerte: la de tacharnos de pirados.

El Corazón no habla fuerte como imponiéndose, ni dando golpes sobre la mesa, ni es tan contundente, ni tan exigente; debemos mirar a largo plazo; parece que se pierde algo de control pues todo deja de depender solo de uno mismo,... Para escuchar al Corazón hay que silenciar al yo falso sin ordenárselo. Sencillamente volver a poner distancia para ser otra vez observador.

El yo observante es quien en algún momento se da cuenta de su mal camino, de su desorientación o quien reaccione ante unos toques del Corazón.
Es el yo observador quien realiza la contemplación y quien decide adoptar la nueva vida de la Vida. Eso sí, hay que estar sobreavisados: el yo falso se las va ingeniar siempre para no morir; lo va a evitar a toda costa y con todos sus medios. Siempre hay que estar alerta: el yo observador no debe desaparecer.

Bueno. Todo esto está muy bien, pero en realidad somos una mezcolanza, más o menos inconsciente, de todos estos yo manifestada como una unidad.
La solución... dentro de tres o cuatro posts.
 

jueves, 14 de agosto de 2014

El Ser del ser humano │ 2 de 2

 
Redescubrimos el Amor, redescubrimos nuestro Corazón y nuestro cuerpo, y nos queda todo por descubrir. Redescubrimos nuestra animalidad, nuestra racionalidad, nuestra Razón fracturada por la escisión de la Mente quedando fracturado nuestro yo.
Descubrimos como esa Mente somete, esclaviza, oculta y llegaría a encadenar al Corazón en una mazmorra (permitidme esta imagen algo fuerte :) ). Lo hace sufrir y hasta lo hiere. Esto se resume en una palabra: lo tortura. A lo que el Corazón responde con un Amor más encendido. El amor es infinito: lo que haga falta sin escatimar recursos.

Y recordar que todo lo redescubierto, nunca es definitivo. A la Realidad no la agotamos. Siempre nos quedarán nuevos mares y tierras nuevas por Conocer, para saber Amar más y mejor.

La Mente crea un yo falso y el yo verdadero queda oculto pasando a ser el yo interior. Cuando reina el yo interior, el yo falso se esfuma y es el yo verdadero quien se manifiesta.

Ser, Amor, Naturaleza (la naturaleza de los entes que existen y tienen ser propiamente), Corazón, Razón son una misma cosa: se identifican; son todo en todo. Se distinguen por su esencia, pero cada esencia no es parte de un todo. Ontológicamente no se distinguen.

Pero vamos a lo que vamos.

Una característica esencial del ser humano es que es relacional. Un aspecto muy olvidado, puesto de lado y casi anulado por la Razón del falso yo. El individualismo es una nota dominante en nuestra cultura, mentalidad y hasta en la Ciencia experimental.

Las relaciones son parte de nuestra naturaleza, de la Naturaleza del Ser, de nuestro ser. Se dice que es nuestra segunda naturaleza, aunque esa expresión es más propia del falso yo por su Razón nostálgica (ya lo veremos). Decir "ser relacional" (sustantivo y adjetivo) es una redundancia, aunque necesaria para despertar nuestra conciencia.
Las relaciones nos "contaminan", nos complementan, nos realizan. Somos en función de nuestras relaciones. Un ser sin relaciones es un absurdo, solo considerable como entelequia.
Son como la materialización del amor. Y huelga decir, porque lo sabemos todos, que las relaciones establecidas entre corazón y corazón son bidireccionales por su misma naturaleza, no por la calidad del "dar y recibir" o por la calidad de la respuesta.

Cuáles son los objetos de amor? Otros corazones. El yo verdadero, el yo interior, el Corazón, la Razón del Corazón, la Naturaleza, ama otros Corazones. Ama otros seres, otras personas.

El yo falso también tiene sus objetos de amor. Recordemos que es escisión del Amor. La Razón del falso yo, el amor del falso yo, rechaza el dolor. Forma parte de su nostalgia.
Ama teniendo en cuenta su satisfacción. Ansía ser perfecto, fuerte, de aspecto saludable para ser el centro y sentirse superior como intento para llegar a ser amado; bueno en cuanto poder ser adorable, bello en cuanto ser admirable. Ansía ser el verdadero, el auténtico, el genuino yo. Y así se reafirmará tanto más fuerte cuanto más amenazado se vea.
Ansía todo esto puesto que no lo es. Puede llegar al extremo de vender su alma para serlo. Reclama Amor y quiere conseguirlo amando primero las cosas que oculten sus carencias (o así lo piensa, verdad?).

Pero claro, el amor a cosas, la relación con cosas no es bidireccional. Además, es falso amor, es apego. Por eso ansía ser amado (forma parte de su nostalgia).
Está perdido en ese bucle que le impide salir de sí.
Es prisionero de sí mismo.

El falso yo ama a ídolos falsos, a dioses muertos que no hablan ni ven.
El yo verdadero ama al "dios vivo" que habla, ve, siente,...

Ya tenemos más recursos para distinguir ambos yos, ambas Razones, ambas naturalezas: el objeto de su amor: corazones o cosas.

La Filosofía razona según las manifestaciones del yo falso, sin embargo no pocas veces los grandes filósofos, en cuanto genios, dan pistas de ese yo interior y lo reclaman. Es lo que llamo "razón nostálgica". Expulsado del Paraíso por haberse escindido de la Realidad, del Corazón, el yo falso siente nostalgia, tiene algún vago recuerdo de ese estado originario que añora [los nihilistas que lo traduzcan, que saben o saben que es posible]. Por eso siente rechazo al dolor, al sufrimiento y a la muerte.

Ahí tenemos a Schopenhauer, con su separación de Idea y Voluntad. Y su libertad para no estar alegre. Lo primero define muy bien ese estado fracturado en que nos encontramos y lo segundo indica que la verdadera alegría viene del Corazón y sus relaciones (valga la redundancia). En su honestidad, no quiere ser feliz.
Tenemos a Rousseau, con su "el hombre es bueno por naturaleza" y la sociedad lo corrompe (como intuición y nostalgia no está mal). O "el hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado" (el falso yo considera a las verdaderas relaciones limitantes de libertad).
El "pienso, luego existo" de Descartes. Que no es capaz de saber que existe porque ama, porque se comunica, por la actividad de las relaciones con otros corazones. El yo falso encerrado en sí, solo sabe que existe porque piensa.
Los autores de todas esas dialécticas para el advenimiento de la plenitid del conocimiento, del perfecto orden social, para la realización de las utopías,... Etc., etc.

Bueno, vamos avanzando pero nos quedan algunas cosas y el plato fuerte.
 

domingo, 11 de octubre de 2009

Por unas palabras de Dimas...



Nos podemos preguntar "qué sabía Dimas de quien tenía delante". Con unas muy pocas, cuántas razones para conocer a Dimas.

Sus palabras le delatan. "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".
Sabía de una persona condenada e inocente. Sabía que Jesús hablaba de un Reino, de su Reino, y que con su Muerte partía a Él. Es decir, sabía que Jesús era Rey y que su reino no es de este mundo.
Suficiente saber lo que sabía. Ya que lo dijo porque lo sabía, y lo dijo.
Ahora bien, si sabía lo que sabemos que sabía, también sabía que perdonaba los pecados. Debía ser que al perdonaros, él sabía que los perdonaba, pues sabía que era Hijo de Dios aunque no racionalizaba la estructura metafísica del Ente que tenía enfrente.
Tubo que saber y en verdad podemos afirmar que sabemos que sabía: sí, sabía. Sabía que era el Mesías, el Hijo del Dios vivo y le pidió porque sabía que se lo podía pedir, sino no le hubiese pedido que no solo le "lavase" los pies sino la cabeza y todo él.

Impresionante! Es el primer hombre plenamente no mesianista.
El "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino" es una manifestación del conocimento de Cristo, como nadie hasta el momento fue capaz de hacer. Y sin ser seguidor suyo, sin haber testimoniado tantas cosas que "ya le gustaría" a Jesús que sus amigos y discípulos se hubieran ido "enterando" en el transcurso de esos últimos años.
Es el primer cristiano, antes de cualquier Apóstol, y no por haber muerto antes que ellos.
Se puede encontrar una expresión tan grande de Fe-Esperanza-Caridad? No se puede medir, claro está. La pregunta es una alabanza.

lunes, 20 de julio de 2009

La Veritas y la Caritas: esa es la cuestión.


Es una interesante reflexión la de la Introducción.


Benedicto XVI antes que Papa es teólogo y profesor, valga la expresión. Este Papa tiene esa capacidad de expresar las cosas cambiando de registros e integrarlos con transiciones ágiles y suaves. Mantiene ese buen hacer de profesor que sintetiza un corpus teológico en nueve párrafos.
Primero habla de la primacía de la Caridad en la relaciones personales, en las relaciones sociales, económicas y políticas, así como vía maestra de la Doctrina Social.
Si Dios es Amor, nosotros también somos amor. Y donde no hay personalismo y caridad en cuanto noción fundante de la realidad y esencia de nuestra naturaleza como en la sociología, la estadística, en la regulación legislativa, en los índices económicos, en los estudios de mercado cuya amplitud de miras es el corto plazo,... no se generan relaciones y situaciones sostenibles y justas.
Por tanto, de la caridad ya destilará la verdad. Amar la verdad en primer lugar da lugar a fundamentalismos en grado variable.
Para comprender que Dios es uno, que la Realidad es una y es así sin poder haber sido de otro modo, el comprender la no arbitrariedad de Dios,... debemos amar el amor y descubriremos entonces la verdad. Verdades pueden haber muchas pero todas subyugantes per se. Verdades pueden haber muchas y todas pugnando por prevalecer y por adquirir el poder para establecer su reino particular. Y es la Caridad la que pasa por encima de todos estos reyecitos absolutistas.
Parece ser que el mismo San Pablo integraba la Verdad en la Caridad, "subordinaba" la Verdad a la Caridad.
La primera Encíclica hablaba de la Caridad y la segunda de la Esperanza. Ahora habla de la Verdad. Y solo es posible hablar en verdad de la Verdad si se habla de la Caridad en la Verdad.

Me entristezco leyendo la introducción, pues me recuerda nuestra naturaleza caída. Es triste el estado de nuestra naturaleza, pero es gozoso como la Iglesia no gira la cabeza ante tal realidad.
Digo esto pues como somos débiles en la Caridad, se precisa que pongamos verdades por el camino para poder ir un poco a ciegas. Y no acabamos de salir del barullo y del enredo de multitud de taifas veritacionales.

Pues eso. Me parece una Encíclica dedicada a la Verdad como no puede ser tratada de otra manera la Verdad: como surgida de la Caridad. La Caritas in Veritate.

domingo, 14 de junio de 2009

La "hora" de Jesús by Benedicto XVI

XX Jornada mundial de la juventud. Colonia. 21 de agosto de 2005. Homilía.


"(...) Pronuncia sobre el pan la oración de alabanza y bendición. Sin embargo, sucede algo nuevo. Da gracias a Dios no solamente por las grandes obras del pasado; le da gracias por la propia exaltación que se realiza mediante la Cruz y la Resurrección, dirigiéndose a los discípulos también con palabras que contienen el compendio de la Ley y de los Profetas: «Esto es mi Cuerpo entregado en sacrificio por vosotros. Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre». Y así distribuye el pan y el cáliz, y, al mismo tiempo, les encarga la tarea de volver a decir y hacer siempre en su memoria aquello que estaba diciendo y haciendo en aquel momento.
¿Qué está sucediendo? ¿Cómo Jesús puede repartir su Cuerpo y su Sangre? Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, anticipa su muerte, la acepta en lo más íntimo y la transforma en una acción de amor. Lo que desde el exterior es violencia brutal ―la crucifixión―, desde el interior se transforma en un acto de un amor que se entrega totalmente. Esta es la transformación sustancial que se realizó en el Cenáculo y que estaba destinada a suscitar un proceso de transformaciones cuyo último fin es la transformación del mundo hasta que Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28). Desde siempre todos los hombres esperan en su corazón, de algún modo, un cambio, una transformación del mundo. Este es, ahora, el acto central de transformación capaz de renovar verdaderamente el mundo: la violencia se transforma en amor y, por tanto, la muerte en vida. Dado que este acto convierte la muerte en amor, la muerte como tal está ya, desde su interior, superada; en ella está ya presente la resurrección. La muerte ha sido, por así decir, profundamente herida, tanto que, de ahora en adelante, no puede ser la última palabra".

No coment.

miércoles, 10 de junio de 2009

La experiencia de ser invisibles

Un maravilloso "monólogo" interpretado con arte y con la mejor técnica.
Espero que os guste también.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Dios?


A veces se ven esfuerzos por no ser "rígido y formal" y hasta casi se consiguen en ocasiones. Hay un temor, en cuanto a incertidumbre, que hace que se mantenga un punto en común con la "ortodoxia populista doctrinal", a modo de referencia (referencia que se torna falaz).

Hay tres nociones fundantes de la realidad: Ser, Palabra, Amor. Si nos parece difícil abarcar solo una de ellas, qué será el llegar a abarcar las tres en su unidad!
Solo que intentar abarcar una sola es simplemente imposible, y abarcar el concepto Ser-Palabra-Amor (y hablo en singular pues es uno solo) es sencillamente posible.
Acaso Dios es Ser? O Dios es Palabra? Las Sagradas Escrituras no lo dicen. Dicen:
  • Yo soy.
  • El Verbo era Dios.
Y sin embargo sí que se dice expresa y explícitamente que Dios es Amor.

Me pregunto si alguien es capaz de concebir a Dios como un conjunto de decisiones, como un conjunto de verdades, como un conjunto de posibilidades,... Estas cosas no es Dios.
Ante la cuestión de este atributo divino, acaso hay alguien que piense que el Amor de Dios es mutable? Perfectamente puede pasar esto como una pregunta retórica. Aunque además Él mismo lo dice: no puede olvidar a nadie, no puede hacer oídos sordos. Y escuchando no puede dejar de salvar.

Quien no lo vea claro, en mi opinión, puede que le falte Fe y Esperanza en su Amor; ni tampoco tiene claro lo que es la Verdad. Pues las palabras, propiamente, son palabras de vida. Y si no, no son verdaderas ni amorosas.