a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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domingo, 2 de agosto de 2009

Entre las indulgencias y...


Entre las indulgencias y lo mágico y la superstición; entre la realidad y un "realismo mágico".
[Las indulgencias:] no tiene nada que ver con la magia ni es algo anclado en la noche de los tiempos


Claro que no. Nadie medianamente en sus cabales, hablando teóricamente como solo solemos hacer, haría tal tesis.

Cuando era pequeño y empezaba a ir a catequesis aprendía cosas simples como que Dios premia a los buenos y castiga a los malos, que si se muere en pecado mortal se va al infierno y si se muere en pecado venial se va al purgatorio, que el sacrificio era algo muy bueno y el sacrilegio era algo muy malo, que hay que ser buen hijo y obedecer a los padres, así como respetar a los profesores,... y esas cosas.

Luego me dicen que con el escapulario se va al cielo y yo contesto (ya apuntaba maneras de contestatario) que eso será si no se está en pecado mortal y si no se está... pues acabaremos en el cielo igual. Y después de que el niño rebelde y pre-apóstata metiera la pata se aclara que es la Virgen la que el viernes o el sábado (no recuerdo bien el turno) se lleva al cielo del purgatorio a los que han muerto esa semana con el escapulario puesto. Y solté un "ahhh!" y los mayores respiraron tranquilamente.
Tengo impuesto el escapulario del Carmen y a veces lo llevo puesto materialmente y a veces no. No tengo uno de calidad que me dure.

Ahora la predicación sobre las indulgencias cambia o debería cambiar en todos los predicadores.
Ya que además de que del limbo ya no se habla pues los niñitos negritos logran el bautismo soportando a las cientos de moscas que llevan en la cara, eso de las indulgencias han cambiado (los mandamientos se dejaron para posteriores reformas) y han quitado eso que ocurría los sábados en el purgatorio. Pero fuera como fuese, allá sabrán apañarse sin que nosotros sepamos cómo. Decidieron que ya nos nos necesitan y así podamos dedicarnos a cosas más mundanas, a las propias de este mundo.
Yo supongo que la Virgen es más sensata que cualquiera de nosotros y también le "entristecerán" nuestras fantasías.

martes, 2 de junio de 2009

La ortodoxia como herejía



Un día de estos leí un post de no me acuerdo qué blog que cita a un articulista que dice que Chesterton decía que la única herejía que nuestra época no admite es la ortodoxia; y que, por tanto, la única forma de provocación verdadera en una sociedad que ha extraviado el concepto de lo sagrado consiste en volver a hacérselo presente otra vez, escandalosamente presente, sin rebozo ni titubeos.

[Si alguien reconoce que lo puso en su blog, muy gustosamente insertaré el enlace]

Y me he acordado de los supuestos planes y conspiraciones para minar los valores de la familia y la vida que tanto preocupa a cierta gente. Ya que la herética ortodoxia incluye el no-aborto, lo sagrado del matrimonio,...

Esta situación, que ya se daba en la época de Chesterton, es fruto de una conspiración?
Pues no sé qué contestar. Si lo supiera de verdad y a ciencia cierta, sería un conspirador muevehilos en toda regla.
Lo que sí sé y puedo decir es que alegra y satisface a mucha gente, a mucha, que ahora la Ley regule la investigación con embriones, el aborto en condiciones y no clandestino, la regulación también de las parejas homosexuales como ha regulado siempre a las de siempre, el registro de parejas de hecho, la agilidad de la burocracia al divorciarse, el que una familia sea numerosa con solo tres hijos, facilitar los medios anticonceptivos y "antianidantes", etc etc.
Es decir, todo aquello que en virtud de la Ley Natural o según ciertas corrientes de pensamiento pueden argumentar de manera lícita y válida (como lo pueden hacer otras corrientes para entrar en debate) y que la Iglesia ejerce como uno de los portavoces (el principal, diría yo, junto con otras asociaciones cívicas) de estas posturas compatibles con tal Ley Natural, o viceversa.

Para escurrir el bulto, de manera correctamente política (es decir, la estrategia de la oposición política que se supone representa a gran parte de los católicos, de los cristianos), es falaz decir que no hay demanda social o que no tiene sentido generar un debate social mientras hay otros temas más importantes.

Sea quien sea quien ostente el poder no va a abolir estas leyes: lo importante es la economía.
Me acuerdo de unas palabras que decía mi abuelo citando a un monárquico de la época con motivo de la abdicación y posterior autoexilio de Alfonso XII: "No es la República la que ha venido. Es la monarquía la que se ha marchado".
Pienso que se entiende el que me venga a la mente esta frase célebre al finalizar este post a pesar de que no tengo nada en contra de la República.

Seré herético o no?

sábado, 13 de diciembre de 2008

Pensamiento Ortodoxo │ 02 by J. Meyendorff

Otro texto de teología ortodoxa que el comentarista Anónimo deja en el post titulado "Pensamiento Ortodoxo │ 01 by W. Zaniewicky". En esta ocasión, es Jean Meyendorff quien comenta el error de traducción que Agustín comete:

“El texto bíblico que desempeñó un papel decisivo en la polémica entre agustín y los pelagianos es el de Rom 5, 12 donde Pablo, refiriéndose a Adán, escribe: “Igual que por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó sin más a todos los hombres dado que [porque] todos pecaron [eph' hô pantes hêrmaton]…” En este pasaje, el verdadero problema es de traducción. Las cuatro últimas palabras del texto griego se tradujeron al latín como in quo omnes peccaverunt (= “en el cual” [o sea, en Adán] todos pecaron, y esa traducción se utilizó en Occidente para justificar la doctrina de la culpabilidad heredada de Adán y compartida por sus descendientes. Pero el original griego, que es lógicamente el texto que leían los bizantinos, no admite ese significado. La forma eph’ hô -contracción de la preposición epí con el pronombre relativo ho- se puede traducir como “porque” (o “a causa de”), un significado admitido por la mayoría de los estudiosos modernos pertenecientes a las más diversas confesiones. Esa traducción confiere al texto de Pablo el significado de que la muerte, que fue para Adán el “salario del pecado” (Rom 6,23), es también el castigo que se aplica a los que pecan, coo Adán lo hizo. Eso atribuye al pecado de Adán un significado cósmico, pero no implica que sus descendientes sean “culpables” como él lo fue, a no ser que pequen de la misma manera que él pecó(…). La muerte es la retribución normal del pecado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Pensamiento Ortodoxo │ 01 by W. Zaniewicky

En el post del 8 de diciembre pasado titulado Solemnidad de la Inmaculada Concepción, Anónimo (cristiano ortodoxo de tradición eslava) me deja unas palabras de W. Zaniewicky que explican bien su visión del tema:

Para san Agustín, el hombre antes de la caída es una criatura "concupiscente y mortal", pero a la que Dios ha hecho don de la gracia, que es un "don sobreañadido" (donum superadditum). Este don no forma parte de la naturaleza humana en tanto que tal, y depende del acto mismo del Creador. Le permitiría escapar del pecado y de la muerte.
El pecado de Adán le retiró ese don de la gracia, y se convirtió en lo que era por naturaleza, es decir, en "concupiscente y mortal". Más aún, la culpabilidad se extendería a toda su descendencia, y todos compartirían su falta, ya que habrían pecado en él.
El hombre habría pues cometido un pecado original alzándose contra el orden establecido por Dios, un acto, una falta: "peccatum actuale". Este pecado se habría hecho hereditario y se convertiría en un estado: "peccatum habituale", el de la esclavitud del hombre con respecto a la concupiscencia y la muerte.
Para Agustín, Cristo elimina la falta original gracias al bautismo. Lega así a Occidente problemas angustiosos: condenación de los no bautizados, universalidad de la falta de Adán en seres que todavía no han sido creados, limitación o no de la gracia "recuperada" tras el bautismo; es el tema de la predestinación, que hallará su desarrollo último con el jansenismo del siglo XVII.
Una concepción semejante es totalmente extraña al Oriente: la doctrina tradicional se funda en la imagen bíblica de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. La indestructibilidad de la imagen divina es tal que el pecado del hombre puede empañar e incluso alterar esta imagen, pero en ningún caso suprimirla. Es lo que permite al hombre cooperar libremente por su salvación "aportada por Cristo, reconocer sus faltas, convertirse y recibirle" (sinergismo).
Jamás ha conocido Oriente la doctrina agustiniana del estado de una naturaleza humana creada "mortal y concupiscente", de una "gracia sobreañadida", ni tampoco el término de "pecado original". La herencia de Adán no es la transmisión hereditaria de una falta, sino simplemente la de la mortalidad. El texto de Romanos 5, 12: "quo omnes peccaverunt", traducido por Agustín "que todos han pecado" (en Adán) adquiere un sentido diferente. Para Oriente el sentido es éste: cometiendo su pecado, Adán ha pecado en la muerte, o dicho de otro modo, ha merecido la mortalidad y la decadencia; al igual, nosotros, sus descendientes, por nuestros pecados, continuamos pecando en la muerte. Podría traducirse: "la muerte, a causa de la cual todos han pecado, ha pasado a todos los hombres". La naturaleza humana no ha heredado así una culpabilidad, sino una servidumbre de la muerte, ya que sólo los pecados personales suscitan esta culpabilidad.
No hay entonces para los descendientes de Adán pecado ancestral, de falta transmitida ("peccatum actuale"), sino un estado de decadencia ("peccatum habituale"). La mortalidad es una esclavitud de la cual Cristo viene a liberarnos permitiéndonos la inmortalidad.
O, si se quiere, todos han pecado en la muerte, y no en Adán. El bautismo no es un sacramento que limpie una falta original, común a todos los hombres, sino una iniciación que confiere un nuevo nacimiento en el Nuevo Adán que es el Cristo, y que, por ello, integra al bautizado por un acto trascendente en una nueva humanidad que participa de la inmortalidad.
En este sentido, la Iglesia Ortodoxa no puede admitir el dogma católico de la Inmaculada concepción promulgado en 1854 por el papa Pío IX, y que retoma las tesis de san Agustín y las formulaciones de Duns Scoto: si María no ha nacido en el estado humano, que implica una decadencia (se trata aquí de la concepción de María, que habría nacido sin el "pecado original"), no se entiende cómo puede transmitir a su Hijo una humanidad que, precisamente, necesita la salvación.
Igualmente, la Ortodoxia tampoco puede admitir el dogma de la Asunción corporal de la Virgen (Pío XII, 1950), pues habla de Dormición, de paso por la muerte física.
Para el Oriente cristiano, sólo Cristo es el Redentor. Su madre, la Théotokos, no es co-redentora, como quisiera Occidente, sino que es, junto con los santos, mediadora. En el tronco común del cristianismo, el mensaje estaba claro: el Verbo toma carne de una mujer (Dios es sarcóforo), y el hombre recibe el Espíritu (es hombre es pneumatóforo).
Dios se hace hombre para que seamos deificados. No pone obstáculo a la muerte, porque no hay obstáculo para la Resurrección. La divino-humanidad, término ausente de los diccionarios, significa la destrucción del muro de separación entre el Creador y su creación. Hacer de su madre un "avatar" divino le quita todo el sentido al mensaje.