a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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jueves, 1 de agosto de 2013

El sabio y el necio


El mal siempre es una carencia, una merma, un vacío, una nada.
El mal realmente es una carencia, una merma, una vacío, una nada.

De ese estado carente de plenitud y de vacuidad se siguen unos actos, unas actuaciones, unas actitudes, unos ánimos... tendentes a justificar ese estado deteriorado, caído, dañado, falto, de plenitud perdida.
(uso el verbo seguir por aquello de q el obrar sigue al ser, ampliando el significado de obrar desde los actos concretos hasta el espíritu q los informa o hasta el mismo vivir y estar viviendo)
(y uso el verbo justificar en el sentido de hacer justo, reestablecer, volver a alcanzar la plenitud)

En ese estado de maldad parcial o de bondad incompleta (o imperfecta), el obrar q se sigue, siempre tendente a la justificación, puede tomar dos caminos: el sabio y el necio.

El obrar sabio tiene en cuenta q el ser tiende per se a reestablecerse o regenerarse. todo lo espera del ser en orden a la justificación.
El obrar necio invierte la máxima filosófica de tal manera q quiere alcanzar su plenitud de ser por las obras, es decir, se pasa a considerar q el ser sigue al obrar.
(uso los adjetivos sabio y necio, también usables como sustantivos, en el sentido q le dan los salmos, en especial el primero q es el q ahora tengo más presente)

Así pues, el obrar en cuanto necio q podamos tener hace q el mal se manifieste como algo con sustancia, con entidad. A poco q el ser se empieza a regenerar, el mal q se nos presenta como tremendo, enorme, terrorífico, descomunal, fantasmagórico, ciego e irracional, desaparece, se esfuma.

lunes, 27 de abril de 2009

Sobre el Universo y el Cosmos: en busca de un origen sin comienzo



Vi varios vídeos en YouTube hablando tanto de la existencia como de la no existencia de Dios.
No sé si estarás de acuerdo que la lógica es bastante simple y lineal (una lógica matemática) que más bien explica una posibilidad.
Se resume en "ninguna causa puede crearse por sí misma, y que tiene que existir una primera causa".
Lo que me parece claro es que hay que remontarse a la eternidad, al "sin inicio", a la causa incausada y, por tanto, sempiterna. Y en ese remontarse aparecen ciertas características necesarias para explicar tal idea que o bien se atribuye a la materia/energía o a un espíritu trascendente. En este último caso aparece espíritu, ya que no es energía/materia, y éste solo puede ser trascendente pues no es una energía inmanente.

En matemáticas a veces se demuestra algo mediante la reducción al absurdo de otras posibilidades.
Ya que esta problemática que causa todas estas argumentaciones es de carácter Occidental. En Oriente pueden haber diversas concepciones de lo eterno pero no hay un conflicto intelectual y racional entre ellas; más bien son culturas o filosofías de vida: son corrientes sapienciales.

Lo que me parece claro es que la negación de Dios es la negación de una caricatura de Dios, una reacción ante una normativa o una moral sin unidad, una disgregación de una concepción unitaria en un conjunto de normas; la reacción ante un Dios con psicología humana y esta un tanto degenerada. Lo cual convierte esta negación en algo que indica cierta higiene mental, pero que no profundiza en la naturaleza de Dios ni depura las deformaciones en su concepción. Y siendo estas deformaciones, o falsas imágenes, antropomórficas, de producción humana, como también afirman y denuncian los ateos.
De ahí que, en mi parecer, el ateísmo es un pensamiento limitado, mutilado, capado.

Se puede ser inmanentista y monista. O se puede ser inmanentista y dualista como las distintas corrientes gnóticas aunadas ahora bajo el concepto New Age.
Pienso que estas teorías son refutables desde sus principios/axiomas y en sus tesis más elaboradas, tanto racionalmente o desde la lógica filosófica como mediante la propia experiencia de la propia naturaleza racional y psicológica, que ahora no voy a desarrollar.
Como Platón, necesito un interlocutor. :)

miércoles, 24 de diciembre de 2008

De Metafísica. De cual?


Por ser hoy el día que es y por tener un ratito antes de comer, en el cual me escaqueo de la fiebre consumista, febril en plena crisis, se me pasa por la cabeza un asunto liviano y poco sesudo.

Sin ánimo de ser riguroso ni exhaustivo, en esta vida me he encontrado con cuatro cosas llamadas por el mismo nombre: metafísica.

Primero tenemos la archiconocida Metafísica de Aristóletes, en la cual parece ser que este autor habla de la estructura conceptual del ente, del cambio, del motor inmóvil y todo eso. Y también hacen metafísica los neoaristotélicos, los tomistas y los escolásticos. Obvia decir que para Aristóteles, física no era la física como nosotros la entendemos ahora. Ahora física no es más que una disciplina del saber en el ámbito de los accidentes ontológicos.

En segundo lugar, tenemos el conjunto axiomático gnóstico llamados los siete principios de la metafísica. Esta metafísica no tiene nada que ver con la anterior. Pues no son más que ideas preconcebidas para tamizar, encorsetar y/o interpretar la realidad sin ningún desarrollo lógico previo, ya que se tratan de axiomas: de los axiomas a la gnosis en un plis-plás.
Algún día me detendré en cada uno de esos axiomas y lo que dice la filosofía no-oculta al respecto.

En tercer lugar, cualquier representación de la realidad no-ontológica, en la que se muestra sin apariencias, sin velos, su significación, su esencia, la concepción del cognoscente,... O incluso una modelización geométrica simple de lo figurativo.

Y por último, tenemos la metafísica que es la Física que todavía no se ha desarrollado y que nos da por especular. Sí, una variante de la ciencia ficción.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Albigenses y panteístas: abstract


La materia eterna de los albigenses era una materia no creada. Y no es esta la única opción: la materia sempiterna puede haber sido creada, entendiéndose bien la causalidad.
Y, por otro lado, si en el Génesis se usa el verbo crear queda claro que lo creado no es Dios.

No podemos admitir dos orígenes de la realidad: uno material y otro espiritual. Pues luego hay problemas para juntar el cuerpo y el alma. Démonos cuenta lo albigenses que solemos ser.
Uno es el principio: Dios. Aunque la sustancia tiene un principio formal y otro material, estos tienen más que ver con el binomio acto-potencia que con el materia-espíritu.

Con los panteístas el problema es otro, pues el cuerpo como ser material se desintegra en un conjunto de partículas cuánticas (energía) que no se sabe si es Dios o es uno mismo o es el Yo el que se diluye en el Todo. Estos tienen un principio, no dos como los albigenses: la energía, el cosmos,... o como se le quiera llamar. Pero fijaos que es como los materialistas o los ateos.

Si mediante el análisis lógico del movimiento (ya véis que simple) llegamos al último de la cadena que mueve pero no es movido, llegamos al que está en acto puro e inicia la cadena de movimientos sin fin. Eso sí, llegamos a un Dios lógico y, en mi opinión, eso no da el convencimiento de su existencia o, al menos, no es suficiente.
Claro que si es acto puro, o bien no puede desencadenar nada, o bien lo desencadena al principio y éste se pierde en el infinito.
Es decir, aún siendo aristotélico perfeccionado por la Escolástica, la Razón proclama la creación del Cosmos desde siempre.
Quizás es que de momento no se vea todavía la trascendencia del acto puro, pues en esta consideración lo vemos como un objeto y por tanto más bien estático. Salvando esto llegamos a la consideración de un acto puro intrínsecamente dinámico y se abre la posibilidad a la Razón de considerar la creación del Cosmos desde un inicio temporal finito.
El problema es que ese Dios de tercera generación siga siendo un objeto lógico o una noción cosificada a la mente.

A los albigenses les dio por asociar un pricipio al bien y el otro al mal. Y ese es su verdadero error a la hora de la verdad.
A los panteístas les da por elucubrar y fantasear con la disolución del yo. Y ese es su verdadero error a la hora de la verdad.
Pero fijaos que estos errores los cometemos todos (ambos dos) aun profesando la Fe Católica y Romana, y proclamando su Magisterio. Hay que liberar a la mente de sus límites.

Esos errores existenciales y vivienciales pueden no cometerse independientemente de la metafísica que se piense, como se pueden cometer independientemente de la metafísica que se piense.