a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _


Mostrando entradas con la etiqueta Oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oración. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Don del Espíritu y la Oración

 

Antes de emprender el Camino al verdadero yo, nos vemos como una unidad, amalgama del falso yo y del Corazón sometido. Al distanciarnos del falso yo, vamos discerniendo cada vez mejor al yo falso del Corazón. El yo consciente toma vida y se encamina hacia su verdadero fin, feliz y sanándose atendiendo al dolor y a través de ese terreno desértico que es nuestro subconsciente.

El Corazón (con las relaciones) se libera y empieza a sanar, la consciencia se expande, empezamos a saber eso del amor y nacemos al espíritu. El Corazón deja de estar condicionado y oprimido por esquemas, razonadas sinrazones, ideologías y vanidades que necesita el falso yo para tapar su miseria, su vergüenza, su vacuidad y su fatuidad. Y si la culpa nos paraliza, tendremos que alcanzar el perdón con lo cual hay que perdonar a los demás.

Para esto hay que ser como infante, claro, honesto, sincero y sin doblez (desnudo) para con uno mismo y para con Dios y la Naturaleza (sus manos); seguir la senda del dolor porque es la voz de aquello a sanar; y ser ofrenda que es como ponerse en sus manos, saberse querido, dejarse querer y dejarse sanar.

Abandonando al yo falso y liberándose de culpas, volvemos a la Vida. Empezar y seguir el Camino es signo de Vida. Conociendo la Vida y distinguiendo al falso yo, somos conscientes de la muerte y de lo que supondría dar algún paso atrás. Habiendo experimentado la muerte, el vivir es un Don. Todo se convierte en un Don: la Vida, el Camino, el dolor como lenguaje de la Naturaleza y del Corazón, poder amar, cada pequeña sanación,... el amanecer, la noche, los animales, la montaña, el mar,... la familia, cada amigo y compañero,... la inteligencia, las destrezas, la profesión, los hobbies,...


Esa Vida es por nacer al espíritu, la da el Espíritu vivificador. Al ser uno mismo ofrenda a Dios y a la Naturaleza, siendo nuestro acto de amor total e incondicional a Dios, al ser consciente de ser querido, nos invade el Espíritu vivificador. Si Cristo es nuestro fin (el corazón, el verdadero yo), al tener ya su Espíritu se convierte ya en prenda de Salvación, de unión plena y constante con el verdadero yo con la Naturaleza restaurada. Antes de la unión, la Boda, Cristo ya se nos hace Vida, Camino y Verdad en virtud de su Espíritu.

La oración es diálogo. Puestos en Camino, con el Don de la Vida, se da el diálogo con el Espíritu, con el Camino mismo, con nuestra Naturaleza que tiene esa capacidad de regenerarse, con la Vida, con Cristo, con Dios Padre. Todo se hace Presencia en nuestro interior.

Escuchar y comprender el dolor es escuchar a Dios, al Corazón (donde habita). Y amar, invocar, alabar, dar gracias, pedir misericordia (que es como animar el paso por el Camino), admirar, para renovar nuestro compromiso y nuestra responsabilidad,... Todo es ocasión del diálogo, de oración, en ese acontecimiento de la Presencia del Espíritu, del Padre y del Hijo, del Corazón herido,...

Todo esto que vivimos en esos momentos de soledad contemplativa, lo iremos trasladando al resto de nuestra vida. Nuestra vida se llenará de Vida.

Podemos hacer esta pequeña oración a lo largo de la jornada: "Jesucristo, ten piedad de mí". Es como actualizar en nuestra consciencia el saberse amado y estar dispuesto a ser sanado. Es una lumbre para mejorar nuestro carácter y la relación con los demás, contemplarlos amorosamente como nos contemplamos a nosotros y quererlos como nos queremos.

Experimentar la Misericordia de Dios es llenarse de Vida. Si somos misericordiosos iremos dando vida a los demás. Pero esto sería otro tema.
 

miércoles, 27 de agosto de 2014

La respiración consciente

 

Se terminaron los capítulos de "La nube del no-saber". Un libro que se debería adaptar a esta época pero está muy bien leerlo según aquella. Ya cada cual que lo adapte.

Me he guardado en estos posts de definir alguna técnica o método para llegar al éxtasis o a la sanación total. Las recetas las pide el falso yo. Ni hay que definir el Camino, ni hay que homogeneizar a la gente en el terreno espiritual, ni hay una industria de santidad. Tampoco hay promesas ni ideales a realizar o perseguir. No sabemos nuestra misión. Quizás, al final de nuestros días, mirando hacia atrás, veamos una misión. Pero nos iremos con las manos vacías y con el corazón grande, o al menos, abandonado en los brazos de Cristo, alegres.

Sigo sin saber cómo llamar a esos momentos de soledad y serenidad dedicados exclusivamente a la oración contemplativa, pues la oración contemplativa se irá dando durante todo el día.


Cada cual tendrá más facilidad o menos para "hacer contemplación". Las personas sencillas con el intelecto más virgen y conservando buena parte de la inocencia, les será más fácil ponerse a contemplar. Las personas de ciudad, con tanta competitividad, con tantas exigencias, con esa forma de vida más alejada de lo natural (que para más inri se considera como un logro y un avance),... o personas con máscaras, caretas, corazas, mecanismos de defensa, forzadas a racionalizar para buscar soluciones,... y otras por mil circunstancias, les será más laborioso volver a la sencillez. O no o quién sabe sino Dios.

Sé que he hablado de más, pues hay cosas que uno las debe descubrir por sí mismo. Estos textos pueden parecer más o menos lógicos y coherentes o no. No son para debatir. Son para compartir. Cada cual debe descubrir cual es la Realidad y cómo se vive y la vive. Esto no es un hurra al relativismo pues la Realidad es la misma para todos, el camino es infinito y nada es definitivo. A los contemplativos no les da miedo ese supuesto riesgo.


El contemplativo no expone su ciencia aun con la seguridad de que vaya a ser aceptada. Quien contempla guarda silencio y vive. La contemplación siempre escapará a cualquier control.

Bueno, todo esto viene porque quería hablar de la respiración consciente. Hay quien necesitará empezar la oración con ese ejercicio e incluso con alguno de relajación. Pero hay webs que lo explican mejor que yo y no me voy a detener. Estos ejercicios se integran perfectamente en el dialogo amoroso con el Espíritu, Cristo, la Naturaleza,...

Se puede aprender de técnicas orientales. Son muy buenas. Por ejemplo, yoga. Buen provecho!
 

lunes, 25 de agosto de 2014

Vida nueva

 
El libro del Tao comienza de la siguiente manera:
"El Tao que se exprese con palabras, no es el verdadero Tao". Lao Tse.
El Tao, además de ser el absoluto filosófico, la palabra propiamente significa algo así como "camino".

Tal como ocurre con el Tao, ocurre con el Amor: sólo se empieza a conocer cuando se abandona el falso yo y se empieza a recorrer el Camino de la restauración del Corazón (amarse a sí mismo, a la Naturaleza, a los demás y a todo lo demás). Es cuando uno conoce el amor y se da cuenta de que es inexpresable.

Todas las personas tenemos un fondo de buen corazón (indicio de el yo interior) y conocemos en cierta medida lo que es amar y ser amados aunque nunca nos hayamos parado a pensar en ello por lo natural que es.

Al iniciar el Camino contemplativo, experimentamos en un grado mayor el Amor, aunque no sea algo sensible o no seamos conscientes. En esas ocasiones, estaríamos en la "noche oscura" de la que ya se habló y sería bueno volverlo a leer.

Cuando el yo contemplante se desentiende del yo falso y se dirige a la unión plena con el Corazón o yo verdadero, todo parece que toma vida propia: el yo falso sigue a lo suyo y ahora intenta engañarnos y seducirnos como nunca; quizás nuestro cuerpo gane en sensibilidad y parezca que también vaya a su bola, hasta que comprendamos y crezca la consciencia acerca de ello; vamos ganando terreno al subconsciente y por nuestro consciente van pasando pensamientos y recuerdos de toda la vida en un orden que se nos antoja aleatorio.

Parece que cada vez tenemos menos control de nuestro interior (y debe ser así). Todo lo que ocurra en nuestro interior nos va indicando el Camino que no conocemos, que no está trazado, y nos va preparando para el momento de la Boda. Como dijo Sta. Teresa de Ávila:
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Por haber estado viviendo con el yo falso, tenemos una concepción estática de la Realidad más o menos arraigada. Queremos que las cosas sigan igual: es más cómodo conformarse para que las cosas no vayan a peor; e, incluso, impedimos nuestra mejora y un cambio a mejor de los demás. Y junto con esto, lo que no nos gusta del pasado y del presente lo vamos reprimiendo en el subconsciente (a riesgo de que nos traicione).

Ahora que iniciamos el Camino todo se vuelve dinámico. Por lo que hay que dejarse querer, volver a ser como niños, ganar en intuición o darle más valor. Hasta nuestra consciencia irá creciendo a su aire y nuestras acciones interiores estarán inspiradas pareciendo que salen solas.

Nos situamos bajo los efectos del Espíritu del Camino, del de la Naturaleza, del Espíritu Santo, bajo los efectos de nuestro espíritu vivo.

Con el falso yo, nuestro espíritu está como muerto o aletargado, distanciado de nosotros por el abismo que media entre el yo falso y el yo verdadero.

Nos veremos especialmente bendecidos. Pero es una ganancia que tomaremos por nada, es decir, nuestra consciencia se despreocupará de ello. Recordemos lo que decía s. Juan de la Cruz:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.


En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad.
Aún dándose la Boda, nada. Todo en virtud de la Gracia, todo gracias a la Naturaleza misma. Otorgarse alguna medalla supone separarse del Camino, dar pasos atrás: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo".

Muchas veces no seremos conscientes de nuestros avances. Cuando damos pasos atrás y perdemos parte de lo "conseguido", veremos nuestra pérdida que se nos antojará como irreparable. Siempre volver a empezar, siempre aprendiendo y reaprendiendo.

Un pequeño avance puede ser un mucho. Un gran avance puede ser un poco. Vislumbrar el final como cercano puede ser mucho y viceversa: "has de dejarte del todo en todo".

El tiempo interior es indeterminado: puede ser un mes o quince años. El que haga falta, da igual.

Siempre con la actitud de gratitud. Siempre con el diálogo amoroso con Dios, con la Naturaleza, con el Espíritu Santo que ya nos embarga, con Cristo que es el Camino y nos espera en el Corazón. Siempre siendo ofrenda para el sacri-ficio (hacer sagrado, a algo).

Para que la Naturaleza obre en nosotros, para que Dios obre en nosotros, se requiere de nuestra entera libertad y de nuestro entero querer, disponibilidad, de ser como niños, de no tener nada como sabido, de ir conociéndonos, de dejarse querer e inspirar,...

Cuando estemos en un tramo oscuro, en un periodo de prueba, es el momento de volver a encender el fuego en el rescoldo: nuestra correspondencia al Amor, clamar al Espíritu, amar el Camino, de pedir luz,... Todo es avance. Las pruebas afianzan y son avance.
 

lunes, 18 de agosto de 2014

Empezar la Contemplación

 
Partimos de un modelo acerca del interior del hombre (varón y mujer) más o menos estático, distinguiendo sus elementos, naturaleza y funciones.


En el estado originario tenemos al hombre en su unidad e integridad, el verdadero yo que solo ama, por lo que su conocimiento es perfecto. Lo llaman ciencia infusa y lo consideran un Don preternatural.

Es curioso que lo consideremos preternatural y no natural, como un don propio de la misma Naturaleza. Precisamente, el verdadero conocimiento nos viene del "solo amar", no del estudio y la investigación. Son algunos goles que nos sigue metiendo el yo falso en la Doctrina y el Magisterio infalibles de la Iglesia.

Vimos cómo aparece el falso yo, siento totalmente mental, y nuestra capacidad autoconsciente de, al menos, advertir el mal camino con nuestro yo consciente/observante.

El yo observante vive generalmente identificado/adherido con el yo falso y, en ocasiones, con el yo verdadero. En principio, tenemos poca costumbre de mantener a ese yo en sus funciones. No es fácil, es necesario un entrenamiento: detenerse unos minutos diarios dedicados exclusivamente a contemplar y a ampliar la consciencia (que se llama también "despertar").

La naturaleza humana no está absolutamente corrupta, como pensó Lutero (o dicen que dijo). Los muy intelectuales, racionales y mentales sí que tienden a acercarse a ese pensamiento. Tienen cierta consciencia pero viven e intentan vivir buenamente con el yo falso aunque sea con una ascética y una moral heterónoma según su adscripción religiosa.

Lo "gracioso" es que suelen ser pastores y pastorean a sus ovejas en esa ceguera. No me refiero solo a pastores luteranos, sino a sacerdotes racionalistas kantianos que racionalizan hasta el amor para saberlo vivir bien. Así le va a Occidente con la crisis de espiritualidad que padece.

Pero a lo que vamos.


Tal como es necesario el entrenamiento a nivel corporal si queremos ganar en agilidad, flexibilidad, destreza, velocidad, eficiencia,... Así también el alma para estar cada vez más despierta, más consciente y más libre. Algo que poco tiene que ver con la conveniencia, las apetencias, los modelos y esquemas ideológicos, el saber acumulado de las distintas disciplinas científicas,... El verdadero saber se encuentra dentro, el tesoro se encuentra cuando llegamos al fondo (generalmente cuando "tocamos fondo", como se dice).

Acaso no es una premisa previa para contemplar el liberarse de todo eso? El pobre de espíritu es bienaventurado. Y quienes lo comprenden son los sencillos de corazón. Los doctos y sabios del mundo lo ven como necedad o como escándalo.

Se trata de un adanismo? No exactamente, pero tampoco importaría. Al iniciar el Camino y en su transcurso vamos solos y solos aprendemos: nuestro Corazón ya sabe. Solos crecemos en Sabiduría y en Ciencia, en cuanto dones del Espíritu Santo. Y junto con estos, los otros cinco: Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Piedad y Temor de Dios (de este último hablaremos próximamente que suele llevar a confusión).

La piedra de toque es el dolor; la clave, el discernimiento; la actitud, desidentificarse con todo y observar; lo fundamental, el Amor: amar y vivir sin el falso yo.

Insistir: para desarrollar esa espiritualidad contemplativa, además de ser un modo de estar viviendo las 24 horas, debemos reservar unos espacios diarios al entrenamiento. Repetidamente nos lo recuerdan las Sagradas Escrituras: clama, no ceses (Is 58,1); estad en vela; siempre con las lámparas encendidas. La contemplación es un estado sin solución de continuidad.

A más consciencia, más vida del yo verdadero, más Vida, más Amor y más felicidad. Nuestra consciencia quiere vivir identificada con el yo verdadero.

Y... cómo empezar, cómo se hace?

Si nos hacemos muchas preguntas no empezaremos. Se trata de empezar sin saber. Hay que despreocuparse respecto al no saber: vamos a estar así durante toda la vida. Acaso hay alguien que esté en disposición de enseñar cómo hacerlo? Hay grandes maestros, pero si no trascendemos sus letras nos quedamos como gallinas en el corral.

"Tú, en cambio, cuando vayas a orar, 'entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora' a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mt 6, 6).

Se requiere un espacio de soledad, silencio y recogimiento, sabiendo y siendo conscientes de que Dios está presente. Un espacio donde los sentidos corporales entran en descanso. Exteriormente, no hay nada que ver, ni oír, ni gustar, ni tocar,... Con la consciencia de que Dios está presente: Dios presente en nuestro interior, en nuestro Corazón que es el yo verdadero. Realmente, el santuario de Dios es nuestro Corazón. Nuestro yo interior es la verdadera imagen y semejanza de Dios.

Es pues esencial contar con esa Presencia en nuestro interior: ansiarla, desearla, quererla, amarla. Sin ser unos iluminados, sin fantasías, con serenidad, con paz.

El recogimiento o descanso de los sentidos (corporales) implica también tranquilidad, liberarse de la inercia del ajetreo diario, del estrés, las tensiones, las preocupaciones, euforias, prisas, urgencias,... y alcanzar un estado de relajación y equilibrio. Si es necesario, podemos aplicar alguna técnica de relajación o de respiración consciente.

"Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo" (Mt 6, 7-8).



El silencio interior no es obligar a la mente que calle por un tiempo.


Tampoco es poder poner la mente en blanco como si en esto consistiera la terapia.


A la mente la dejaremos como si funcionara sola.

El silencio interior lo debe hacer nuestra consciencia en su misión de observar y contemplar, se da cuando nuestra consciencia contempla toda la actividad de nuestro interior sin "tomar parte en el asunto". Así es cómo nos hacemos conscientes y nuestra consciencia acalla. El silencio interior se da cuando nuestra consciencia está en quietud, observando en silencio, sin adhesiones ni rechazos.

En silencio, nuestra consciencia tendrá presente al Corazón, a Dios, a la palabrería y frenesí del falso yo, al cuerpo, a la psique, al soma,...

Si nuestra consciencia está en silencio, lo que tiene que silenciarse, se silenciará. Y lo que no se silencie, le prestaremos atención y lo escucharemos.

Lo que no se silencia será el dolor: la culpa y la pena. Ver post "el dolor" y "la culpa". Y llega el momento de... ni ojo vio ni oído oyó. Cada cual se las componga con honestidad, franqueza y sinceridad con uno mismo. Cada cual está solo frente a lo suyo.

Recordatorio: nuestro Corazón abarca también nuestras Relaciones, el Corazón de los demás.

Un tercer movimiento contemplativo, junto con el silencio y la escucha, es el asombro, la admiración y la alabanza. Cuando ya vemos a través del dolor, se nos va manifestando la verdadera Realidad: el Corazón, Dios, la Realidad, otros Corazones, las sanaciones, lo que recibimos en vez de lo que esperamos,...

Una oración sin palabras y mucho contenido.
 

jueves, 7 de agosto de 2014

Para antes de estudiar


Oración de Sto. Tomás de Aquino para antes de estudiar (*)


¡Oh inefable Creador nuestro, que con los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y las colocaste con orden admirable en el empíreo cielo, y distribuiste las partes de todo el Universo con suma elegancia!

Tú, Señor, que eres la verdadera fuente de luz y de sabiduría, y el soberano principio de todo; dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento, el rayo de tu claridad, removiendo de mí las dos clases de tinieblas en que he nacido: el pecado y la ignorancia.

Tú, que haces elocuentes las lenguas de los infantes, instruye mi lengua y difunde en mis labios la gracia de tu bendición.

Dame agudeza para entender, capacidad para interpretar, y gracia y abundancia para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar.

¡Oh, Señor! que vives y reinas, verdadero Dios y hombre, por los siglos de los siglos. Amén.


(*) El lenguaje de esta oración es típico de comienzos del siglo pasado. Está sacada de un antiguo misal del año de la pera. A mí me funcionaba. :)

domingo, 3 de agosto de 2014

El destino de Israel


Mi tía dice que los niños fallecidos son angelitos que ayudan a sus padres en la escalera al Cielo. Lo dice quien tiene tres angelitos de esos.


Los niños palestinos fallecidos son también nuestros ángeles. Tengámoslos presentes en nuestras vidas.

Dijo Simeón: "Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel".

Si rezamos por la conversión de Rusia, recemos también por la conversión de Israel. No solo para que deje de joder, que también, sino para que se convierta a su Salvador que es su gloria.

La sangre inocente derramada, el dolor y el sufrimiento causado, serán motivo para la conversión de Israel.
A poco que tomen conciencia de lo que han hecho...

Contemplemos sus almas, la de los israelíes y sus mandamases.
Al contemplar les estaremos mandando un mensaje por la vía espiritual, por la Comunión de los Santos, por el inconsciente colectivo o como quieras llamarlo. Les diremos lo tristes y defraudados que estamos con ellos; sentirán la amargura de su victoria; verán sus manos manchadas de sangre hermana y se dirán al derrumbarse "qué hemos hecho!?".

La Luz entrará en sus almas y en sus corazones. Se arrepentirán y llorarán sus tropelías.
Vivirán para reparar el daño y fomentar la paz, la paz interior, la paz entre los pueblos.

Cristo los abrazará.

Oración al Espíritu Santo

Inspirada por el himno en Latín “Veni Sancte Spiritus”, por Thomas Keating, monje cisterciense.


Ven, Espíritu Santo, derrama desde las profundidades de la Trinidad un rayo de tu Luz, esa Luz que ilumina nuestras mentes y, al mismo tiempo, fortalece nuestra voluntad para que sigamos esa Luz.

Ven, Padre de los pobres, de los pobres de espíritu, a quienes te deleitas en llenar con la plenitud de Dios.

Eres más que un dispensador de dones, has donado tu propio ser, el Don Supremo – el Don del Padre y del Hijo.

¡Eres el mejor consolador! ¡Qué huésped más encantador eres! Tu conversación, aunque en completo silencio, es en si misma toda dulzura. ¡Qué refrescantes son tus consuelos! Como una caricia, calman en un instante, disipan toda duda y tristeza.

En la ardua labor de combatir las tentaciones, allí estás Tú prometiéndonos la victoria. Tu presencia es nuestra victoria. Nuestros tímidos corazones son inducidos por tu inmensa suavidad a confiar en Ti.

En la más grande de todas nuestras labores, la lucha por la entrega total de nuestro ser, Tú eres nuestro reposo, nuestra paz, en la profundidad de nuestras almas.

En lo más caldeado de la batalla. Tu aliento nos refresca y calma nuestras pasiones rebeldes, aquietando nuestros temores cuando nos sentimos derrotados. Tú enjugas lágrimas cuando caemos. Eres Tú el que concede la gracia de la compunción y la esperanza sin reservas en el perdón.

¡Oh delirio de Luz bienaventurada! Llena lo más recóndito de los corazones de Tus hijos que Te son fieles.

Sin Ti, no existe en nosotros vida divina, o virtud alguna. Si nos privas de tu aliento, nuestro espíritu perecerá; no podrá volver a tener vida hasta que tus labios se posen sobre nues- tras bocas y soplen en ellas el soplo de vida.

Tu mano se posa sobre nosotros como rocío, sin embargo actúas con mano fuerte. Tan sua- ve como la más suave de las brisas, también Te encuentras en el remolino.
Como llamarada de una inmensa hoguera, consumes todas nuestras facultades –pero sólo para derretir la dureza de nuestros corazones.

Nos arrojas delante de Ti como hojas secas bajo el fuerte viento del invierno, pero sólo para que nuestros pies encuentren el sendero angosto.

Ahora derrama sobre nosotros torrentes de agua, como si fuese un viento de mucha fuerza, para que sean lavados nuestros pecados. Empapa con tu gracia nuestros corazones diseca- dos. Alivia las heridas que has cauterizado.

Otorga Tus siete sagrados dones a todos los que confían en Ti con esa confianza que sólo Tú puedes dar.

¡Concédenos la recompensa de la virtud, es decir, Tu propio Ser! ¡Concédenos perseverar hasta el fin! ¡Y luego, gozo eterno!
Amén.

domingo, 1 de febrero de 2009

Oración: Instrumento de tu Paz.

Esta oración, al parecer de inspiración franciscana, apareció por primera vez en un semanario católico francés en 1912 y en L'Osservatore romano en 1916 por petición del papa Benedicto XV, quien apreció su mensaje de paz durante la guerra.
La Madre Teresa de Calcuta la recitó al recibir el premio Nobel de la paz en 1979 y reza así:


Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga unión.
Que allá donde hay error, yo ponga verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, sino amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

martes, 27 de enero de 2009

2009, año de oración por la vida (en España)


Comunica hoy la Conferencia Episcopal Española que a partir del 2 de febrero se pone en marcha un año de oración por la vida con el lema "Bendito sea el fruto de tu vientre".
El comunicado es el siguiente:
A propuesta de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, y con el visto bueno del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (CEE), se ha puesto en marcha un año de oración por la vida que, desde este mes de enero, pretende, según palabras de Juan Pablo II en la Evangelium Vitae que "en cada comunidad cristiana, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida".

Para ello, y con el objetivo de facilitar la oración personal y comunitaria, la citada Subcomisión ha preparado unos materiales (cartel, rosario, oraciones por la vida, preces para la adoración ante el Santísimo y para la celebración de la Eucaristía y la liturgia de las horas) que se han enviado a las delegaciones de pastoral familiar de todas las diócesis españolas.

miércoles, 14 de enero de 2009

domingo, 30 de noviembre de 2008

La oración by Juan Pablo II


En la alocución del 14 de marzo de 1979.

"La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por lo tanto, no podemos menos de abandonarnos a Él, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza".

"La oración es, ante todo, un acto de la inteligencia y de la voluntad, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor".

"La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor".