a expolitoxicómanos convictos
La Misión BS, E. Morricone       
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jueves, 22 de enero de 2009

La nube del no saber │ cap. 08 (1 de 3)

Preguntas que pueden presentarse: la supresión de la curiosidad intelectual y la inteligencia natural, y la distinción de la vida activa y la contemplativa.


Naturalmente, me preguntarás si lo que sigue inmiscuyéndose en tus pensamientos es bueno o malo. "Si fuera malo -dirás-, me sorprendería que aumentara tanto la devoción de los hombres. A veces, como muy bien sé, cuando le prestamos atención nos proporciona un gran estímulo. En algunas ocasiones, me ha hecho derramar lágrimas y sentir piedad por la pasión de Cristo o mi propia desdicha; en otras, me las ha hecho derramar por otros motivos que me parecen también santos y provechosos. Por tanto, no creo que tales ideas sean realmente malas. Y, si son tan buenas y provechosas, resulta de verdad muy extraño que me pidas que las aparte de mí y las confíe bajo esa nube del olvido."

Estoy de acuerdo contigo en que es un asunto de gran importancia, por lo que intentaré responderte lo mejor que pueda, a sabiendas de que te resultará insuficiente. En primer lugar, si me preguntas qué es aquello que se impone en ti al tiempo que te ofrece su ayuda, te responderé que se trata con toda seguridad de la expresión de tu mente normal, la capacidad racional del alma. Y si de nuevo me preguntas si es bueno o malo, te diré que debería ser bueno en lo fundamental, pues la razón es de naturaleza divina. Sin embargo, el uso que hagamos de ella puede ser bueno o malo. Es bueno cuando nos hace contemplar por medio de la gracia la propia desdicha, la pasión de Nuestro Señor, o la belleza y bondad de la obra de Dios en la creación. Entonces, tal como tú sostienes, no es extraño que fomente una gran devoción. Mas la razón se vuelve malvada cuando la inflama el orgullo, el exceso de conocimientos y el saber de los libros, ¡como sucede en caso de tantos clérigos, por ejemplo! Despierta en ellos el ansia de ser famosos, pero no por su ciencia en las cosas divinas y su devoción, sino en su calidad de eruditos arrogantes -¡del diablo!- y maestros -¡de vanidades y mentiras!-. En todos los hombres y mujeres, ya sean religiosos o seglares, la razón normal se torna malvada cuando los convierte en orgullosos de sus logros mundanos; cuando provoca que codicien posesiones, posición, pompa o fama en este mundo.

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