
La plegaria no es en sí misma otra cosa que el acto de situar nuestra voluntad en una posición devota hacia Dios con el fin de obtener el bien y eliminar el mal. Puesto que todo mal se resume en un pecado, ya sea accidental o esencial, cuando rezamos con la intención de eliminar el mal no debemos pronunciar, pensar ni querer decir otra palabra breve que no sea "pecado". Y si rezamos con la intención de obtener el bien, no lo hagamos con ninguna otra palabra, pensamiento o deseo que no sea "Dios", ya que en Dios está todo el bien, su causa y su principio.
Por tanto, no te sorprendas si antepongo estas palabras a todas las demás. Si pupdiera encontrar otras palabras más cortas que pudieran abarcar por entero la idea del bien y el mal, como sucede con éstas, o si Dios me guiara para que empleara otras, entopnces usaría estas últimas y abandonaría las anteriores. Y esto es lo que te aconsejo que hagas.
Sin embargo, no estudies estas palabras, pues no es de este modo que alcanzarás tu objetivo ni llegarás a la contemplación; Ésta jamás se consigue mediante el estudio, sino sólo por medio de la gracia. No elijas para tu plegaria otras palabras que las que Dios te incite a usar, pese a todo lo que yo pueda decirte. Y si Dios te lleva hacia éstas, mi consejo es que no las dejes escapar, siempre que utilices palabras en tu plegaria, claro está, no en caso contrario. Son palabras muy breves. Sin embargo, si bien he recomendado con viveza en el presente libro la brevedad de la plegaria, ello no significa que la frecuencia de la plegaria deba ser pequeña, pues, como ya he dicho, se reza con la duración de nuestro espíritu, de manera que éste nunca se detiene hasta que ha obtenido plenamente lo que buscaba. Podemos volver al ejemplo de la mujer o el hombre aterrorizados: no cesarán de gritar las palabras "socorro" o "fuego" hasta que hayan obtenido la ayuda necesariaque los saque del aprieto.