
Así como Marta se quejó entonces de su hermana María, los activos se han quejado hasta el día de hoy de los contemplati-vos. Donde-quiera que encuentres a una persona, ya sea hombre o mujer, pertenezca a la comunidad que pertenezca, religiosa o seglar -no hay excepciones-, que se sienta movida por la gracia y la guía de Dios a abandonar toda actividad externa y dedicarse a la vida contemplativa, y sepa de lo que esta vida trata de acuerdo con su conciencia y lo que corroboran sus preceptores, dondequiera que encuentres una persona así, digo, verás como muy pronto sus hermanos y hermanas, sus mejores amigos y otros muchos conocidos, que no saben nada de su ansia interior o de la propia vida contemplativa, comienzan sin excepción a formularle grandes reproches, censurarle con dureza, decirle que malgasta el tiempo y contarle todo tipo de historias, unas falsas y otras verdaderas, que describen cómo los hombres y mujeres que en el pasado se entregaron a esta clase de vida fracasaron. Nunca hablan de quienes lo han conseguido.
Admito que, entre quienes en apariencia han abandonado el mundo, hay muchos que fracasaron o han fracasado. Y que, al no haberse regido por una verdadera enseñanza espiritual, se han convertido en siervos y contemplativos del diablo, en lugar de convertirse en siervos y contemplativos de Dios, y que ahora son hipócritas, herejes, fanáticos y así sucesivamente para perjuicio de la Santa Iglesia. No voy a hablar de esto ahora, porque me extrendería demasiado. Quizás más adelante, si Dios quiere y es necesario, podemos fijarnos en algunos casos referentes a su estado y las razones por las que fracasaron; mas baste por el momento, ya que debemos seguir adelante.